Antonio Aradillas

La «COPE», «13 TV» y la Iglesia

La autocrítica permanece vedada en los medios oficiales

La "COPE", "13 TV" y la Iglesia
Antonio Aradillas, columnista

Ni el fútbol, ni la política serían merecedores de contar a su favor con los beneficios que reporte "X" alguna, y menos la del impreso de la Declaración de la Renta

(Antonio Aradillas).- Se trata de los medios de comunicación social más abanderados de los que popularmente hace uso la Iglesia en su tarea- ministerio de la proclamación del evangelio. A estos hay que añadirles otros de tanta o mayor relevancia para la Conferencia Episcopal, como los Boletines Oficiales diocesanos, hojas parroquiales, Cartas Pastorales, catequesis, exhortaciones piadosas, sermones en su diversidad de formularios como quinarios, triduos, septenarios, novenas y homilías en las fiestas patronales., con preferente inclusión de la asignatura de Religión en centros docentes…

Es posible que la siguiente reflexión acerca de los principales medios citados, como la radio y la televisión, sean de provecho para el pueblo de Dios, con urgente y decidido empeño por salvar cuanto sea posible la profesionalidad de quienes se dedican a estos medios, en fiel consonancia con el sentir del común de sus destinatarios.

Ah, ¿pero son, y están patrocinados por la Iglesia Oficial, -Conferencia Episcopal- , la COPE y la 13 TV, con todas sus consecuencias ideológicas, económicas, político- sociales y sobre todo, y de modo primordial, las religiosas?

¿Son tan extensos y radiales los brazos de la benéfica «X» del apartado de la asignación a favor de la Iglesia en el impreso de la Declaración de la Renta, así como de tantas colectas «pro culto y clero», y ayudas del Estado, además de la sacrosanta dedicación de buena parte de colaboraciones, activas, y en dinero, en beneficio de «Cáritas» y más en situaciones y momentos concretos?

Crece el número de cristianos quienes, por comprensivo y dialogante que sea el caudal de su fe, están en desacuerdo con la idea de Iglesia, que en términos generales les ofrecen los medios de comunicación aludidos. Son muchos los que aseguran que no son transmisores de evangelio y sí de una Iglesia- institución anclada en el concilio de Trento, que ignora y «pasa» del Vaticano II, o que tan solo aprovecha algunos de sus párrafos, por lo que con dificultad es homologable con la que intenta encarnar y hacer vivir el Papa Francisco.

Muchos son los cristianos contribuyentes que precisan tener cumplido y veraz acceso a las cuentas reales que enmarcan y mantienen la actividad pastoral de los mismos, y si esta es ciertamente evangelizadora, sin tener que recorrer en los caminos de su descubrimiento misteriosos vericuetos para beneficiar ideas, personas, organismos e instituciones a las que están, de por vida, agradecida.

A los medios de comunicación eclesiásticos de referencia no les justificarán motivaciones distintas de las dimanantes de los santos evangelios. A sus idearios y programas no habrán de acercarse para saciar su necesidad de información, por ejemplo, en los temas deportivos de cuyo equipo radiofónico se refiere que está compuesto por los más expertos y mejor pagados profesionales del ramo.

Tampoco serán los temas políticos, y el tratamiento más o menos partidista que a ellos se les presta, la razón primordial por la que su índice de audiencias -«share» o cuota de pantalla-, decida el hundimiento de algunos en abismos de miseria, o enaltezca a otros a encumbrados triunfos de profesionalidad. Ni el fútbol, ni la política serían merecedores de contar a su favor con los beneficios que reporte «X» alguna, y menos la del impreso de la Declaración de la Renta.

A la «13 TV» no la justifican fundamentalmente los programas -espectáculos de las misas solemnes y pontificales, con el consabido rimero de mitras, desfiles procesionales, incensarios y proclamas en un tono de voz y con unas ideas y gestos clericales que dan la impresión de no haber traspasado el umbral de los ritualismos y lo ceremonioso. Tampoco la justifican las películas, «santas», «limpias», aseadas y románticas, por apreciadas que sean todavía por algunos, así como los chismes «piadosos» de sociedad, condenaciones de los «enemigos de la fe» y otras claves, para su valoración integral.

En unos tiempos en los que lo religioso interesa de forma y manera tan apasionada, constructiva y plural, una cadena de televisión, o de radio. como las de referencia, deberían ser y comportarse con mayor objetividad y audacia, contando además con la gracia de Dios y con profesionales similares a los responsables de otras cadenas.

Expertos en temas teológicos, moralistas y pensadores en general en los medios «oficiales» de la Iglesia, y en otros, siguen prohibidos, como lo habían sido antes del advenimiento del Papa Francisco., con lo que una vez más se da la ocasión dea pensar que la Iglesia en España sigue con el pié cambiado. La autocrítica permanece vedada en los medios oficiales, pese a que los resultados en audiencia y en aceptación de criterios y praxis religiosa sean tan lastimosamente parcos y desconsoladores.

Un autoexamen «penitencial» sobre la legitimidad y conveniencia «religiosa» de mantener, con todas sus consecuencias, la titularidad eclesiástica de la «Cope» y de la «13 TV», se hace imprescindible y urgente. Y además desde el firme convencimiento de que la Iglesia jamás podría prescindir de medios para la difusión del evangelio, «palabra de Dios». Son ya muchos los sacerdotes, los seglares y algunos obispos que así lo piensan, aunque no todos tengan arrestos para manifestarlo » a quienes corresponda».

Así las cosas dentro y fuera de la Iglesia, con admiración o con escándalo, acabamos de escuchar de modo oficial que «en la nueva temporada la Cope apostará por el entretenimiento».

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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