P. Iván: "Hemos podido ver el drama y el sinsentido detrás de cada plato servido, vidas rotas que por un momento han podido sonreír y sentirse especiales, porque todo era por y para ellos"
(Iván David Pérez Osa).- Pensionistas, personas sin recursos, mendigos, algunos sin hogar ni espacio donde reclinar la cabeza…todos ellos se dieron cita en la Nochebuena, para cenar en torno al cariño y ternura de una mesa preparada con amor.
Parece el típico cuento de Navidad, pero fue una realidad que se pudo ver, sentir y tocar en el comedor del Colegio Mayor San Agustín, gracias a la iniciativa solidaria de la Comunidad de Agustinos que viven en el mismo.
Julián, pensionista, 64 años, nunca había cenado en Nochebuena en una mesa tan bien preparada. Alejandro no había probado el entrecot en sus 35 años de vida. Para Eduardo, peruano y en silla de ruedas, es la primera Nochebuena celebrada en compañía y alegre. Como ellos, otras 80 personas sin recursos pudieron disfrutar del calor de una mesa compartida en una de las noches más especiales del año.
«Hemos podido ver el drama y el sinsentido detrás de cada plato servido, vidas rotas que por un momento han podido sonreír y sentirse especiales, porque todo era por y para ellos», afirma el P. Iván David principal impulsor de la iniciativa.
Toda la comunidad agustiniana se unió a la fiesta e hicieron posible que esta célebre noche fuera especial para la gente que sufre. Adela vive con una mínima pensión y muchas noches duerme a la intemperie. «Tengo tres hijos pero desde hace más de diez años he perdido la relación con ellos, estoy muy sola y para mi este día es inolvidable porque encima he conocido a gente impresionante». Enrique, de 52 años y arquitecto en paro, reconocía que lo que peor llevaba es «la soledad de días como este, ves que la gente está en familia, acompañada y tú te quedas solo, aquí me han acogido como si fuera uno más».
En el comedor del Colegio Mayor San Agustín se montó una mesa familiar, para que nadie se diera la espalda, con un menú de cinco estrellas: entremeses variados, sopa de marisco, entrecot, tarta helada y surtido de dulces navideños. Un poco de sidra al final de la cena para brindar y desear una muy feliz Navidad.
Se respiraba un aire de verdadera Navidad en la que todos estaban como en casa, sin dejar de lado los recuerdos de otros años, quizá mejores, como comentaba Daniel, empezó los estudios de medicina pero luego todo se truncó, «recuerdo las noches de Navidad en mi casa, sobre todo cuando éramos pequeños y todo iba bien, hoy he sentido algo parecido gracias a esta comunidad que nos ha abierto las puertas»
Si algo destaca el P. Iván David de esta Nochebuena es «el profundo agradecimiento con el que se despedían todos y cada uno de los que vinieron a la cena solidaria. Junto al apretón de manos y las palabras de Feliz Navidad, un gracias de corazón no faltó. Sus caras lo decían todo. Esta noche ha sido el reflejo de lo que estamos llamados a ser como religiosos agustinos, abrir nuestras puertas y tender la mano para quien quiera cogerla. Hoy Dios ha nacido en nuestra comunidad».
Antes de despedirnos y comprometiéndose a volver a realizar iniciativas de este tipo, el P. Iván nos enseña un «regalo» que uno de los asistentes le ha dejado. Es un calendario del Corazón de Jesús del año 2017, en la primera página y con buena letra se puede leer: «No busques que dar, date a ti mismo», San Agustín. Está todo dicho.



