Benjamín Forcano

Carta abierta a Dilma Rousseff

"Les has dado miedo, como bala explosiva de sus indignidades"

Carta abierta a Dilma Rousseff
Benjamín Forcano

Un Estado de Derecho no puede existir mientras no haya democracia económica

(Benjamín Forcano).-Amiga y querida Dilma: Permíteme que te tutee, aun cuando no te conozca personalmente, en señal del profundo respeto, admiración y estima que siento por ti. Hay amistades que se forjan de lejos, en las entrañas de quienes de verdad nos sentimos humanos. De lejos vengo alimentando esa savia secreta que se hace mezcla con cuantos en uno u otro lugar de la Tierra, nacen para ser libres y hacer valer la dignidad y derechos de todo ser humano. Hace años que entendí la lógica de los poderosos y de los imperios forjados por ellos.

Comprobé en Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Panamá, Bolivia, Venezuela … la verdad suscrita por el estadounidense Noam Chomsky : «Cuando en nuestras posesiones se cuestiona la quinta libertad (la libertad de saquear y explotar) los Estados Unidos suelen recurrir a la subversión, al terror o a la agresión directa para restaurarla».

O la verdad de estas otras palabras del asesinado teólogo Ignacio Ellacuría: «El capital, sobre todo en su dimensión internacional, pero también nacional, pone a su servicio a los hombres, las clases sociales, las naciones y no digamos a todo el aparato económico».

Lo que aplicado al caso de Brasil, da como resultado lo escrito por Lula: «Ellos (las clases dirigentes conservadoras) no consiguen soportar que, en 12 años, un presidente que solamente tiene diploma de primaria haya puesto más estudiantes en la universidad que ellos en un siglo. Que ese presidente haya puesto tres veces y media más estudiantes en escuelas técnicas que ellos en cien años. Que haya llevado energía eléctrica a 15 millones de personas. Que no les haya dejado privatizar el Banco de Brasil, la Caja Económica Federal y los bancos de los estados Espírito Santo, Santa Catarina y Piauí. Que en los últimos 12 años han abierto una cuenta corriente en un banco 70 millones de personas, gente que entró en una agencia bancaria por primera vez sin que fuera para pagar una factura. Creo que eso explica el odio y la mentira de esas personas. El pobre viajando en avión comienza a incomodar; que vaya a la facultad comienza a incomodar; todo lo que es conquista social incomoda a una élite perversa» (Discurso en el sindicato de los empleados de banca de ABC el 24 de julio de 2015: Jornal do Brasil online del 25/07/2015).

Pero, no es amiga Dilma, que te escriba para explicarte cosas que tú sabes mejor que yo, y que nuestras gentes -las de abajo, que son mayoría- pongan en duda a veces o no acierten a entender por el engaño y sumisión manipuladora a que las somete el poder mediático de esa élite económica y política. No.

Te escribo porque, después de leer tu discurso ante los 81 senadores del Congreso Nacional, me he sentido en la necesidad de comunicarte, y comunicar a los demás, algo de excepcional importancia, que me temo pueda pasar desapercibido, por las mil preocupaciones cotidianas, irrelevantes al lado de la magnitud de lo que en ti se ha concentrado. Son éstas las cosas que me empujan a escribirte: La talla de tu comportamiento. Las fingidas y disparatadas historias del Senado. El golpe de Estado con muerte política de la democracia. La callada y escandalosa complicidad de muchos Estados ante semejante crimen. Los idólatras del antidios dinero.

Para mi objetivo, y no hacerme largo, voy a comentar tan solo un par de puntos.

1.La talla de tu comportamiento.

Es lo que más me ha conmovido, sentirte digna y entera ante el fragor de profundos y encontrados sentimientos: la evidente honradez y coherencia de tu conducta; la solapada y cruel hipocresía de quienes, sin poder tapar las vergüenzas de su enorme corrupción, se han atrevido a juzgarte inventando mentiras y pretextos; la desfachatez de pretender airear y convertir en legal, cuando no en ética, la farsa de su sentencia. Y, el pasmo de que, semejante atropello, haya sido aplaudido por la bancada de 61 senadores.

