"El tema de fondo está en los bienes, esto es, en la 'bolsa'"

Xabier Pikaza: «Es mucho mejor la con-cordia en la diversidad que la dis-puta en la unidad»

"El Reino de Jesús no es cuestión de ricos o de reyes, sino de personas"

Xabier Pikaza: "Es mucho mejor la con-cordia en la diversidad que la dis-puta en la unidad"
Europa., España y Cataluña

El catalán para el hispano, el hispano para el catalán, dejando los discursos huecos que hemos venido escuchando estos días de una parte o de la otra

(Xabier Pikaza, teólogo).- Digo dis-puta (así, con guión) hispano-catalana porque muchos catalanes no se sienten españoles, pero sí hispanos, y en ese contexto hay una fuerte disputa entre Hispania y Catalonia, con «reyes» que parecen en guerra, después de tratos al parecer infructuosos (con culpas que pueden echarse a un lado o al otro, aunque una parte puede tener mucha más culpa/responsabilidad que otra).

El asunto tiene elementos históricos y culturales, políticos y jurídicos, religiosos y penales, emocionales y «racionales», policiales y hasta deportivos. Pero el mayor es de tipo económico, como supone una famosa parábola de Jesús (Lc 14, 28-33), que hablaba de construcción de torres y declaración de guerras.

Evidentemente, como todas las de Jesús, esta parábola parece que dice una obviedad, de vulgar sentido común, y así puede entenderse. Pero leída bien y entendida con la ironía del mismo Jesús, ella (¡ojo al final!) ofrece, a mi juicio, el mejor diagnóstico del tema.

Vaya por delante mi respeto a las diversas opciones que no sean «impositivas», ni vengativas, ni puramente legalistas… Vaya por delante mi deseo de un entendimiento racional y emocional, fundado en valores e ideales de libertad y concordia (en unidad o diversidad), porque es mucho mejor la con-cordia en la diversidad que la dis-puta en la unidad… Desde ese fondo quiero volver al evangelio.

El tema de fondo está en los bienes, esto es, en la «bolsa», como se ve en el trasvase de empresas de un territorio al otro… y en las promesas de una mejor economía. No hará falta insistir en el tema. Pero eso dejo que cada uno lo piense, desde la palabra de Jesús, que no era catalán ni hispano, pero sabía mucho de esas cosas.

Siempre es todavía tiempo de tratativas (pero, como he dicho, la respuesta de Jesús está al final).

Torres y guerras

Lucas presenta el tema de las torres y las guerras (en el fondo son lo mismo), en un en un contexto de máxima preocupación por los bienes, entendidos en forma de inquietud militar (rey) y económica (torre).

Si un rey quiere declarar una guerra, si un rico quiere construir una torre han de calcular bien los costes de la empresa, en clave de soldados y dinero. Pues bien, de un modo abrupto, rompiendo esa lógica de posesión, de tipo utilitario, Jesús afirme que, para ser discípulo suyo, en camino de Reino (y en el fondo para resolver bien las cuestiones de torres y guerras) hay que renunciar a todos los bienes, invirtiendo así la lógica de un mundo en el que todo se compra y vende, medido por dinero (cf. motivo de Lc 12, 33 y 18, 22):

— ¿Quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: Este comenzó a edificar y no pudo terminar.
— O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.
— Pues, de igual manera, cual-quiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío (Lc 14, 28-33)

La cuestión de fondo, la novedad del texto está en el paso de las dos primeras comparaciones, que son como premisas, en línea de cálculo económico-militar, a la tercera, que es la conclusión.

El oyente o lector está esperando un tipo de «crescendo» en la línea de los medios anteriores (dinero, soldados…), pues seguir a Jesús es más costoso y arriesgado que hacer una torre y ganar una guerra, que son sin duda empresas muy costosas; más costoso debería ser por tanto el seguimiento de Jesús, de manera que cada uno tendría que calcular muy bien los bienes para decidirse. Pues bien, de un modo sorprendente, rompiendo la lógica anterior, la tercera frase afirma que el seguimiento de Jesús no implica monetariamente ningún coste, sino todo lo contrario: Hay que dejarlo todo, hay que abandonar todos los planes (y todos los medios económico-militares) para seguir a Jesús.

