Tomas Muro Ugalde

De la civilización del «tener» a la cultura del «ser»

"Ccuántas personas no tienen, pero son!, y viven con gran dignidad"

De la civilización del "tener" a la cultura del "ser"
Tomas Muro Ugalde

Hay que pararse en la vida, sentarse y hacer silencio. La vida en sus diversas formas se nos hace presente y nos habla. Quizás contemplar es dejarse empapar, impregnar por el fondo de nuestro ser, de la vida, que es Dios

(Tomas Muro Ugalde).- 01. Un excursus al evangelio de Juan: «Este es». El evangelio de Juan está construido con la mirada puesta en EL QUE ES, en Cristo Jesús: YO SOY. Es un evangelio «totalmente cristológico». (De ahí que tenga menos perspectivas eclesiales, morales, etc.). En este evangelio de Juan todo está centrado en Cristo.

Juan Bautista lo ha dicho por activa y pasiva que él no es, (Jn 1,19ss): YO NO SOY EL MESÍAS.

Sean como fueren los datos históricos del encuentro y relación entre Juan Bautista y Jesús, en algún momento, Juan Bautista dice de Jesús: ÉSTE ES. CRISTO ES EL SER, es el Hijo de Dios.

La existencia de aquellas comunidades cristianas de la tradición de Juan Evangelista (y nuestra propia existencia) se sostiene, se fundamenta en el que ES, en Cristo Jesús.

02. «El que es» y los que no son (no somos).

CUANDO NOS APOYAMOS EN EL VACÍO DEL NO SER

En la vida, en la historia solemos tener la tendencia a apoyarnos en el «tener» o a pensar e imponer que nosotros somos. Nos parece que el puesto, el caro que tenemos en la vida, el poder, el dinero que tenemos, fundamenta nuestra existencia y nos podemos imponer a los demás. Con frecuencia nos apoyamos en el poder personal, en el poder de los demás. Buscamos la seguridad en la potestad que tenemos, en los conocimientos científicos, en el prestigio, etc.

Pero todo eso NO ES y termina siendo pompa y circunstancia.

Con alguna ironía decía el papa Francisco que nunca se ha visto un coche de mudanzas detrás de un coche fúnebre.

Descansemos en el Señor

Por otra parte, si ahondamos en nuestros propios problemas, limitaciones, incluso en nuestro pecado fundamental, etc. llegaremos a darnos cuenta de que solamente podemos descansar en EL QUE ES, en el SER.

Sólo en Dios descansa mi alma, sólo Él es mi roca y mi salvación. (Salmo 61, 2.3)

03. Entre el Ser y el Tener

Son mundos distintos y generan actitudes muy diversas.

Podemos tener y no ser. Poder ser y no tener. En la vida hemos conocido muchas personas que han tenido o tienen mucho, pero no son nada.

No porque tengamos mucho poder o dinero, o prestigio y éxito en la sociedad, en la Iglesia, somos personas honestas, honradas, libres.

Por el contrario, ¡cuántas personas no tienen, pero son!, y viven con gran dignidad.
Del «tener» no viene el «ser».

Vivimos en la civilización del tener. Casi siempre se ha vivido así. «Tanto tienes, tanto vales».

Escribía Francisco Quevedo (1580-1645):

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
es don Dinero.

Tener dinero es una forma de tener poder, que es la pasión más fuerte del ser humano. Pero el tener y el poder no generan bondad, generan ansiedad (nunca el poder es bastante).

De los bancos no podemos esperar que salga bondad, ni de las estructuras de poder: de las ideologías, de los partidos, de los entresijos de poder eclesiástico no vamos a esperar que brote ser bondadosos, honrados, libres, justos, personas que amen la verdad.

04. La contemplación como actitud personal de posición en el Ser

Juan Bautista, todo creyente: CONTEMPLA AL ESPÍRITU QUE BAJABA DEL CIELO.

K. Rahner tiene una preciosa definición de lo que es la contemplación:
CONTEMPLACIÓN es el tranquilo demorarse del hombre en la presencia de Dios.

Qué bien expresado está lo que se puede entender por contemplación.
Contemplar requiere TRANQUILIDAD, calma.

No es posible contemplar de 9 a 10 y deprisa, eso se llama cumplimiento. Ni se contempla por real decreto, eso es Derecho Canónico o norma disciplinar. Ni se puede contemplar por pura dogmática de partido, eso es sometimiento ultraortodoxo.

Contemplar es DEMORARSE: contemplar es quedarse en el Ser, espaciarse en lo que hemos encontrado. Contemplar es «perder el tiempo» para ganar la eternidad en lo que creemos, en lo que celebramos, en la estética, en la verdad.

Contemplar es permanecer en la presencia de Dios. Santo Tomás decía permanecer quedamente en la verdad.

Permanecer tiene el sentido de quedarse disfrutando o viviendo en el interior de lo que hemos hallado en la realidad de la vida: la Verdad, el bien, la belleza.

Contemplar es un modo de ser y estar en la vida. La actitud para estar conscientemente en la vida es la contemplación.

Hay quien vive a mil por hora, deprisa, con nervios y todo lo que toca lo convierte en un manojo de nervios. Se nos han metido los calambres en el cuerpo -y en el alma- y no hay quien pare en casa, en el trabajo, en la iglesia. Todo el mundo de aquí para allá.

Estas cosas ni se dan, ni se solucionan en el garage de la esquina (aunque sea una iglesia) como quien arregla un pinchazo de la rueda, sino que hay que pararse en la vida, sentarse y hacer silencio. La vida en sus diversas formas se nos hace presente y nos habla. Quizás contemplar es dejarse empapar, impregnar por el fondo de nuestro ser, de la vida, que es Dios.

Cuando contemplamos (salmo 8) un amanecer o una puesta de sol: Dios se nos da. Cuando nos dejamos amar en un enamoramiento, aunque sea a destiempo, Dios se nos da. Cuando contemplamos el sufrimiento de un enfermo, de unos padres a los que se les ha muerto su hijo, Dios se nos da. Cuando contemplamos con indignación la explotación de los países y personas más pobres, Dios se nos da.

Contemplar -posiblemente- es dejarse embargar por la realidad, por la vida, por Dios. Contemplar es dejarse embargar por EL SER, POR EL QUE ES.

HE CONTEMPLADO AL ESPÍRITU QUE BAJABA DEL CIELO

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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