Xosé Manuel Carballo

Carta abierta a un compañero secularizado, pero compañero (y II)

"¡Hasta el atardecer o el amanecer en la oración, compañero, amigo, hermano!"

Carta abierta a un compañero secularizado, pero compañero (y II)
Carballo

La Salvación hay que celebrarla, pero no es necesario comprarla como piensan algunos ricos en tiempo, cuartos o avemarías, ni argumentarla

(Xosé Manuel Carballo).- A Don José María Rodríguez Díaz, en paradero materialmente imprecisable. Querido compañero y hermano por el bautismo, por el sacerdocio y por el cáncer, que a ti te llevó todo entero en unos pocos meses y a mí me llevó la voz va para cuatro años, creo que por fin me llegó la respuesta que quería dar a tu no poco angustioso pensar asociando irse de la casa del Padre y volver la vista atrás, con secularizarte y casar.

No tiene por qué ser la única respuesta válida, pero a mí me pareció convincente y a ti parece que te sirvió. Te la pasé, porque para ti era, la última vez que nos vimos, aquel atardecer soleado de mediados de abril en la que me llevaron a visitarte Angelines y Fernando, matrimonio de gallegos residentes en Madrid que habían venido aquellos días dar una vuelta por la tierra de sus raíces, entrados en años como nosotros, con dolencias por el cuerpo como nosotros, pero con gran sensibilidad religiosa como tú y muy animosos cómo quisiera ser yo si no me faltase el aliento. Correspondiendo a la buena acogida que les dispensásteis Asunción y tú, se sintieron en vuestra casa como en la casa de unos amigos de toda la vida.

Sabiendo de la religiosidad de todos, llevé comunión para cinco. Fue una celebración muy íntima, pero también muy viva y sentida del sacramento del perdón que pudisteis recibir los cuatro y, como sacramento, entiendo que yo no pude recibirlo, conforme a la legislación vigente, porque yo estaba siendo el cauce visible, parte del signo sensible, por el que se percibía externamente que llegaba en aquellos momentos el perdón de la fuente divina. Pensé que podías volver a ser tú por un momento excepcional ese cauce para mí, querido José María, sacerdos in aeternum, y facilitarme también la llegada del perdón regalado, pero no era momento de forzar nada ni de ponerse con tansgresiones de leyes que son hoy y pueden no ser mañana, sino de buscar paz para ti y para todos.

También fue una celebración íntima de una Eucaristía sin consagración, entendida en el sentido etimológico griego como acción de gracias, o como muy bien dijo el que fue tu siempre amigo y compañero de Coro catedralicio y mi formador en el seminario, y amigo y referente, Fernando Porta, desde la madura lucidez de sus 89 años: «Una verdadera Eucaristía de dolor humilde y de amor». Angelines, con sus … y pico, muy bien llevados por cierto, nos ayudó a rezar a todos en silencio rezando y cantando ella: «Madre, óyeme, mi plegaria eres un grito en la noche» Tú, con mucha dificultad y con la ayuda de las dos mujeres, y del otro hombre que no era yo sino Fernando, de setenta y … pico, más o menos como su mujer, te arrodillaste pra recibir a nuestro Señor, que se hizo tan pequeño que cupo para repartirse entre cinco en una cajita dorada.

A la hora de una relativamente improvisada oración para dar gracias, no fue nada difícil en aquella especie de cenáculo por un momento, en el que se convirtió la sala de estar de vuestra casa antes de tomar un café, darlas también por tener una mujer, Asunción, que nunca te impidió seguir queriendo lo que siempre quisiste y que en tu debilidad, te cuidaba con mimos de esposa y de madre al mismo tiempo, y por unas familias, tanto de tu parte como de la suya que no podían hacer más por ti de lo que habían hecho y seguían haciendo desde que se te descubrió tu última enfermedad.

Para leer el artículo compleo, pinche aquí

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído