Eugenio Pizarro

Evangelio de hoy en Chile a 43 años del Golpe Cívico-Militar

"Se ha hecho un abismo grande en nuestra sociedad chilena entre ricos y pobres"

Evangelio de hoy en Chile a 43 años del Golpe Cívico-Militar
Eugenio Pizarro Poblete

En Chile existe un sistema económico impuesto a sangre y fuego, a causa del Golpe de Estado, de la dictadura militar coludida con los intereses de los ricos e idólatras del poder

(Padre Eugenio Pizarro).- La parábola del Evangelio presentado hoy por Jesús, nos catequiza acerca de las bienaventuranzas. Jesús nos reitera lo dicho sobre la relación que existe entre el uso de las riquezas y la salvación o condenación. También, nos hace, desde los pobres de Chile, encarnar a Jesús y su Evangelio, en el Chile de hoy, especialmente en la economía de nuestra sociedad empecatada.

Se ha hecho un abismo grande en nuestra sociedad chilena, como un muro grande, duro y divisorio entre ricos y pobres. Esto se acrecentó con Golpe y dictadura desde 1973 hasta hoy día, habiendo transcurrido ya 27 años de otros gobiernos, desde Aylwin hasta Bachelet.

Hay una ley fatal del dinero que lleva al rico a vivir aparte del pobre. El pobre es marginado «a la vera del camino» de nuestro Chile, y el rico se separa, hace división, viviendo en grandes mansiones en un barrio llamado «alto» porque los pobres son «bajos», viviendo en una bajeza marginal, indigna de una persona humana. El rico tiene movilización propia y el pobre tiene un servicio malo de locomoción llamado el Transantiago: gente hacinada y en situación peligrosa, movilizándose en un bus y pagando su pasaje, teniendo un gasto que, a veces, excede a sus ingresos; o simplemente hace largas y gastadoras caminatas que van debilitando su calidad de vida.

Conocí el caso de un obrero sin trabajo; sacaba el dinero necesario para pagar el Transantiago que lo llevaría a buscar trabajo. Al salir de su «mejora» (habitación indigna) se arrepentía y guardaba el dinero para otros gastos mínimos de su hogar. Se sacaba sus zapatos y emprendía su caminata desde el margen hacia el centro de la ciudad. ¡Había que ahorrar zapatos! Regresaba igual a su casa, cansado y sin haber encontrado su trabajo. El dinero ahorrado lo entregaba para que los suyos fueran a comprar un poco de pan. Él se iba al patio con un cuchillo, se acercaba a un árbol y cortaba de él un poco de corteza o cáscara, para echar en un tiesto, y con agua hervida prepararse un «té» con un pedazo de pan. Mientas tanto en barrio «alto» se preparaban suculentos desayunos.

Conocí otro caso en Campamento «El Peñoncito». Un día comienza a nevar en Santiago. Organicé una «Campaña de la frazada» para que pobladores pudieran abrigarse del fuerte frío. Pero, en mi interior, había también otro objetivo: evitar el hacinamiento que se producía en una habitación paupérrima. En días de frío, al atardecer, muchos se hacinaban al centro de la habitación, amontonándose todos juntos, y echándose, sobre el grupo humano, lo poco de abrigo que tenían, y se ponían frente al televisor a ver las telenovelas, para después dormirse todos juntos y amontonados. A veces lo hacían drogados o alcoholizados. En esas circunstancias sucedía cualquier cosa.

Mis amigos misioneros, un día, en el Campamento ven a una señora de edad, para ellos; ésta llevaba en sus brazos un bebé. Un misionero, con admiración, le exclama a la señora: «Así que fue abuelita». «No», contestó ella, «es mi nuevo hijo». El misionero replicó: ¿y qué edad tiene la brillante mamá?. Le inquietaba saber la edad porque la encontraba de mucha edad para poder haber sido madre. La vida dura y de pobreza la hacía verse más anciana. Ella contesta: «40 años»; representaba mucho más. El misionero preguntó: ¿y el papá? La mujer inclinó su cabeza y bajó la vista: «es mi hijo de 18 años». La pobreza, el hacinamiento, el frío, la droga y el alcohol habían hecho un incesto.

Existe un abismo sideral en otros niveles de la vida de los chilenos, no sólo en alimentación, barrio, viviendas, sino también en vestimenta, en educación de los hijos, en gastos de atención de salud; cesantía y sueldos indignos para los obreros. Repito: existe una división grande entre chilenos. Hay chilenos de «primera» y «segunda» clase. Es un hecho innegable: existe, como dato sociológico, una lucha de clases de hecho y una sistemática y flagrante violación de los derechos humanos fundamentales, principalmente en contra de los más pobres.

En Chile existe un sistema económico impuesto a sangre y fuego, a causa del Golpe de Estado, de la dictadura militar coludida con los intereses de los ricos e idólatras del poder, y unidos a intereses foráneos imperialistas. Estos intereses se sintieron tocados y en peligro ante un Gobierno de raigambre popular. Ésta fue la razón principal del Golpe. Los políticos de oposición al Gobierno Popular, se vieron despojados del poder, y desde siempre buscaron recuperarlo, usando cualquier artimaña, creando un ambiente propicio a un Golpe. Yo creo, que pensaron, que el «trabajo sucio», lo podían hacer los militares, con un Golpe y una dictadura pasajera por un tiempo, y que después le devolverían el gobierno a los obsesionados de poder, de riquezas y privilegios. No fue así. La dictadura duró 17 años terribles para Chile y los chilenos, especialmente para los más pobres. Chile quedó enfermo. En estos días se ha escrito con motivo de cumplirse los 43 años del Golpe cumplidos este septiembre. Todo fue una triste, dolorosa y terrible dictadura vivida en Chile.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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