Personaje clave en el vacío de poder

500 años del cardenal Cisneros (II)

"Un excelente reformador en la Iglesia y estadista, incluso enérgico con los aristócratas levantiscos"

500 años del cardenal Cisneros (II)
Sello por el V Centenario de la muerte de Cisneros

Cisneros tuvo que afrontar gravísimos problemas a la espera de que el príncipe Carlos llegase de Flandes a España en un delicadísima etapa institucional de vacío de poder en el Estado

(Saturnino Rodríguez).- En esos comienzos del siglo XVI (años 1500) el Cardenal Cisneros ocuparía un lugar de preeminencia en la Edad Moderna en España como nuevo Estado, el primero europeo. Etapa trascendental cuando los pequeños reinos fueron unificados, los musulmanes finalmente vencidos o expulsados, América descubierta y el poder real consolidado.

La muerte de la reina Isabel la Católica sería el comienzo de una serie de problemas institucionales en los que sería decisivo el papel de aquel humilde franciscano que llegaría a ser regente de la Corona: Cisneros.

A la muerte de la reina Isabel La Católica le seguiría la de su yerno Felipe de Ausburgo esposo de su hija la reina Juana que sería recluída por incapacidad, la muerte de su propio esposo el rey Felipe y la sucesión del hijo de ambos que sería Carlos I de España y V de Alemania.

El 27 mayo 1502, las Cortes reunidas en la Catedral de Toledo, habían reconocido a Juana como heredera legítima, nueva princesa de Asturias y futura soberana. Pero estando la corte en Medina del Campo (Valladolid), se declaró una grave hidropesía de la reina Isabel que fallecería el 26 de noviembre de 1504, en el Palacio Real a los 53 años. La muerte de la reina Isabel creaba una grave crisis institucional de Estado no sólo en la Corona de Castilla sino nacional ya que la unión de Castilla y Aragón lograda por Isabel y Fernando era aún frágil. Y por otro lado en los últimos del s.XV habían fallecido los herederos directos como los dos hijos mayores los príncipes Juan e Isabel y también los dos hijos del matrimonio de ambos.

Los restos mortales de la reina Isabel la católica junto a los de su esposo Fernando el Católico, fueron trasladados a la Capilla Real la de la Catedral de Granada. El título de «Reyes Católicos» fue otorgado a Fernando de Aragón e Isabel de Castilla por la bula pontificia «Si convenit» firmada en Roma (19 diciem.1496 ) por el Papa Alejandro VI, que en el caso de Isabel, se vería incrementado después con el de «sierva de Dios» que abre su causa de beatificación iniciada en la archidiócesis de Valladolid el 3 mayo 1958. En esa época los papas concedieron distinciones similares a monarcas de la Cristiandad como León X a Enrique VIII de Inglaterra «Defensor fidei», la «Maxima ac preclara» de Benedicto XIV a Juan V de Portugal el título de «Fidelísimo», o la «Pacificus et aeternues» de León X a Carlos V, todas ellas sin embargo posteriores a la de los Reyes Católicos.

En ese delicado y grave momento del fallecimiento de la reina Isabel sería histórico el papel de la Iglesia que estaba estrechamente unida a la nacionalidad española, que protagonizó profundamente el Cardenal Cisneros.

Famosísimo cuadro al temple sobre tabla de «La Virgen de los Reyes Católicos» pintado en 1491, procedente del Monasterio de Santo Tomás de Ávila, actualmente en el Museo del Prado.

A la derecha de la Virgen María, el rey Fernando II de Aragón y el príncipe de Asturias, Juan de Aragón (con el inquisidor); a la izquierda, la reina Isabel I de Castilla, con la infanta Isabel. De pie, se hallan santo Tomás de Aquino, sosteniendo a la Iglesia, y santo Domingo de Guzmán, con un libro y una palma.

En su testamento escrito el 12 octubre 1504 la reina Isabel estipulaba que aunque la heredera del trono era su hija Juana, en caso de incapacidad gobernaría y administraría Castilla en su nombre su padre don Fernando hasta que el infante Carlos, primogénito de Juana, cumpliera veinte años. Pero los aristócratas castellanos reunidos en Cortes en Toro (Zamora) no le apoyaron como él deseaba y buscaban deshacerse de la presión autoritaria sobre sus apetencias y volver a los tiempos en que los reyes repartían generosas mercedes, por lo que Fernando decidiría retirarse a Aragón con lo que el gobierno de Castilla quedaría en manos de Felipe esposo de Juana, pero a los pocos meses murió repentinamente.

