"Liberar la teología de la ideología"

Teología de la liberación o liberación de la teología

"Si los pobres no están en la misa, es porque se la robaron"

Teología de la liberación o liberación de la teología
Frei Bento Domingues

Juan XXIII no escribió ni una línea de la teología de la liberación, pero comenzó en ese momento la liberación de la Iglesia y la liberación de la teología en el mundo actual

(Frei Bento Domingues, O.P.).- El s. XX, cuando se observan las persistentes luchas de la teología católica que lo recorrieron, mostró que no logró convivir con la herencia autoritaria del s. XIX, trazada por Pío IX, por el Vaticano I y por la enigmática infalibilidad pontificia. No vengó la idea de los que creían que, a partir de ese momento, las expresiones de la fe quedaban adecuadamente formuladas para enfrentar los tiempos modernos. Los concilios eclesiásticos dejaban de tener razón de ser y los teólogos podían ir para las vacaciones.

No fue lo que pasó. Esta ilusión olvidaba que la verdadera energía de la fe cristiana no paraliza las actividades cognitivas y afectivas del ser humano. No es un calmante y mucho menos una anestesia. Es un impulso vital y una nueva lucidez en el corazón de la vida cotidiana. Es del encuentro de su llama con los acontecimientos inéditos que nace la co-agitación teológica y la luz para sus prácticas de liberación espiritual, cultural, económica, social y política. Al respetar y alimentar la originalidad de cada una de esas dimensiones de la realidad, siempre multifacética, el cristianismo manifiesta su fidelidad al cielo ya la tierra.

No hay que olvidar que la primera mitad del s. XX fue constituida por uno de los tiempos más innovadores desde el punto de vista teológico. Esta innovación fue el fruto de las nuevas formas de exégesis bíblica, de redescubiertas de los Padres de la Iglesia, del análisis de la historia de los concilios ecuménicos, de las formas desconocidas de la liturgia, en suma, del encuentro con los testimonios de las fuentes más genuinas y muy ignoradas de los diversos itinerarios de la fe cristiana. No eran visitas guiadas a un museo de antigüedades muertas. El descubrimiento de la pluralidad viva y turbulenta del pasado abría el camino a nuevas experiencias y movimientos

Las experiencias ecuménicas, misioneras, pastorales y las del encuentro con un mundo en el que las iglesias ya no mandaban, obligaron a la inteligencia de la fe a volverse más interrogativa, más inquieta, más agitada por las convulsiones de dos grandes guerras mundiales. La teología tenía que abandonar el mundo de las abstracciones y bajar al concreto, a las realidades terrestres, humanas. Las tierras de misión ya no se quedaban lejos. Pero la ceguera ideológica de los grandes señores de las instituciones de la Iglesia, salvo fantásticas excepciones, prefería condenar a dialogar.

2. Después de tantas condenas romanas que alcanzaron los movimientos, las experiencias innovadoras y los teólogos más creativos y, cuando muchos católicos pensaban que ya no había esperanza en la renovación de la Iglesia, fue elegido Papa, el 28 de octubre de 1959, un hombre nacido, en 1881. Se llamaba Angello Roncalli. Después de la sorpresa general, se juzgó que era una salida de emergencia hasta encontrar una guía segura para tiempos difíciles y complejos.

De hecho, Juan XXIII conocía muchos mundos, las peripecias internas de la Iglesia de los siglos XIX y XX y sus dificultades de relación con el mundo contemporáneo. No se presentó con ningún programa salvador. Al hacer la barba, se acordó de convocar un concilio ecuménico, como le gustaba decir para ocultar su divina clarividencia.

No escribió ninguna línea de la teología de la liberación, pero comenzó en ese momento la liberación de la Iglesia y la liberación de la teología en el mundo actual. Lo recuerdo porque estamos confrontados con varios movimientos organizados para que la orientación de la Iglesia católica regrese a los tiempos anteriores al prodigioso Vaticano II. También son activos en Portugal y, en particular, en Fátima. No toleran que el Papa Francisco, después de un largo invierno, retome la primavera de Juan

3. Se están celebrando los 50 años de la Universidad Católica y de su Facultad de Teología. ¡Mis felicitaciones!

Una calificada representación se desplazó a la Sede de Pedro. El Papa respondió al saludo del Gran Canciller, cardenal Manuel Clemente, con una incisiva interpelación y un llamamiento que nacen de una interrogación que debe obligar, profesores y alumnos, a un examen serio acerca de la orientación que están a continuación. ¿Qué buscan? Una carrera o una mayor capacidad de servir a los más pobres? [1]

«Es justo que nos interroguemos: ¿Cómo ayudamos a nuestros alumnos a no mirar un grado universitario como sinónimo de mayor posición, sinónimo de más dinero o mayor prestigio social? No son sinónimos. Ayudamos a ver esta preparación como signo de mayor responsabilidad ante los problemas de hoy, ante el cuidado del más pobre, ante el cuidado del medio ambiente, no basta con realizar análisis, descripciones de la realidad, es necesario generar espacios de verdadera investigación, debates que generen alternativas a los problemas de hoy, como es necesario descender concreto.

