Xosé Manuel Carballo

Carta abierta a un compañero secularizado, pero compañero (I)

A Don José María Rodríguez Díaz, que ya está en el regazo del Padre

Carta abierta a un compañero secularizado, pero compañero (I)
Carballo

Vivió preocupado por la Iglesia, por la diócesis, por los curas, por los necesitados, por el prójimo, promoviendo o impulsando iniciativas solidarias

(Xosé M. Carballo, sacerdote).- De Xosé Manuel Carballo Ferreiro. A Don José María Rodríguez Díaz, en paradero materialmente imprecisable.

Querido José María, no es necesario que te pares ahora en estas cosas, pero te escribo más por mí que por ti, porque la memoria no me va a más, ¿sabes?. Ya lo leerás cuando estés acostumbrado a esa nueva vida y dispongas de tiempo. El 27 de abril, y te pongo la fecha porque yo todavía tengo que llevar la cuenta desde esta orilla, aunque bien sé que tú ya vives en otra dimensión en la que no acierto a pensar cómo se puede medir el tiempo, si lo hay; pero tampoco me voy a devanar los sesos en esas cosas, pues ya lo sabré cuando sea.

Te quería recordar que ese día, el 27, recibí tu último correo. Sólo dos líneas y media, más corto de lo habitual, pero se veía que lo habías escrito haciendo ya un gran esfuerzo. Decías: «Estoy mal, incluso perdí un oído… Bueno, paro porque estoy muy cansado. Un abrazo». Si tuviese estas palabras tuyas escritas de tu puño y letra en papel, serían como una reliquia que besaría de vez en cuando. Como en el ordenador puede comerlas un virus o ser borradas sin querer, las imprimí en cursiva y así puedo besarlas, aunque no es lo mismo.

Si un amigo es un tesoro, y lo es, cuando Ignacio, el cura de Trabada, me comunicó el día 9 de mayo por la mañana que habías muerto, pensé: «¡Allá va! ¡Perdí un tesoro!». Si te he de decir la verdad no me cogió de sorpresa la mala noticia, porque sabíamos que ya estabas fuera de cuentas y las últimas veces que nos cruzamos unas poquitas palabras por teléfono, se notaba que el tren de tu vida iba reduciendo la marcha porque estaba llegando a la meta. Además, en el atardecer del 8 tu querida Asunción le dijo a mi hermana Fe que no había esperanzas. Esperanzas no, pensé en cama mientras te encomendaba a Don San Jaime Bendito, pero esperanza, y bien fundamentada, sí que la hai.

Como ahora, al hablar menos puedo pensar más, no tardó en venirme el «trasacordo» y me recriminé a mí mismo por llegar a pensar dos cosa: Una que te había perdido y otra que habías llegado a la meta. Si te hubiese perdido, no te estaría hablando ahora, y de meta nada. Sería renegar de lo que creí, y tú también, toda la vida y especialmente desde que entramos en el otoño. Llegaste al final de otra etapa, o todo más de una meta volante, porque nuestra meta final no está en ningún hospital ni en casa, ni en el tanatorio, ni en el camposanto. Está ahí en el regazo del Padre.

Tú no cansabas de repetir: «Soy el hijo pródigo. Son el hijo pródigo». Como intuía por donde ibas, porque ya tenía algo de experiencia con otros compañeros como tú, te llevaba la contraria pero sin forzar mucho diciéndote: «Pues en hora buena, hermano y amigo, porque yo todavía ando por fuera, en el camino de vuelta. Prepárate para la fiesta, pero creo que no va a ser muy grande; porque tú, lo que se dice irse de casa no te fuiste». Bajabas algo más la voz, mirabas una foto de tu gran compañera y esposa Asunción, que optó por decrer ella para que crecieses tú, y musitabas: «Fui, fui».

Y yo me quedaba pensando: «A este José María, como a muchos más compañeros curas secularizados les está barrenando la interpretación que se hizo en contra de ellos de: «El que pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás no es digno del reino de Dios». Sé que hay varias interpretaciones de esa palabras de Jesús y ninguna es definitiva, también sé que la expresión es metafórica y no para interpretarla al pie de la letra, e incluso sé por propia experiencia que pra arar derecho, tanto con dóciles y sufridas teixas como con un tractor o con un burro como en tiempos de Jesús, hay que mirar pra atrás de vez en cuando, y enderechar y sortear alguna peña. Pra arar en la creatividad no valen códigos de leyes, ni pilotos automáticos, sino periódicas revisiones de vida.

Creo que te entendía, amigo, pero no sabía responder, debido a mis propios condicionamientos, o quizás no me atrevía a dar la respuesta que me parecía acomodada sin conocer bien la pregunta por miedo a salirme de las lindes de la ortodoxia. Te respondía de forma indirecta aconsejándote aplicarte a ti mismo lo que habías predicado a otros sobre la misericordia de Dios, y volvía a cavilar en cómo se pode decir que renegó de nada quien como tú desbordaba fe, vivió preocupado por la Iglesia, por la diócesis, por los curas, por los necesitados, por el prójimo, promoviendo o impulsando iniciativas solidarias cómo la de un hogar calentito pra que los viejos de la comarca no tengan que ser desenraizados y trasplantados, porque los árboles viejos no prendemos de nuevo, palidecemos, nos secamos y morimos de pena.

Seguía pensado: «¿Volvería la vista atrás este hombre que ya antes de enfermar rezaba con devoción, le confortaba tanto la comunión, investigó sobre curas santos, promovió un libro sobre Don San Jaime, amó entrañablemente su tierra? ¿Este que usó todos los medios posibles pra denunciar cacicadas e injusticias, reafirmar verdades y crear conciencia social con la misma energía con que, estando aún de cura y canónigo en Mondoñedo, animaba a participar en unas jornadas sobre la Virgen María pregonando megáfono en boca: «La Virgen también es cosa de hombres!»? ¿Volvería este hombre la vista atrás de aquello de: «Biaventurados los limpios de corazón», cuando él valoraba siempre lo que hacían los demás y no dejaba espacio pra contar lo que hacía él?

Así, tuvimos que sospechar que había más de lo que muchos sabíamos cuando supimos que las banderas del Ayuntamiento lloraban a media asta tu partida, en un gesto que honra a la Corporación Ribadense. ¡Ay, José, José, cómo me engañaste, pillabán!

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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