Gregorio Delgado del Río

El maltrato a la familia

"¿No ha querido el Papa impulsar una nueva pastoral familiar? ¿Qué se ha hecho para ponerla en práctica?"

El maltrato a la familia
Gregorio Delgado

¿A dónde puede acudir un creyente en demanda de apoyo y ayuda? ¿Qué servicios tiene organizados la Iglesia a nivel diocesano y/o parroquial donde, con competencia y credibilidad, pueda ser escuchada la familia?

(Gregorio Delgado del Río).- Son muchos las horas dedicadas, a través de los años del ya dilatado ejercicio profesional en la Cátedra universitaria y en el despacho de abogados, a reflexionar y apoyar a la familia, en situación siempre complicada después de una ruptura definitiva de la convivencia.

Vuelvo a reafirmarme en viejas ideas. He presenciado de todo y, sobre todo, cómo, en vez de colaborar en una salida sanadora, se propiciaba -quizás el mismo sistema lo impulsaba- lo contrario: alargar y acabar de enfermar la situación existente. Vamos que, a sus integrantes, como dijo Quevedo, les «ha de costar la torta un pan».

Los profesionales del derecho se enfrentan a los problemas familiares con o desde una perspectiva bastante reducida y limitada. Reciben y escuchan individualmente -la mayoría de las veces- cuando lo cierto es que los problemas que pueden tener son problemas de pareja, de convivencia.

Generalmente no se entiende -ni parece que se quiera aprender- que los problemas de familia no son simplemente problemas jurídicos. Son, antes que nada, cuestiones de otra índole y naturaleza, que suelen dejar huella permanente en la personalidad y en la vida de sus protagonistas. Ya sé que la gente está acostumbrada a recurrir al profesional cuando la enfermedad está ya muy avanzada y, muy probablemente, no quepa otra terapia diferente a la quirúrgica. Pero debiéramos reconocer que ya empezamos tarde y mal el tratamiento de un problema, que afecta a varios y en diferentes dimensiones.

Antes de seguir adelante, quizás sea conveniente dejar constancia de una importante deficiencia que padecemos: no existen, en realidad, profesionales, ni del derecho ni de la psicología, dedicados a ofrecer a la pareja solución a sus problemas de convivencia. Ello determina que los problemas familiares casi siempre se afronten de modo conflictivo y enfrentado. Tendríamos que impulsar una nueva cultura. Esto es, mentalizar a la gente de que es posible un modo más racional de entender sus problemas y en un momento en que es posible todavía una terapia sanadora activa. La reflexión mutua sobre el modo de vivir y concebir la existencia en pareja debería ser posible y necesaria, guiada por un profesional que les ayudase a realizarla.

No es tarea fácil. El sistema lleva ya una ventaja considerable. Pero, su fracaso, en términos de familia, es evidente. Nunca se querrá reconocer e incluso a muchos les puede molestar. Las resistencias continuarán siendo muy activas. Pero, como escribimos en la presentación de La custodia de los hijos. La guarda compartida: opción preferente, Pamplona 2010, la vergüenza frente a la legalidad imperante (la orientación vigente de la familia que se impulsa desde el poder y los medios que le sirven) es la que se siente cuando se corren las cortinas de la hipocresía y entra la luz nítida del día en las estancias más íntimas de la persona y de la familia. Pocos quieren saber la verdad que se oculta en el trasfondo de las sentencias judiciales. Es mejor mirar para otro lado. Ya se ha pronunciado la justicia, afirman con complicidad. ¡Vaya respuesta!

Es urgente exhibir otra verdad y otra realidad. La que resulta y debería imponerse al someter a juicio crítico las apariencias formales y sociales. Lo que debiera interesar es lo que ocurre en la vida de las personas implicadas. Lo que debiera importar es la opinión de los protagonistas (los padres) y, sobre todo, el impacto que las resoluciones judiciales dejan sellado en los seres más indefensos de toda esta tumultuosa historia: los hijos. Este ejercicio me parece indispensable si de verdad, como se dice, se quiere servir a la persona. Por mi parte, he hecho mío el dicho de José María Anson: «no hay cosa peor que la realidad que se ignora».

En este orden de cosas, se ha de subrayar que la Iglesia católica, que tan obsesivamente ha condenado y exhibido exigencias morales, también ha sido cómplice de este maltrato a la familia: viene practicando, desde hace mucho tiempo, un abandono real a la familia (incluso a la de origen sacramental), que se encuentra con problemas en su convivencia. ¿A dónde puede acudir un creyente en demanda de apoyo y ayuda? ¿Qué servicios tiene organizados la Iglesia a nivel diocesano y/o parroquial donde, con competencia y credibilidad, pueda ser escuchada la familia? ¿Por qué no se acaba de fiar del laicado (matrimonios que han perdurado en el tiempo) a este respecto?

Estoy convencido que el problema es siempre muy personal. Es el que es para cada persona y pareja. Y, aunque puedan encontrarse bastantes coincidencias, lo cierto es que no existen problemas estándar, ni una forma correcta o incorrecta de ser y estar en la vida de pareja. Es, por otra parte, evidente que existen convenciones sociales de cómo vivir y cómo comportarse en diversos ámbitos y espacios. Existen ciertos usos y ciertos acuerdos culturales y sociales al respecto, que, por cierto, suelen cambiar con el tiempo. Pero, esto no quiere decir que procedan o sean una condición intrínseca de la naturaleza humana (es q ue yo soy así). Son, en todo caso, producto de nuestro quehacer diario, plagado de circunstancias sentidas y vividas por cada uno de modo muy irrepetible.

Llama la atención que, después de los sínodos 2014 y 2015 y después de más de un año de la Amoris laetitia, sigamos igual que antes: parece que estamos en huelga de brazos caídos. ¿Tan ocupados andan nuestros obispos en otras cosas que no han sido capaces de organizar este básico servicio eclesial? ¿Acaso hemos de entender que todo es pura fachada y humo para tapar la realidad? ¿No ha querido el Papa Francisco impulsar una nueva pastoral familiar? ¿Qué se ha hecho para ponerla en práctica? Nada, absolutamente nada. ¡Vaya nueva pastoral!

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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