Curiosamente en su testamento la reina Isabel ordenaba a sus herederos la prosecución de la conquista de África. Y también el «mandato de la cristianización, justicia y respeto para con los indios de los pueblos de las Islas y Tierra Firme de la Mar Oceana, descubiertas e por descubrir», suplicando al Papa «que induzca a que los pueblos dellas a los convertir a nuestra Sancta Fe Catholica» enviando a prelados y religiosos para instruirles y que no toleren «resciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien e justamente tratados, e si algund agravio han rescevido lo remedien».

La sucesión de Castilla y Aragón en manos de la princesa Juana creaba problemas por su inestabilidad emocional y por su desposorio en 1496 con Felipe el Hermoso que se manifestaba contrario a la política protagonizada por los «Reyes Católicos». Fernando el Católico, se acogió a las condiciones del testamento de su esposa Isabel y asumió el Gobierno de Castilla, mientras intentaba conseguir que las Cortes reconocieran la incapacidad de su hija para gobernar. Fernando consiguió en la llamada «Concordia de Salamanca» (24 novie.1505) el Gobierno conjunto de Castilla de los tres: Fernando Juana y Felipe y llegados al territorio peninsular, Juana y Felipe serían proclamados reyes propietarios y Fernando, Gobernador perpetuo.

 

Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que sería el principal impulsor de la «concordia de Salamanca» ( 24 nov 1505) al que llegarían, ocupó la Regencia de Castilla en 1504 se iba a convertir en el defensor de Fernando el Católico frenando el ascenso al trono de Felipe el Hermoso.

Las Cortes, reunidas en Toro (Zamora) a principios de 1505, estaban divididas, lo mismo que toda Castilla. El esposo de la reina Juana, Felipe «el Hermoso» se encontraba con un dilema: si admitía que su mujer estaba loca, debería atenerse al testamento de la reina Isabel y confiar la Regencia a Fernando «el Católico»; si se aceptaba que Juana estaba en condiciones de gobernar, Fernando el Católico quedaba descartado y Felipe el Hermoso podía tomar parte en la Gobernación del reino.

El rey Fernando contaba con el apoyo de las ciudades, pero buena parte de la nobleza castellana, que se sentía reprimida en vida de Isabel, vio la posibilidad de recuperar sus antiguas libertades y privilegios y apoyaba a Felipe el Hermoso, esposo de la reina Juana como legítimo rey de Castilla en contra del rey Fernando que optó por retirarse a Aragón. El gobierno de Castilla quedaba para el rey Felipe I, esposo de Juana, que fallecería repentinamente a los pocos meses.

Fernando, consciente del grave problema creado unido al rechazo de algunos se retiraría a su reino de a Aragón casándose con Germana de Foix, sobrina del rey Luis XII de Francia, unión que duraría desde el 19 de octubre de 1505 hasta la muerte de Fernando en 1516.

Con ello neutralizaba el apoyo francés a su yerno Felipe por el Tratado de Blois, comenzando una política de acercamiento a Francia que levantó las iras de los nobles de Castilla, que lo vieron como una maniobra de Fernando el Católico para impedir que Felipe el Hermoso y Juana heredasen la Corona de Aragón.

Germana sería reina consorte de Aragón desde 1505 hasta la muerte de Fernando en 1516.

Fernando se volvió de Castilla a Aragón y en esa nueva etapa Fernando se volcó en la política internacional especialmente contra Francia pues tanto Luis XII como Francisco I pretendían la hegemonía en Italia por lo que los asuntos internos quedarían en Castilla en manos del arzobispo de Toledo Cisneros y la Corona de Aragón en el arzobispo de Zaragoza, hijo natural del rey Fernando el Católico.

Ambos ejercerían la regencia en tanto llegase el sucesor Carlos. Entre 1507 y 1516 en que fallecería en Madrigalejo (Cáceres), el Rey Fernando con la ayuda de Cisneros lograron, pese a las dificultades, devolver un tanto el prestigio perdido de la monarquía y también una increíble expansión por el Norte de África recomendada ya por la reina Isabel en su testamento.

