Viqui Molins y el padre Ángel presentan en San Antón "Dios en la calle" (Claret)

«No somos redentores, sólo podemos compartir con los más pobres sus impotencias. Es lo que haría Jesús»

"Seguir al Papa es seguir a Cristo, al Evangelio. Hace más que gestos, hace gestas"

"No somos redentores, sólo podemos compartir con los más pobres sus impotencias. Es lo que haría Jesús"
Viqui Molins y el padre Ángel, en San Antón RD

Sería bonito que los políticos durmieran un día en la calle, que lo probaran. Yo lo hice, y es fácil, porque nosotros tenemos un colchón que nos espera. Tenemos pasaje de vuelta de la pobreza. Ellos no

(Jesús Bastante).- «Compadecerse es compartir impotencias«. Cuando el Papa Francisco instituyó la I Jornada Mundial por los Pobres, que se celebra este domingo, parecía pensar en ellos dos. Nacidos en plena Guerra Civil, con una vocación abierta y entregada a los más pobres de entre los pobres, la religiosa Viqui Molins y el padre Ángel siguen, 80 años después, provocando pequeños ‘milagros’, y gestionando oasis de solidaridad y alegría en mitad de dos bulliciosas ciudades, Madrid y Barcelona, que pese a todo, hoy, están más cerca gracias a las parroquias 24 horas de San Antón y Santa Anna.

Su experiencia vital, y su amistad, fueron el eje de la presentación dialogada de «Dios en la calle» (Claret), un conjunto de cartas cruzadas entre el sacerdote y la religiosa, que tuvo lugar ayer en la madrileña iglesia de San Antón, y que hoy se repetirá en Santa Anna. Un libro, fruto del afecto y de la pasión por los más pobres, cuyos beneficios íntegros (el coste son 12,90 euros) irán a los programas que Molins y Ángel llevan a cabo en estos dos templos de la solidaridad.

Durante la conversación, se abordaron numerosas cuestiones, desde la pobreza y la insolidaridad a la crisis entre Cataluña y el resto de España, pasando por personajes ilustres que marcaron la vida de ambos, como el cardenal Tarancón (cuya figura será homenajeada la semana que viene en el templo madrileño) o Pedro Casaldáliga. Pero, sobre todo, de esos ‘dioses’ que, a diario, ambos profetas encuentran en las calles de Madrid, Barcelona o el mundo.

 

 

«Yo me encuentro a Dios cada día», recalcó la teresiana, quien habló de la «mística del carrer», porque «a Dios lo encontramos siempre en la calle, en los rostros de los que sufren«. El padre Ángel, por su parte, recordó cómo, hace unos meses, un obispo que visitó San Antón le dijo «que los pobres son los verdaderos tesoros de la Iglesia». De esa Iglesia ‘pobre y para los pobres’ con la que sueñan estos tres octogenarios: Viqui, Ángel… y Jorge Mario Bergoglio.

«Francisco es un viento huracanado que nos alienta a algo que veíamos claro», resalta Molins. «Es una bendición de Dios», asegura el padre Ángel. «Seguir al Papa es seguir a Cristo, al Evangelio. Hace más que gestos, hace gestas».

¿Cómo surge la idea de estas cartas de amor cruzadas? «Por amistad -señaló Molins-. Cuando dos son amigos, son como dos almas». Al principio, quisieron llamar al libro ‘Un cura y una monja se confiesan’, pero triunfó el actual. «Nos enviábamos correos electrónicos, semana tras semana. Al final, las esperábamos con ilusión».

Para la teresiana, lo que le ‘enamoró’ del cura de Mieres fue «que es como un caos… el del amor sin límites. Él es uno de los protagonistas del lío que pregona el Papa Francisco. Con él, no hay horarios, no hay prisa. La única prisa es por abrazar». El padre Ángel le correspondió: «Es como Teresa de Calcuta. Es la madre Teresa actual».