‒ El primer contraste lo ofrece el dinero de la torre, que puede entenderse como castillo de defensa o como ciudad amurallada frente a todos los peligros (pyrgos, Gen 11, 4: la torre de Babel). Quien quiera construir esa torre/ciudad ha de sentarse primero y calcular los gastos que necesita para terminarla… En cierto sentido, todos nosotros seguimos siendo constructores de torres, como sabe el relato de Babel. Cada uno la suya, todos juntos la gran torre de la cultura mundial capitalista, que sólo se puede edificar exige muchísimo dinero. Pero ¿tenemos suficiente para edificarla? ¿Aseguramos con ella nuestra vida?

El segundo contraste es de tipo militar, y está representado por un rey que para ganar una guerra y ensanchar su imperio ha de sentarse primero y deliberar, viendo si tiene soldados suficientes y medios militares para culminar su empresa. En un nivel, el texto habla de reyes reales, de tetrarcas como el de Galilea (Herodes, Antipas) o de emperadores como los de Roma (Augusto, Tiberio), siempre dispuestos a ensanchar su territorio por la guerra. Recordemos en ese contexto la suerte de los imperios militares (y de las guerras) depende de los gastos de tipo económico social que, en aquel contexto, resultaban enormes.

‒ Después de esos ejemplos tomados de la vida socio-política, Jesús afirma: Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío (es decir, no puede conseguir el verdadero reino, no simplemente el de Cataluña o España.

Todo llevaba a pensar que Jesús iba a pedir un tercer gesto activo, más costoso que los anteriores, y en esa línea empieza el texto (así pues, cualquiera de vosotros que…). Una torre sólo la pueden construir los ricos. Una guerra sólo la pueden ganar los reyes o caudillos militares….

Pues bien, en contra de eso, en este último caso, Jesús se supera a sí mismo (bueno, se sitúa en su lugar), y rompe el plano de las exigencias anteriores (dinero, soldados…), e invierte el proceso (la relación lógica entre causas y efectos), pidiendo a sus seguidores que renuncien a todos los bienes (a todo lo que tienen) para así seguirle.

De renuncias y de gratuidad

¿Qué os parece si Puigdemont y su gente… renunciar a toda riqueza… y lo mismo Rajoy y su gente… y plantean las cosas en un plano de pura humanidad, es decir, de gratuidad?

Del plano de los grandes ricos (hacedores de torres) y los reyes (promotores de guerras) Jesús nos pasa al plano de la vida concreta, de cada uno de los hombres o mujeres. El Reino de Jesús no es cuestión de ricos o de reyes, sino de personas que sean capaces de desprenderse de todo, para así compartirlo todo.

Este cambio de plano respecto de los modelos anteriores marca la novedad de Jesús, de lo que debería ser la Catalonia Christiana… o la Hispania Christiana. Todos los principios precedentes cesan, tanto en un plano militar como económico. No se trata de construir una torre, ni de ganar una guerra, sino de vivir plenamente en gratuidad, es decir, en comunión de vida y desprendimiento, queriendo cada uno lo mejor para el otro: El catalán para el hispano, el hispano para el catalán, dejando los discursos huecos que hemos venido escuchando estos días de una parte o de la otra, o de las dos (cada uno que aplique su hermenéutica).

Se trata, pues, de renunciar a un tipo de poder y de tener (para construir torres y ganar batallas), a un tipo de «hacer» en línea de méritos y recom-pensas, para descubrir la gratuidad de la vida, en la línea de un «no hacer», que significa ser en profundidad.

Jesús no pone ninguna otra condición (de riqueza o poder, de conocimiento o nobleza…) para seguirle y ser de esa manera su discípulo. Se trata de renunciar a todos las posesiones (pasin tois yparkhousin), a todas las cosas (propiedades) que uno tiene y que le tienen.

No hay que hacer nada, ni tener nada, sino dejar de hacer y de tener, para así ser en gratuidad, recibiendo y compartiendo gratuitamente el Reino , buscando cada parte el bien de la otra (como supone el mandato de amar al prójimo, sabiendo que es otro, como decía en la postal de ayer Machado).

Evidentemente, no se trata de un «no hacer pasivo» (como algunos han visto en el wu wei del Tao), ni es un tipo de puro nirvana (más allá de todos los deseos, como se dice de cierto budismo), sino de un no hacer haciendo de forma más alta, en amor, radical .

Por otra parte, este «no hacer» que se expresa en el renunciar a todo lo que uno hace y tiene (en contra del constructor de torres y del hacedor de guerras) puede y debe compararse con el wu-wei del Tao y con el nirvana del Budismo, pero ha interpretarse desde la vida de Jesús, como he puesto de relieve en Historia de Jesús, Estella 2012 y en Violencia y diálogo de religiones. Un proyecto de paz, Santander 2004.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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