Andrés Ortíz-Osés

Europa como fratria

"Debe ser una Fratria abierta y no cerrada o encerrada en su reserva étnica"

Europa como fratria
Andrés Ortíz-Osés

El cristianismo impregna Europa, pero se divide entre la ortodoxia eslava, el catolicismo latino y el protestantismo anglo-germánico

(Andrés Ortíz-Osés).-El lugar de nacimiento se denomina «matria«, porque es la madre u origen -Aragón, Cataluña, Andalucía-; la patria es el estado político ampliado, y se emparenta con el padre -España, Francia, Austria-; finalmente la Fratria es la hermandad cultural o intercultural, en nuestro caso Europa.

La Fratria Europa es una unidad en la pluralidad, ya que tiene un trasfondo común greco-romano y cristiano, así como una historia común a menudo conflictiva pero real. Por cierto la influencia de Europa en las Américas indias hace de los americanos nuestros primos hermanos.

Europa no queda reducida al euro, ni la princesa fenicia que le da nombre a la mera pecunia, ni la cultura a la política material, por muy importante que es, ya que Europa proyecta un alma o espíritu que remite a sus maestros Sócrates y Jesús.

Mitológicamente Europa es una princesa fenicia y, por tanto, oriental, occidentalizada por su amante Zeus en Creta y, en consecuencia, una especie de diosa madre junto al dios padre Zeus-Júpiter, ambos progenitores míticos de Europa. Pero su prole es occidental, y occidental significa el ocaso del dios oriental -el sol-, la encarnadura del dios-sol hacia su muerte y posterior resurrección oriental: toda una filosofía greco-cristiana de la vida, la muerte y la resurrección o transmutación, lo que hoy día traducimos científicamente como evolución o evolucionismo.

Ahora bien, la clave fundamental del Europa es la democracia, de nuevo de origen griego y cristiano, el mayor y mejor invento europeo, con su lema ilustrado de la igualdad y la libertad, reunidos y mediados románticamente por la fraternidad. Una fraternidad a veces fratricida y en todo caso dividida en sus identidades, empero conectadas interculturalmente.

Así, el cristianismo impregna Europa, pero se divide entre la ortodoxia eslava, el catolicismo latino y el protestantismo anglo-germánico. Los ortodoxos se han detenido en el cultivo de la belleza litúrgica, estética y extática, a menudo también estática; los católicos nos hemos fijado en la verdad ritual, a menudo dogmática en la jerarquía y folclórica en el pueblo; y los protestantes se han especializado en la ética del bien, a menudo puritano. Pero la belleza, la verdad y el bien configuran clásicamente las propiedades del ser unitario de lo real, así que los tres conforman una unidad en la diversidad, que es la labor de un nuevo ecumenismo mundial.

Europa es una Fratria, pero debe ser una Fratria abierta y no cerrada o encerrada en su reserva étnica, pues hay cerrazones que conducen a lo cerril. Pero también intentos regresivos y tribales, cuasi incestuosos, que confunden la madre (matria) con el padre (patria), proyectando una con-fusión entre el origen (materno) y la patria (paterna) – así en Cataluña o Euskadi-, desconociendo que el padre es el encargado de sacarnos del origen o claustro materno afuera, hacia la esfera civil y política de una patria como estado consensuado abiertamente, y no cerrada tribalmente.

Frente a los nacionalismos periféricos, la nación no es el lugar del nacimiento, sino el ámbito de nacimiento de un proyecto común o comunitario que normalmente se expone en un estado de realidades y realizaciones comunes. Por lo demás, Europa es una Fratria abierta, que debe ser capaz de conjugar y mediar las diferencias entre el norte frío y el sur cálido, entre el oeste pro-americano con su Brexit y el este pro-oriental con su Ruxit. Europa es y debe ser una Fratria de fratrías o hermandades, una permanente mediación de contrarios, una identidad de identidades compuestas bajo el principio y fundamento democrático.

Pues el norte sin el sur resulta rígido, y el sur sin el norte resulta laxo. El este sin el oeste resulta anti-pragmático, y el oeste sin el este algo desorientado, ya que oriente con China al frente es nuestro problema político, cultural y económico inminente. Coafirmamos pues el trasfondo matriarcal (oriental) de Europa simbolizada por la princesa cretense, así como la occidentalidad greco-cristiana, representada mal que bien por el Zeus griego patriarcal, siquiera corregido bien que mal por el cristianismo fratriarcal. Pero ahora la Fratria emerge como patrimonio universal de una humanidad unidiversal.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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