El archiduque Felipe el Hermoso, marido de Juana no estaba por renunciar al poder y en la «Concordia de Salamanca (noviembre de 1505) se acordó el gobierno conjunto de Felipe y la propia Juana, como reyes, actuando Fernando como gobernador.

Ansioso de imponer su autoridad en Castilla, Felipe embarca con su esposa en Flandes (Países Bajos) el 10 enero 1506 llegando a La Coruña el 26 abril 1506 donde fueron recibidos por la mayoría de nobles castellanos. Los partidarios del Rey Católico trataron de convencer a éste de que no permitiera la entrada de Felipe en los reinos.

Pronto se manifestaron las malas relaciones entre el yerno Felipe (apoyado por la nobleza castellana, el grupo felipista) y el suegro Fernando (apoyado por los representantes de las ciudades, el grupo aragonés). Fernando y Felipe se entrevistarían en suelo castellano en la localidad Remesal (Sanabria, Zamora) (20 junio 1506), donde Fernando el Católico prometió renunciar al trono castellano, posición ratificada días después en las capitulaciones de Benavente y Villafáfila (Zamora) (27 y 28 junio 1506).

 

Fernando se retiró a Aragón y Felipe fue proclamado rey de Castilla en las Cortes de Valladolid que se negaron a declarar la incapacidad de la reina Juana, pero Felipe «el Hermoso» ejerció el poder efectivo en su nombre sin contar con la reina Juana que le acompañaba. Pero muy pronto Felipe el Hermoso comenzó a ser censurado por el favoritismo y prebendas que mostraba hacia sus coterráneos flamencos a los nobles castellanos que eran quienes le habían apoyado frente al rey Fernando. La situación cambiaría tras la repentina muerte de Felipe I en Burgos.

El 24 de septiembre de 1506, víspera de la muerte de Felipe I el Gobierno del Reino, los nobles acordaron formar un Consejo de Regencia interina para gobernar provisionalmente el reino presidido por Cisneros a quien la reina Isabel I «la Católica» había tenido como confesor y cercanísimo consejero.

Este Consejo de Regencia estaría formado interinamente por el almirante de Castilla, el condestable de Castilla con otras personalidades y el mayordomo mayor del rey Felipe.

La nobleza y las ciudades contendieron acerca de quién debía desempeñar la Regencia, pues por un lado estaban los que querían al emperador Maximiliano durante la minoría del príncipe Carlos, como los Manrique, Pacheco y Pimentel; y por otro lado, los que querían la regencia de Fernando el Católico tal y como quedó establecida en el testamento de Isabel la Católica y las cortes de Toro de 1505, como los Velasco, Enríquez, Mendoza y Álvarez de Toledo.

Sin embargo, la reina Juana trató de gobernar por sí misma y revocó e invalidó las mercedes otorgadas por su marido, para lo cual intentó restaurar el Consejo Real de la época de su madre.

La muerte súbita de Felipe el Hermoso en el Palacio de los Condestables de Castilla en Burgos (25 sept 1506), hoy llamada «Casa del Cordón» desconcertó a sus partidarios que ante la demencia evidente de Juana tuvieron que admitir la Regencia del rey aragonés don Fernando.

Cisneros, sin consultar a Juana, acudió a Fernando el Católico para que regresara a Castilla. Pero la reina Juana frente a los intentos de Cisneros, nobles y prelados, no reclamó a su padre para Gobernar llegando a prohibir la entrada al Palacio del cardenal.

Para legalizar la regencia de Fernando el Católico, el Consejo Real y Cisneros buscaron llenar el vacío convocando las Cortes, pero la reina Juana se negó a convocarlas. por lo que los procuradores abandonaron Burgos sin haberse constituido las Cortes. Cisneros asumió su primera Regencia del Reino de Castilla, a la espera de la llegada del rey Fernando, el Católico esposo de la fallecida reina Isabel.

Este Palacio de los Condestables de Castilla en Burgos (popularmente conocido hoy como «La Casa del Cordón» es donde falleció Felipe I «el hermoso» (25 sept 1506) se construyó al ser nombrado don Pedro Fernández de Velasco Condestable de Castilla en 1473, substituyendo su residencia en la calle Cantarranas (actualmente calle de San Lorenzo), considerada impropia de la máxima autoridad del Reino tras el propio monarca. El nombre popular se debe a unas cadenas colgadas en la puerta que indicaban que en ella había dormido un rey, a la que se añadió un cordón franciscano que doña Mencía, esposa del Condestable mandó esculpir por su devoción a San Francisco. Años después Adriano de Utrech consejero del rey Carlos, se alojaría en éste palacio y que años más tarde sería el papa Adriano VI.