Tu ruta biográfica la conocen todos, como guerrillera otrora; como mujer violentada y marcada por la tortura; como luchadora que hizo causa suya la dignidad y liberación de los más pobres, mayoría en Brasil; como política y militante del PT, elegida por 54 millones y medio de brasileños, siendo la primera mujer alzada a la Presidencia.
Lo has repetido, sin apuros y sin tener que rebuscar torcidos argumentos. Pudiste mirarles a la cara, con la cabeza erguida, flagelando sin piedad su astucia, cobardía y codicia miserables. Ni uno de ellos es capaz de resistir sólo ante ti, pero les une a todos la misma condición, que les lleva a protegerse corporativamente, con el uso arbitrario y despótico del poder. Tus palabras son, en sí mismas, retrato vivo de tu estilo de vida y el más claro alegato de tu defensa.

Les dijiste:

«Al ejercer la Presidencia, de la República, respeté fielmente el compromiso que asumí ante la nación y ante aquellos que me eligieron. Y eso me enorgullece. Entre mis defectos no están la deslealtad y la cobardía. No traiciono los compromisos que asumo, los principios que defiendo o a los que luchan a mi lado. En la dictadura resistí. Pese a recibir el peso de la injusticia sobre mis hombros, seguí luchando por la democracia. Luché por una sociedad en la que no hubiera miseria ni excluidos. Luché por Brasil soberano, más igual y en el que hubiera justicia.

No sería ahora, a los casi setenta años de edad, después de ser madre y abuela, que abdicaría de los principios que siempre me han guiado.

He sido intransigente en la defensa de la honestidad en la gestión pública. No esperen de mí el obsequio de los cobardes. Hinquemos el pie en el terreno que está del lado correcto de la historia, aunque el suelo tiemble y amenace de nuevo con tragarnos. Lo más importante es que puedo mirarme a mí misma y ver el rostro de alguien que, pese a las huellas del tiempo, tiene fuerzas para defender sus ideas y sus derechos. Vengo para mirar directamente a los ojos a vuestras excelencias y decir, con la serenidad de los que no tienen nada que esconder, que no he cometido ningún crimen de responsabilidad. No he cometido los crímenes de los cuales se me acusa injusta y arbitrariamente.

En el pasado de América Latina y de Brasil, siempre que intereses de sectores de la élite económica y política fueron heridos por las urnas, y no existían razones jurídicas para una destitución legítima, se tramaron conspiraciones que derivaron en golpes de Estado. Lo que pretende el gobierno interino, de transmutarse en efectivo, es un verdadero ataque a las conquistas de los últimos años. Nunca acepté en mi vida amenazas o chantajes. Si yo hubiera sido cómplice de la improbidad y de lo peor de la política brasileña, como muchos hasta hoy no tienen el menor pudor de hacerlo, yo no correría el riesgo de ser condenada injustamente.

Todos saben que no me enriquecí en el ejercicio de cargos públicos, que no desvié dinero público en provecho propio ni de mis familiares, y que no tengo cuentas o inmuebles en el exterior. Siempre actué con absoluta probidad en los cargos públicos que ocupe a los largo de mi vida.

Este es el segundo juicio al que soy sometida y en el que la democracia se sienta conmigo en el banquillo de los acusados. La primera vez, fui condenada por un tribunal de excepción. Hoy, a pesar de las diferencias, vuelvo a sufrir el sufrimiento de injusticia y el miedo a que, una vez más, la democracia esté siendo condenada conmigo. Hoy sólo temo por la muerte de la democracia. Les pido que le hagan justicia a una presidenta honesta, que jamás cometió acto ilegal alguno, en la vida personal o en las funciones públicas que ejerció. Voten por la democracia.»


2. Idólatras del anti-dios dinero.

En Brasil, como en otros Estados, las crisis de desigualdad e injusticia vienen provocadas por el saqueo de las finanzas públicas y de los bolsillos de los ciudadanos por parte de un sector minoritario de la sociedad. En realidad, un Estado de Derecho no puede existir mientras no haya democracia económica. 

El Papa Francisco lo ha pregonado bien alto: «No queremos este sistema económico globalizado que nos hace tanto daño. Hombres y mujeres tienen que estar en el centro (de un sistema económico) como Dios quiere, no el dinero. El mundo se ha convertido en un idólatra de este dios llamado dinero. Y esto no es un problema de Italia y Europa (….) es la consecuencia de la elección del mundo de un sistema económico que ocasiona esta tragedia, que tiene en el centro a un ídolo que se llama dinero» ( En la ciudad de Cagliari, Italia).

