Antonio Aradillas

El periódico vaticano y otras cosas

"El escudo presenta una carencia total de ejemplaridad, de imaginación y de evangelio"

El periódico vaticano y otras cosas
Antonio Aradillas, columnista

Es posible que algunos juzguen de pretenciosos, y otros, de heréticos, estos interrogantes

(Antonio Aradillas).- El guión para estas candorosas reflexiones curiales me lo sirve un ejemplar de «L’Osservatore Romano», edición semanal en lengua española, que en este caso es distribuido conjuntamente por el periódico «La Razón». Consta de 8 páginas, fechado en la Ciudad del Vaticano el día 15 de julio de 2,016, con la identificación del «año XLVIII, número 28 (2,474).

Los principales titulares de sus páginas son «Ataque terrorista en Niza», » Viajes Internacionales del Papa Francisco», Palabras el Papa en el «Ángelus» sobre el Buen Samaritano», «Carta para el bicentenario de la independencia de la República Argentina», «Motu Propio pontificio en materia económico- financiera», colaboración de Silvie Barnay titulada «La madre, icono de piedad», y de Kurt Koch con «Cinco indicaciones para el Concilio Ecuménico «, «Consideraciones sobra la crisis venezolana» y «El sacerdocio sanitario vaticano en acción».

«La visita sorpresa del Papa a la sede de la Pontificia Comisión para América Latina» y la «Nueva dirección de la Oficina de Prensa de la Santa Sede», ocupan espacios de privilegio en la última página, con mención específica para el «nuevo director estadounidense Greg Burke y para la nueva vice directora, la española Paloma García Ovejero», acentuándose que «ambos cargos los llevan adelante dos laicos y la enésima novedad, del equipo forma parte una mujer».

Es manifiestamente obvio, y profesionalmente inobjetable, que «L. Osservatore Romano», publicación oficial de la Iglesia, y «palabra de Dios» por antonomasia para multitud de lectores, precisa honda reforma en cuanto a sus contenidos y presentación, de la que serán sus responsables los nuevos profesionales de la Oficina de Prensa. Con el planteamiento que rigurosamente conserva, sin que en el mismo se note para bien el paso del tiempo, anquilosado en recursos poco diferentes a los que se usaran en épocas incunables, jamás podrán sus páginas reflejar y ser portadoras de la renovación y reforma que a voz en grito demanda el Papa Francisco, eco fiel de cuanto necesita la Iglesia. Hoy por hoy, y pese a tímidos cambios , el periódico resulta, de entrada, ilegible.

Aunque no sea del agrado de los expertos en heráldica, al pueblo de Dios -Iglesia con su propia jerarquía-, no podrán serles de provecho, sino todo contrario, la presentación y lectura de unas noticias y temas presididos por el «escudo de armas» en cuya cúspide se vislumbra la sombra de una crucecita que motea el colosal conjunto de tres coronas ducales, cuya simbología es coincidente con la propia y específica de la tiara , «santo y seña» de autoridad y de dignidad pontificias, magnificando hasta no poder más la condición de «Papa, de obispo y de dueño y señor del universo», de quien es su poseedor y usuario.

La historia es testigo de que en el antiguo Oriente, sobre todo en Bizancio y en Etiopía, el tocado de la tiara distinguía y divinizaba a sus reyes y emperadores, con el añadido de los «cuernos mágicos» correspondientes, en sotuer, cintas y dos llaves, siendo la diestra de oro, y la sinistra de argén. «Cristianizada» la corona primera, el Papa Bonifacio VIII le añadió la segunda, y fue Benedicto XII quien superpuso sobre ellas una tercera, hasta que, por fin, Pablo VI mandó retirar de la circulación religiosa y litúrgica tal artilugio, del que, siendo compasivos, lo menos que del mismo puede destacarse es su carencia total de ejemplaridad, de imaginación y de evangelio.

«Unicuique suum» («a cada uno lo suyo»), parte del lema literario del referido escudo pontificio de armas, no aclara ni su historia, ni su pastoral, ni su teología, ¿Qué es eso de que «lo suyo» es -tiene que ser- ,»lo de cada uno»? ¿Es -será- este principio defendido, también y sobre todo, en la Iglesia? ¿ Por qué, con qué recursos y medios, «lo suyo» es «suyo» ¿No será «suyo» en tanto en cuanto que sea «de los otros», con excepción de las debilidades y pecados, que es lo auténticamente «nuestro», es decir, propio e intransferible, también en el caso de la Iglesia?

«Non praevalebunt…» Es la otra parte del lema que acompaña, define y substantiva el escudo pontificio oficial, y que preside la primera página de «L,Osservatore Romano» y tantos documentos oficiales, autenticándolos y confiriéndoles legitimidad y reconocimiento . «Non praevalebunt» , es decir, no conseguirán desplazar, conquistar, tomar, vencer, acabar con… la Iglesia y sus representantes ¿Con qué Iglesia? ¿Con la de Cristo? ¿Con la que no lo es de verdad, lo es solo a medias, o de la que podrá y deberá afirmarse de no pocas de sus estructuras ni Jesús ni el evangelio siguen siendo sus inspiradores, por lo que, o se reforma cuanto antes, o se deteriorará hasta su evanescencia o evaporación? ¿Contra qué Iglesia «las puertas del infierno no prevalecerán? ¿Contra la católica, apostólica y romana? ¿Contra las demás? ¿Contra quienes, sin saberlo siquiera, forman parte del corazón de la misma?

Es posible que algunos juzguen de pretenciosos, y otros, de heréticos, estos interrogantes, con las respuestas que la historia, la ética y la realidad de la vida «cristiana» dan por implícita y supuestas. Pero la esperanza es lo último -lo penúltimo- que se pierde, y en este caso, y afirmativamente, la esperanza se encarna en el Papa Francisco… Interpretados «ad pedem literae», y al modo tradicional, la infalibilidad pontificia como dogma, fortificado con el «non praevalebunt» heráldico, el diálogo tendrá que exiliarse – ser excomulgado- «in aeternum», de la Iglesia, siendo comprensible que algunos de sus miembros se esfuercen en la búsqueda de otras respuestas que sean soberanamente evangélicas.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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