La muerte de Felipe I el esposo de Juana abría un nuevo período de crisis y daba motivos a Juana para comportarse de una manera rara. Decidió trasladar el cuerpo de su esposo desde Burgos, donde había muerto y en el que ya había recibido sepultura, hasta el Panteón Real de Granada, tal como él mismo había dispuesto viéndose morir. Mientras tanto decidió emprender un largo camino por tierras castellanas desde Burgos hasta Tordesillas durante el cual la reina Juana no se separaría ni un momento del féretro. El traslado se prolongó durante ocho fríos meses por tierras castellanas. Acompañaron al féretro gran número de personas, religiosos, nobles, damas de compañía, soldados y sirvientes. Las murmuraciones sobre los desvaríos de la reina Juana aumentaban por días entre los habitantes de los pueblos que atravesaba.

En 1508, el rey de Inglaterra, Enrique VIII, pretendió casarse con Juana, lo que evitó su padre Fernando. alegando la mala salud de su hija, cuando lo que trataba de evitar era un nuevo casamiento de su hija que evitaría quedarse solo al frente de la gobernación de Castilla, repitiéndose la situación creada antes por Felipe el Hermoso. Enrique VIII casó con la hija de Fernando, Catalina de Aragón, zanjando la oposición inglesa a la regencia de Fernando. Para ello había que afianzar la tesis de la «locura de Juana», opinión que compartía el cardenal Cisneros.

Juana y el cadáver de su esposo Felipe no llegarían a Granada. Fernando el Católico regresa de Italia (28 agosto 1509) de tomar posesión del Reino de Nápoles, y se entrevista con su hija Juana en Tórtoles de Esgueva (Burgos) (15 febrero 1509),  volviendo a asumir el gobierno de Castilla. Doña Juana fue trasladada a Tordesillas donde permanecería casi 47 años recluida hasta su muerte en 1555. El féretro de don Felipe se colocó entonces en el monasterio de Santa Clara para que ella pudiera contemplarlo desde una ventana del palacio. Su única compañía sería la de su última hija, Catalina, hasta que ésta salió en 1525 para casarse con Juan III de Portugal. Encierro que mantendría su hijo Carlos I cuando llegó a España. Encierro que también estuvo motivado para impedir las apetencias del rey de Inglaterra y el Emperador Maximiliano sobre el gobierno de Castilla.

En el verano de 1507, Fernando el Católico retorna a España desde Italia a donde había ido para consolidar un dominio aún frágil en Nápoles -conquistada por Gonzalo Fernández de Córdoba, «El Gran Capitán» desde los años de la reina Isabel, para recuperar en España el poder que dos años antes le habían arrebatado en Castilla.

Tras regresar de tomar posesión del Reino de Nápoles, Fernando el Católico se entrevistó con su hija el 28 de agosto de 1507 y volvió a asumir el gobierno de Castilla Desembarca el rey Fernando en Valencia, atraviesa Soria y en Tortoles de Esgueva (Burgos) se encuentra con su hija, la princesa Juana, en un carro tirado por caballos con el ataúd de su esposo Felipe. Padre e hija tomaron el camino de Burgos, pero doña Juana se negó a seguir. Fernando no vaciló y para evitar reclamaciones sobre su derecho al trono, hizo que la encerraran en el castillo de Tordesillas (Valladolid).

En diciembre de 1509 pactó con el emperador Maximiliano I la renuncia de las pretensiones imperiales a la regencia en Castilla y las Cortes de 1510 le ratificaron como regente.

 

En toda esta complicada y difícil situación institucional de Estado Francisco Jiménez de Cisneros fue un excelente reformador en la Iglesia y un excelente estadista, incluso enérgico con los aristócratas levantiscos. Sería acreedor al reconocimiento posterior también por su mecenazgo cultural (La Universidad de Alcalá, la Bíblia Políglota Complutense…) incluso por sus ardores de cristiandad tanto en la reforma y formación del clero como en sus afanes de conversión (moriscos de Granada y conquista de Orán, merecieron que el rey Fernando consiguiese para al arzobispo de Toledo Francisco Jiménez de Cisneros en compensación y justo agradecimiento por su inquebrantable lealtad el capelo cardenalicio, otorgado por el Papa Julio II en 1507 y con la dirección de la Inquisición. Entre 1507 y 1516, aun con graves dificultades, Cisneros y el rey Fernando lograban recobrar el prestigio que la monarquía había perdido.