Traigo estas palabras porque no pocos de los senadores, ciudadanos de un Brasil mayoritariamente católico y que te han dictado sentencia condenatoria, se llaman o profesan cristianos, cayendo en un dilema absolutamente contradictorio: «Si un cristiano es capitalista; y si el capital es el anti-dios; dicho cristiano se encuentra en contradicción práctica» ( E. Dussel).

No voy ahora a exponer lo que de religión teista se le ha pegado al cristianismo, con olvido o ignorancia del concepto auténtico del Dios de Jesús de Nazaret. Son muchas las imágenes idolátricas de las que hemos de liberar al cristianismo. Y una de ellas es ésta, que pretende compatibilizar el dios-fetiche del dinero, encarnado hoy en el capitalismo neoliberal, con el Dios de Jesús.

Ayer como hoy, está comprobado que la imagen de Dios que se tenga, influye en la vida individual y colectiva, positiva o negativamente. Hay muchas y determinadas imágenes que, en lugar de sanar y liberar, enferman y oprimen.

Y la novedad de Jesús en este punto es absoluta: la riqueza en sí misma no es mala o maldita, sino que se convierte en tal cuando deviene abundancia insultante de unos frente a la inhumana pobreza de otros. Jesús fustiga la riqueza (No se puede servir a Dios y al dinero) porque riqueza y pobreza son siempre relacionales, no existe la una sin la otra, ricos y pobres existen dialécticamente interrelacionados: existen masas empobrecidas, porque existen minorías empobrecedoras. El nexo es causal entre ambas. La malicia última de la riqueza es que es relacional, opresora de los pobres.
Jesús afirma lapidariamente que los que hacen del dinero el centro de su vida, son los verdaderos idólatras de hoy, y no son cosas del pasado, relegadas a un museo. El Dios de Jesús es un Dios de vida para todos, no un Dios de muerte como es el dios capitalista liberal, que fabrica cada vez más desigualdad e injusticia, más hambre, enfermedad y desempleo, más abismo entre ricos y pobres.

Los ricos viven de un sistema que les permite a acaparar cada vez más, un sistema que despoja, roba, somete, discrimina, manipula; un sistema portador de muerte. Sus seguidores no conocen a Dios por más que lo nombren o invoquen, porque «quien aborrece al hermano no ama a Dios, es asesino» (1 Jn 3, 15).

Si, pues, una minoría económica y política de Brasil resulta detentadora de la riqueza, a la cual constituye en el centro de su vida, como becerro de oro, el antidios dinero a quien adora, no puede en modo alguno reconocer ni creer en el Dios verdadero, cuyo reino es y se construye sobre la igualdad, la justicia, la fraternidad, la libertad y la paz.
Querida y admirada Dilma: han intentado crucificarte con los garfios de la maldad, enroscados en políticos deshumanizados. Por lo que sea, han abdicado de su especie, no entiendo qué extrañas circunstancias les han desposeído de su natural dignidad y bondad para unirse como perros rabiosos y destrozarte hasta hacerte desaparecer. Les has dado miedo, como bala explosiva de sus indignidades, y han optado por encerrarse en una esquiva superioridad; dioses pequeños, sin norte, desvanecidos los principios de su humanidad, no quedará rastro de su vida, aun cuando se crean se crean con derecho a aniquilar la de los demás: «Os matarán, y creerán que hacen un obsequio a Dios», decía el Nazareno. Nada menos.

Nos colma y fortalece cuanto has demostrado y encontramos en ti nítida y bella la identidad humana que no nos es dado achicar o deslucir apostatando de ella.
En tu comparecencia ante los senadores has dado un ejemplo llano, natural, irrebatible, de que por encima de la cobardía, la soberbia, la avaricia y el pecado de lesa humanidad cometido contra ti, está la marca, que ellos habrán de recuperar, de tu dignidad humana, imagen de Otra Dignidad de infinita justicia y amor, que a todos nos envuelve y sustenta. Has sido llama ardiente de utopía y esperanza, para un caminar con futuro.¡Bendita seas!

Con fraterno y entrañable afecto

Benjamín Forcano

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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