Josep Miquel Bausset

¿El Premio de Concordia a la Unión Europea?

"La UE está gobernada por la tiranía del dinero"

¿El Premio de Concordia a la Unión Europea?
Josep Miquel Bausset

Lástima que ahora, ningún obispo español, aprovechando este premio dado a la Unión Europea, no haya denunciado el fariseísmo de este organismo

(Josep M. Bausset osb).- El viernes 20 de octubre se otorgaron en Oviedo los Premios Princesa de Asturias. Uno de ellos, el de la Concordia, paradójicamente se entregó a la Unión Europea, y fue recogido por sus máximos dignatarios: Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, Donald Tusk, presidente del Consejo de Europa y Antonio Tajani, presidente de la Eurocámara.

El rey Felipe VI en el discurso de entrega de los premios, remarcó «nuestro legítimo orgullo de pertenecer a la gran realidad democrática que es Europa». Un continente que según el rey, «de respuestas a la modernidad» ya que «avanza hacia una mayor integración y convergencia». El rey reivindicaba también «los principios democráticos en los que se sustenta la convivencia».

Cuando el drama de los refugiados, con la indiferencia y el menosprecio de Europa, continua con la muerte de hombres, mujeres y niños ahogados en el Mediterráneo mientras huyen de la guerra, es insultante que el Premio de la Concordia se haya concedido a la Comisión Europea, debido a su papel infame ante la crisis de los refugiados.

Y es que la Comisión Europea ha perdido las raíces cristianas que hicieron posible su fundación después de la II Guerra Mundial. Ahora Europa no está enraizada en el humanismo cristiano, como lo fue antaño, sino que está gobernada por los mercados, los intereses económicos, las multinacionales y la idolatría del dinero.

El Sr. Antonio Tajani afirmó, esperpénticamente, que la «Unión Europea representa solidaridad». ¿Donde encuentran la solidaridad de Europa los refugiados que continúan muriendo en el Mediterráneo? ¿Qué dirá la UE a los familiares de las 2776 personas que se han ahogado en el Mediterráneo en lo que llevamos de año?

Ya tenia razón el papa Francisco cuando dirigiéndose a los participantes del III Encuentro de Movimientos Populares, reunidos en Roma el día 5 de noviembre de 2016, dijo:

«Se salvan los bancos pero no las personas». Movido por la defensa del hombre y del derecho de las personas al trabajo digno, a la vivienda y a la tierra, el papa denunció un sistema económico que, centrado en el dinero y no en la persona, gobierna «con el flagelo del miedo y la violencia».

En aquel encuentro, donde el papa expresó la «sed de justicia» y el grito en defensa de «tierra, casa y trabajo» para todos, el papa Francisco denunció con valentía una humanidad que se hunde, ya que se salvan los bancos y se descartan las personas. ¿Aquí vemos, como decía el rey, «el legítimo orgullo de pertenecer a la gran realidad democrática que es Europa»?

Por eso el papa Francisco expresó la necesidad de un «cambio de estructuras para que la vida sea digna» y apoyó a los integrantes de estos movimientos populares, que el papa llamó: «poetas sociales».

La Unió Europea merecería el Premio de la Concordia si, como dijo el papa en noviembre de 2016, fomentara «trabajo digno para los excluidos del mercado laboral, tierra para los agricultores, vivienda para las familias sin hogar, lucha contra la discriminación, la violencia contra la mujer y las nuevas formas de esclavitud, el fin de las guerras, del crimen organizado y de la represión». Pero desgraciadamente no es así, ya que la Unió Europea, lamentablemente, está gobernada «por el dinero», por medio del «flagelo del miedo, de la violencia económica, social, cultural y militar, que engendra más y más violencia».

Por eso el papa Francisco denunció también el «terrorismo que nace del control global del dinero y atenta contra la humanidad».

Ya en la encíclica «Quadragesimo Anno», del 15 de mayo de 1931, el papa Pío XI «previó el crecimiento de una dictadura económica, que él llamó imperialismo internacional del dinero». Y también el papa Pablo VI denunció la «nueva forma abusiva de dictadura económica», por medio de la Carta Apostólica, «Octogesima adveniens», del 14 de mayo de 1971.

La Unión Europea no se habría de fundamentar en el ídolo dinero, que como dijo el papa Francisco, «reina, en lugar de servir y tiraniza y aterroriza la humanidad». De hecho, Jesús de Nazaret priorizó la dignidad de hijos de Dios, «por encima de una interpretación formalista de la norma», ya que Jesús, denunció la idolatría de los fariseos que iban detrás de dinero: «No podéis ser servidores de Dios y de las riquezas» (Lc 16:13-14).

La Comisión Europea sería digna del Premio de la Concordia si, como pedía el papa Francisco, defendiese «un proyecto puente de los pueblos, enfrente del proyecto muro de dinero» y acogiese el drama de las familias expulsadas de su tierra. Por eso la Iglesia, como dijo el papa, ha de «pronunciarse y actuar enfrente de situaciones donde hay heridas y sufrimiento dramático», para de esta manera encontrar una solución a las tragedias de nuestro mundo.

El papa, que rechaza el consumismo desenfrenado y apuesta por «la solidaridad y el respeto a la naturaleza», pedía que Europa no tolerara la corrupción, ya que «aquellos que han optado por una vida de servicio», tienen «la obligación de ser honestos», para vivir «con un fuerte sentido de austeridad y de humildad».

Si la Comisión Europea, en vez de estar gobernada por la tiranía del dinero, trabajase por «construir puentes entre los pueblos», sí que merecería el Premio de la Concordia. Y es que como dijo el papa Francisco el 5 de abril de 2016, «Dios y el dinero son dos amos irreconciliables».

Hace falta repensar la UE y volver a los ideales de su fundación, cuando el 25 de marzo de 1957 y desde el humanismo cristiano, Konrad Adenauer y los dirigentes de Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos firmaron en Roma el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea.

Lástima que ahora, ningún obispo español, aprovechando este premio dado a la Unión Europea, no haya denunciado el fariseísmo de este organismo, como sí que lo ha hecho el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Madariaga en relación a la soberbia del presidente de los EEUU, Trump.

Los dirigentes europeos habrían de tener en cuenta, como decía el papa Francisco hace unos días, que «las piedras del edificio de Europa se llaman diálogo, inclusión, desarrollo sólido y paz».

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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