Una vez más iba a ser determinante el papel de Cisneros. Como deseaba la reina Isabel en su testamento, su esposo el rey Fernando regresó al Gobierno de Castilla durante una década dando tiempo a que llegase Carlos de Gante que se convertiría en Carlos I de España y V de Alemania. Pero con dos problemas: el tiempo transcurrido entre la muerte de Felipe (25 septiembre 1506) y la llegada de Fernando a Castilla y los diez años transcurridos desde la muerte de Fernando (que sería Regente de Castilla 1507-1516) por incapacidad de su hija Juana y la muerte de Felipe I, hasta la llegada de Carlos, Cisneros sería nombrado Regente.

La alarma se manifestaba ya en el testamento de la reina Isabel que deseaba que supuesto que Fernando no podía mantenerse al mismo tiempo en Castilla y Aragón lo mejor era que todo siguiese igual dando tiempo a que la nueva generación -el nieto Carlos (hijo de Felipe y Juana)- llegase al poder y le pedía a su hija Juana que dejase el Gobierno de Castilla en manos de su padre Fernando. Nuevamente el papel del cardenal Cisneros resultaba vital ante el vacío de poder producido por Juana la verdadera reina de Castilla recluida en Tordesillas (Valladolid) desde 1509 aunque ya en la sombra con sus facultades mentales más mermadas. Su padre Ferrando el Católico fallecería en 1516.



Monasterio de Tórtoles de Esgueva (Burgos). Con el tiempo la comunidad de monjas pasaría a Aranda de Duero (Burgos)

Por tanto el problema político seguía en pie. Fernando el Católico regresó a Castilla y empezó otra vez a gobernar en nombre de su hija Juana. La suerte de la reina no estaba todavía echada.

Entre 1507 y 1516, aun con dificultades, Cisneros y el rey Fernando lograron devolver un tanto el prestigio que la monarquía había perdido. Y también una increíble expansión por el Norte de África recomendada ya por la reina Isabel en su testamento, con un apoyo directo del cardenal Cisneros apoderándose de las plazas de Orán, Bugía, Trípoli y Argel entre los años 1509 y 1511. Anteriormente en 1499 Isabel y Fernando llevaron a Cisneros a Granada ya conquistada a los musulmanes para reforzar su conversión. Nuevo éxito de Fernando también logrando la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla en las Cortes de Burgos de 1515. Años también en que Castilla tras el descubrimiento se expandía por el Caribe y el continente americano.

El 23 de enero 1516 moría el rey Fernando en Madrigalejo (Cáceres). Fernando II de Aragón y V de Castilla y también Regente de la Corona Castellana entre 1507 y 1516, por inhabilitación de su hija Juana I de Castilla. Como escribía el historiador Pedro Mártir de Anglería, humanista y miembro del consejo de los Reyes Católicos (1496-1526) refiriéndose a Fernando el Católico:  «el señor de tantos reinos, el adornado de tantas palmas, el propagador de la religión católica y el vencedor de tantos enemigos, murió en una miserable casa rústica y, contra la opinión de las gentes, pobre«. Dejaba la Corona de Aragón a su hija Juana, nombrando también al príncipe su nieto Carlos, Gobernador y Administrador General en nombre de su madre, incapacitada por su enfermedad,, nombrando también al cardenal Cisneros Regente de Castilla.

En el año transcurrido desde la muerte de Fernando el Católico (23 enero 1516) hasta la del cardenal Cisneros (8 noviembre 1517), precisamente cuando se dirigía recibir al nuevo rey Carlos en Valladolid, Cisneros tuvo que afrontar gravísimos problemas a la espera de que el príncipe Carlos llegase de Flandes a España en un delicadísima etapa institucional de vacío de poder en el Estado cubierta gracias al insustituible papel del cardenal Cisneros «aquel vigoroso anciano que tanto había dado a la España de su tiempo» como reconocía ya en nuestro tiempo el gran historiador y especialista de esa delicada época Manuel Fernández Álvarez.

Este será precisamente el comienzo de la 3ª y última parte de esta serie del V Centenario de la muerte del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.

-Continúa en la III parte


Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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