El Papa, en su intervención, parece que tiene la obsesión de volver siempre a lo concreto: «Quisiera recordar el principio de la encarnación en la piel de nuestroo pueblo. Sus preguntas nos ayudan a cuestionarnos, sus batallas, sueños y preocupaciones y en el sentido de que el hombre no es el hombre, sino el hombre, el hombre, el hombre, el hombre, y el hombre. tenemos otro lugar donde el buscar a no ser en nuestro mundo concreto, en vuestro Portugal concreto, en vuestras ciudades y aldeas, en vuestro pueblo «. Es ahí donde Él está salvando.

Bergoglio no se olvidó de una interrogación aún más global: para que exista la Universidad Católica? ¿Qué intereses sirve?

«Por naturaleza y misión, sois universidad, es decir, abrazáis el universo del saber en su significado humano y divino, para garantizar aquella mirada de universalidad sin el cual la razón, resignada con modelos parciales, renuncia a su aspiración más alta: la de a la vista de la grandeza de su saber y de su poder, la razón cede ante la presión de los intereses y la atracción de la utilidad, acabando por reconocerla como su último criterio. Pero cuando el ser humano se entrega a las fuerzas ciegas del inconsciente, de las necesidades inmediatas, del egoísmo, entonces su libertad se enferma. «En este sentido, está desnudo y expuesto frente a su propio poder que continúa creciendo, sin tener los instrumentos para controlarlo. Tal vez disponga de mecanismos superficiales, pero podemos afirmar que carece de una ética sólida, una cultura y una espiritualidad que le pongan realmente un límite y lo contengan dentro de un lúcido dominio de sí [2].

La teología académica, en Portugal, no tuvo los problemas que enuncié al comienzo de esta crónica. Estuvo en ayunas desde 1911 hasta 1968. Pero no es todo. Volveré a esta cuestión
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[1] Discurso del Papa Francisco a la comunidad de la Universidad Católica Portuguesa con motivo del 50 aniversario de su institución.
[2] Francisco, Laudato sí, 105

2ª parte

Recibí recientemente tres obras de tres consagrados autores portugueses. Una es de António Lobo Antunes, otra de Federico Lourenço y la tercera de António Damasio. Una pertenece a la creación literaria, otra a la ampliación de nuestro mundo bíblico y la tercera a la investigación científica. La antropología científica, filosófica y sapiencial de António Damasio es el guión y el mapa que nos faltaban para el fascinante viaje a las raíces de la vida, de los sentimientos y de las culturas humanas, nadie puede atreverse lo que Federico Lourenço logra, la antropología científica, filosófica y sapiencial de Antonio Damasio. Nos muestra cómo y por qué «los seres humanos acaban siempre por depender de la maquinaria de los afectos y de sus vínculos con la razón. No hay manera de huir a tal condición.

Conocer esa maquinaria ayuda a no ser ciegos a conducir a otros ciegos para el desastre personal y colectivo. Las investigaciones destinadas a saber quiénes somos, cómo somos, quién podemos y debemos ser, requieren la cooperación de todas las ciencias y sabidurías. La cultura de la cooperación es un camino luminoso para irnos liberando del egoísmo, el enemigo público y privado del presente y del futuro de la humanidad.

Se repite que la ciencia y la tecnología se pueden utilizar para mejorar nuestro futuro, su potencial sigue siendo extraordinario, o pueden representar nuestra perdición. Se puede continuar, por otro lado, a desarrollar la idea de que el ser humano es una pasión inútil que importa sustituir por otra cosa más limpia, más inteligente y más rentable.

Esta cosa post-humana ya está configurada, pero sigo sin saber para quién.

