"Lo que ha movido al país es el amor"

Sismo en México. Desgracias y esperanzas

"El país sabe que está herido y que es el momento perfecto para unirse"

Sismo en México. Desgracias y esperanzas
Damnificados por el terremoto en México Afp

De la profunda oscuridad que ha arrasado a México penetran grandes rayos de luz que iluminan

(Óscar Loya Terrazas).- Hace algunos días se vivió en México una de las catástrofes más dolorosas que han tocado el país. El 19 de septiembre en punto de las 13:15h se registró un sismo con una magnitud de 7.1 que sacudió el centro del país afectando a distintos estados y comunidades entre las cuales se encuentran la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos y Puebla. Se menciona que las cifras oficiales suman más de 300 muertos, más de 60 personas desaparecidas y un sin fin de personas que están siendo atendidas en los hospitales de las zonas.

Curiosamente hace 32 años México sufrió la misma situación pero, en aquella ocasión, el sismo arrasó con diez mil personas aproximadamente, hoy la cifra es mínima en comparación con aquella multitud de muertes pero, ahora como en 1985, el corazón del país completo sufre por los daños y las pérdidas de sus compatriotas (hay que recordar que el pasado 7 de septiembre de 2017 otro sismo había golpeado a otros estados dejando bastantes muertes y pérdidas).

Siendo la Ciudad de México una de las metrópolis más importantes del mundo, la cual se puede comparar con un «monstruo» que no duerme, que nunca descansa, donde en las 24 horas del día se está en movimiento, siendo una máquina que no para jamás, que siempre hace ruido y que no deja de trabajar, en esta ocasión el corazón de México guardó silencio. Fue tan impactante la situación que en alrededor de un minuto nadie habló debido al estremecedor sismo que llenó de oscuridad el ambiente. De un segundo a otro México estaba sumido en el desastre. La ciudad en movimiento se convirtió en una ciudad estática, como si la hubieran anestesiado, porque antes de gritar y de llorar, antes de llamar a sus familiares, antes de tratar de ayudar a la gente que quedó dañada, las personas se paralizaron. La desgracia penetró en México.

México llora hoy por la situación que vive, pero no sólo llora de dolor sino que también llora de alegría porque sabe que no todo es tristeza, ya que ha visto a una sociedad entera movilizarse para apoyar a los que están sufriendo. El país sabe que está herido y que es el momento perfecto para unirse, es el tiempo de la solidaridad, es el tiempo de salir de sí mismo y de hacer propio el sufrimiento ajeno de quién ha perdido un ser querido o un bien material.

México ha despertado. Nunca fue tan fácil organizarse en el país, jamás en tan pocas horas se había podido establecer no sólo un diálogo sino un trabajo en conjunto entre la ciudadanía, el gobierno, las instituciones y la Iglesia. Miles de mexicanos se encuentran ayudando de una u otra manera a los damnificados. En este momento no hay división, no existen clases sociales, perspectivas religiosas o poderes políticos, es un tiempo en que las manos de las personas se han convertido en herramientas y su corazón ha sido el motor que inyecta fuerzas para continuar ofreciendo el apoyo necesario.

Se ha vivido una admirable demostración de servicio y de sensibilidad, tanto de los mismos habitantes del país como de la comunidad internacional que no ha sido indiferente ante la desgracia ajena. En este instante los servicios públicos son sin costo para toda la población, existen albergues en todas las zonas afectadas, hay personas comprometidas para que nadie se encuentre sin techo y sin pan para llevarse a la boca.

De la profunda oscuridad que ha arrasado a México penetran grandes rayos de luz que iluminan, nadie se ha quedado a esperar a que alguien venga a darles esperanza, simplemente los mexicanos se han levantado para hacer real y palpable la esperanza a un pueblo que ha sido golpeado. Cada persona se ha convertido en un motivo de esperanza para las otras personas.

La esperanza se hizo carne en los gestos cada mexicano, en cada gota de sudor del rescatista, del soldado, del topo, del voluntario o, incluso, de quien ha aportado económicamente algo, de quien ha compartido su casa para que otros tuvieran techo, de quien ayuda a recoger el escombro, de las personas que han donado cualquier cantidad de víveres y herramientas para que todo pueda resolverse de la mejor manera y, también, de quienes en sus rezos piden por los que auxilian y por los que están siendo auxiliados. Todos han sido gestos de la esperanza para todos.

Lo que ha movido a México es el amor, el sentido de la caridad ha sido el lenguaje universal de todas las personas, se experimenta un cambio de mentalidad que consiste en pasar de estar acostumbrado a vivir para sí mismo, en un sistema donde el poderoso aplasta al débil y el que más tiene hace sufrir al que menos tiene, para pasar a un sistema de caridad, en el cual el que tiene no puede quedarse con lo que tiene sino, al contrario, lo comparte pues el desprendimiento es parte esencial de su vida. Ésta es la lógica de la caridad que los mexicanos están viviendo, la cual fue predicada, enseñada y vivida, hace 2000 años, por un hombre llamado Jesús de Nazareth.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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