El cardenal Amato beatifica a las 109 víctimas de la Guerra Civil

«Los mártires claretianos nos invitan a ser personas de primavera, de brotes de un nuevo mundo en Dios»

"Reaccionaron a su persecución con la eficaz arma de la caridad y el perdón"

"Los mártires claretianos nos invitan a ser personas de primavera, de brotes de un nuevo mundo en Dios"
El cardenal Amato, hoy, en la beatificación de los 109 mártires claretianos RD

La única venganza del cristiano es el perdón de los enemigos. El cristianismo propone una cultura de fraternidad, no de guerra

(Cameron Doody).- «No tenemos miedo». «No tenim por». El grito de Barcelona tras el atentado islámico del pasado agosto también fue el de los 109 mártires claretianos asesinados en 1936 al estallar al Guerra Civil española, ha declarado esta mañana en la Sagrada Familia el cardenal Angelo Amato, en la beatificación de este grupo de religiosos, estudiantes y profesores. Víctimas todas que nos recuerdan que en el ser humano «existe un potente antivirus que es su amor», y que «nos invitan a ser hombres de primavera, de brotes de un nuevo mundo en Dios».

La misa de la beatificación, presidida por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, ha sido concelebrada por unos treinta obispos de todo el mundo, entre los cuales han estado el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, el superior general de los claretianos, el padre Mathew Vattamattam o el nuncio Renzo Fratini, además de por 300 sacerdotes. El famoso templo de Gaudí se han llenado para la ocasión con alrededor de tres mil asistentes al acto, entre ellos un millar de familiares de los 109 mártires, y religiosos claretianos de países desde Nigeria hasta Corea.

En su homilía para la beatificación, el cardenal Amato ha subrayado cómo, frente a la persecución que sufrieron los mártires que desencadenó en su muerte por la fe en 1936, «los 109 claretianos reaccionaron con la eficaz arma de la caridad y el perdón». «Respondieron perdonando», enfatizó el purpurado italiano.

«No buscaron venganza», continuó Amato, alabando a los mártires, ya que «la única venganza del cristiano es el perdón de los enemigos», y el cristianismo siempre propone «una cultura de fraternidad, no de guerra».

Entrando en las historias personales de los 109 inmolados, el cardenal ha explicado que para poner fin al proceso de su beatificación -el cual empezó hace setenta años- la congregación de los claretianos tuvo que estudiar la historia de cada uno para verificar de manera individual las causas precisas de sus asesinatos.

«El padre Mateu [Casals]», por ejemplo -ha aclarado Amato- «pertenecía a la comunidad de Sabadell». «Una comunidad muy activa» donde «los padres estaban siempre dispuestos a a ayudar a los necesitados», y por eso eran «muy amados por su pueblo». No obstante, al estallar la Guerra en 1936, y tras ser encarcelados, los curas «fueron torturados de una manera inhumana» y «asesinados sin juicio». «Fueron muchos los martizirados» durante esa época, lamentó el cardenal, que «derramaron su sangre por Cristo».

Pero, «¿qué decir frente a esta moderna masacre de inocentes?», se preguntó el prefecto de los Santos, tras haber relatado de igual manera las historias del estudiante Teófilo Casajús y el hermano Ferran Saperas, símbolos de la diversidad vocacional de la congregación de san Antonio María Claret. «Bienaventurados vosotros cuando os insultan de cualquier modo», contestó a sí mismo el cardenal, recordando que «Jesús dijo: ‘El que pierda su vida por mí, la encontrará'».

«Los mártires claretianos no tenían miedo. Estaban dispuestos a sacrificar su vida. Murieron con la esperanza en su corazón de entrar en la Jerusalén celestial», destacó de los martirizados el cardenal Amato. Toda una lección de cómo «el cristiano vive de la esperanza», y «sabe que las nubes oscuras son pasajeras».

Al término de su sermón, el purpurado italiano ha querido recordar las palabras del Papa Francisco sobre las recientes «masacres insensatas» del terrorismo, al efecto de que «los cristianos somos más gente de primavera que de otoño». Como los mártires de 1936 frente al anticlericalismo, también nosotros frente a la amenaza del fanatismo que se nos cierne cada día, alentó el cardenal, en el sentido en que hemos de recordar día tras días que la primavera siempre «trae brotes nuevos» tras el otoño, «estación de las hojas muertas».

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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