«He destacado el nuevo libro de este investigador portugués, radicado en Estados Unidos, porque, en primer lugar, necesito de él -tal vez no sea el único- para percibir» el extraño orden de las cosas «en el evidente desorden del mundo. Al llegar al fin, expresa una actitud que es esencial para la liberación de la teología. Me permito transcribir:

«En primer lugar, y teniendo en cuenta los inmensos nuevos y poderosos descubrimientos científicos, es fácil ceder a la tentación de creer en certezas e interpretaciones prematuras que el tiempo se encargará de rechazar despiadadamente. Estoy preparado para defender mi actual visión sobre la biología de los sentimientos, la conciencia y las raíces de la mente cultural, pero no tengo ilusiones sobre la durabilidad de esa visión. En segundo lugar, aunque es posible hablar con cierta confianza de las características y de las operaciones de los organismos vivos y de su evolución, y aunque es posible situar el inicio del universo desde hace unos 13.000 millones de años, no tenemos ningún relato científico satisfactorio, al origen y al significado del Universo, es decir, no tenemos una teoría de todo lo que nos concierne. Se trata de recordar que nuestros esfuerzos son modestos y vacilantes, y que debemos estar abiertos y atentos cuando decidimos abordar lo desconocido «.


2. Si los líderes de la Iglesia, los teólogos, los sacerdotes y los catequistas tuvieran estos cuidados de puro sentido común habrían evitado a las comunidades cristianas muchos falsos problemas en el campo de la creación cultural, de las ciencias, de la acción pastoral y de la ética. No tomarían actitudes y decisiones que pudieran impedir una virtuosa apertura al futuro, al imprevisto e imprevisible.

Se nota esto en muchos ámbitos, pero se ha convertido en una tragedia que se profundiza y ensancha día a día en relación a los «ministerios ordenados» de solteros y casados, sobre todo a la declaración de que las mujeres nunca podrán recibir el sacramento de la Orden. ¿Podría preguntarse cómo se sabe tanto acerca del futuro y tan poco acerca del presente?

Se configuraron las instituciones funcionales de la Iglesia para determinados contextos sociales y culturales que no pueden tener garantías de eternidad. No teniendo esto en cuenta, acaban por dejar la vida pastoral en callejones sin salida, paralizada. Se abandonaron los avisos de Cristo: «para vino nuevo, odres nuevos»; «El sábado es para el ser humano y no el ser humano para el sábado». San Pablo no se olvidó: fue para la libertad que Cristo os liberó.

Es muy importante la cuestión y la historia de la teología de la liberación, pero vuelvo a decir que es aún más decisivo liberar la teología de la ideología, de la visión distorsionada de la fidelidad confundida con la repetición del pre-definido, del pre-sabido y del siempre rezado , así como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Uno de los modelos medievales de la práctica teológica, que siempre me gustaron, estaba ligado a la interrogación sistemática, es decir, a las cuestiones disputadas (quaestiones disputatae). Tomás de Aquino, además, estaba profundamente marcado por la teología negativa, que nada tenía de nihilista. Cualquier afirmación tenía que ir acompañada de negación. Después de describir su teoría del conocimiento teológico y de mostrar la razonabilidad de la afirmación de la existencia de Dios, dice que sería normal que se buscaba saber cómo es Dios, pero no podía ir por ahí, pues sólo podemos saber cómo no lo es. Esta es una teología de la liberación de la idolatría de nuestros conceptos de la divinidad.

Era el tiempo de la combinación del atrevimiento, en la teología, con la virtud de la modestia en su práctica. Tomás de Aquino sabía unir lo que otros separaban: procurar entender

3. Cuando me preguntan cuál fue el papel de la teología de la liberación en Portugal, tengo que tener en cuenta varios aspectos para poder responder. La teología académica, entre 1911 y 1968, estuvo en perfecto ayuno, como ya he dicho. No es una interpretación. Es un hecho. En la mayoría de los casos, la teología de los seminarios era de importación, de justificación de lo que estaba mandado creer y pensar, preparaba párrocos. El padre   era un teólogo por su cuenta. Testificaba la Largueza del Reino de Dios, que le salió caro, dada la estrechez de la ideología dominante.

Hay una producción histórica abundante sobre la relación de la Iglesia con el Estado Nuevo y el mundo de los católicos que la cuestionaban. En esta producción no se habla de teología de la liberación ni de la liberación de la teología, pero existieron ambas con los límites que las circunstancias eclesiales y políticas imponían, pero el conocimiento de sus recorridos tiene que quedarse para otra crónica.

Hoy, no puedo olvidar que el Papa Francisco, el practicante y resistente de la teología de la liberación y de la liberación de la teología, instituyó el Día Mundial del Pobre. Sucede este domingo. Si los pobres no están en la misa, es porque se la robaron.
19. 11. 2017
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António Damasio, La extraña orden de las cosas, Círculo de lectores, 2017, pp. 331-332.
Quien desee conocer lo que era la prisión de la teología en los años 50 del s. en el pasado, lee el impresionante Journal d’un théologien (1946-1956), de Yves Congar, Cerf, 2000
Summa Theologiae, q. III, Prólogo

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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