Una historia de amor compartido y alegre, que paradójicamente hunde sus raíces en el dolor, en los que más sufren. ¿Por qué viven tan alegres Molins y García? ¿Cuál es la fórmula? Viqui Molins sí admite que «hay momentos duros, pero estas personas -dijo, señalando a varios sin techo que acudieron, y participaron, en la conversación- me han enseñado a amar de una manera diferente. Ellos sí que son héroes, aguantan lo que nosotros no podríamos, con una serenidad que me admira«.

 

 

Para el padre Ángel, la fórmula es clara: «Los que se quieren, quieren a las personas. Y así puedes poder seguir queriendo a la gente». «No hay nada más bonito que amar, pero no es nada del otro mundo. Tenemos que ponernos en sus zapatos«. «Nos dan lecciones a cada rato, aunque sean los invisibles», clamó Molins. «Veo tanto amor en vosotros…».

El padre Ángel creó el milagro de San Antón. Viqui Molins es el ‘alma mater’ (junto con Peio Sánchez) de Santa Anna. Para el sacerdote, su parroquia hermana de Barcelona «ha sido un milagro, una gozada. En el centro mismo de Barcelona se pueden ver milagros de solidaridad. Santa Anna es mi iglesia».

Para Molins, el templo de san Antón «fue una sorpresa maravillosa. Recuerdo que entré por la puerta y me sentí encantada por el caos de una iglesia distinta, donde pueden entrar perros, donde había un señor con la pierna enyesada descansando; mesas camilla, confesionarios, rezos… Y Ángel, disfrutando. Es un templo en el que todo el que quiere puede venir».

Parecía imposible, pero el milagro, en Barcelona y en Madrid, se produjo. «Las cosas de Dios, las utopías se realizan cuando estamos todos un poco locos», recordó la teresiana. «Es una gozada. Ya me puedo ir en paz, esto debe ser la salvación». «Sí, pero vamos a esperar un poco para irnos», contestó el padre Ángel. Y es que queda mucho por hacer.

 

 

Madrid, Barcelona. España, Cataluña. Y, en medio, dos oasis que nos permiten percibir que, pese a todo, es posible el encuentro. «Una cosa es la política y otra la sociedad», insistió Molins. «Somos amigos de dos ciudades distintas y dispares. Nos unen muchas cosas, que están por encima de toda raza, pueblo y nación».

Un libro de cartas cruzadas, pero en la que falta una. Preguntados, responden unánimemente. «¿Le escribimos al Papa? ¡Le escribimos!». Y uno no duda de que lo harán. Y una petición, casi un clamor. «Sería bonito que los políticos durmieran un día en la calle, que lo probaran. Yo lo hice, y es fácil, porque nosotros tenemos un colchón que nos espera. Tenemos pasaje de vuelta de la pobreza. Ellos no», denunció el padre Ángel.

Y, como colofón, una sintética clase de Teología. La de los pobres. «La mejor manera de compadecerse, de sentir compasion, es compartir impotencias. Yo no soy redentora, no puedo salvar a nadie. Estoy en un mundo de drogadictos, ‘delincuentes’, que la gente repudia. Yo me siento al lado de ellos, pero no puedo sacarlos. Pero sí ponerme a su lado. Eso es lo que haría Jesús».

Dos octogenarios, dos «viejóvenes», que muestran, pese a todo, que «un mundo mejor es posible». «Hay mucha tristeza y enfermedades, pero montón de cooperantes y voluntarios. San Antón y Santa Anna funcionan gracias a ellos… y gracias a vosotros», dijo el padre Ángel, señalando a los sin techo con los que, después, compartimos un zumo. «El de arriba está encantado con vosotros«, culminó Molins, «pero también es impotente aquí. Por la libertad, unos se han apoderado de la riqueza y otros están en la miseria. Pero a vosotros os ha tocado el amor más grande».

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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