Bernardo Pérez Andreo

¿Necesitamos una nueva apologética?

"El auge de la religión va unido a la extensión de un pluralismo que es clave para entender la modernidad"

¿Necesitamos una nueva apologética?
Bernardo Pérez Andreo

No hay verdad más cierta que la necesidad de la religión para el ser humano, pero no hay mayor prudencia que alejar el poder de manos de los sacerdotes

(Bernardo Pérez Andreo).- Todos los años que van ya de este siglo XXI están marcados por un cierto giro en lo que atañe a la cuestión de la secularización. Si el último tercio del siglo XX estuvo determinado por una ferviente fe en la secularización como un producto necesario del proceso modernizador, los últimos años del siglo vieron nacer una propuesta a la que se sumaron insignes representantes de la propuesta secularizadora.

Ahora, se decía, los datos demuestran que la modernidad no está reñida con el auge de la religión. Es más, se ve que algunas de las muchas modernidades van de la mano de una religiosidad en aumento, con grupos religiosos boyantes y con religiones que no solo aumentan el número de fieles, sino que expanden sus dominios; la fuerza de la religión en el ámbito público es cada vez mayor.

Entre los nuevos conversos estuvo Peter L. Berger, que determinó el nuevo lenguaje con su obra Desecularization. Con el mismo fervor con el que defendió la secularización como proceso irresistible de la modernidad, ahora defendía la desecularización como proceso vinculado a la modernidad en el ámbito del pluralismo. Esta era la salvedad: que el auge de la religión va unido a la extensión de un pluralismo que, éste sí, sería la clave para entender la modernidad.

El pluralismo ayuda, en cierta medida, al crecimiento de la religión, pero, también en cierta medida, pone en cuestión las tradiciones particulares. Es decir, el pluralismo es lo que hay que pensar.

Por eso, en su última obra, Los numerosos altares de la modernidad, vuelve a dar un giro a su planteamiento, aunque solo de 90º. Acepta un cierto auge de las religiones, pero estas quedan embargadas por el pluralismo de iure, no solo de facto, que se extiende en la sociedad.

Esta situación es la que hay que seguir pensando, si queremos plantearnos correctamente nuestro ser cristiano en un mundo donde el pluralismo es la marca distintiva. Un pluralismo que rebaja las ambiciones de las religiones y que pone en su sitio a sus pretendidos dirigentes.

Como dijera Hume hace más casi tres siglos, no hay verdad más cierta que la necesidad de la religión para el ser humano, pero no hay mayor prudencia que alejar el poder de manos de los sacerdotes, de todos los sacerdotes.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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