Patxi Loidi

Carta de Navidad desde El Salvador

"Mientras mi salud resista, seguiré aquí haciendo lo que pueda"

Carta de Navidad desde El Salvador
Patxi Loidi

Es un dolor ir a esas zonas pobres, donde los egoísmos humanos se notan igual que en otras partes. Pero es un dolor necesario para no deshumanizarse

(Patxi Loidi).- Queridas sobrinas y sobrinos, hermanos-as de comunidad, amigas y amigos: Os deseo de todo corazón una Navidad muy feliz. Que esté llena de alegría, de buen humor, de gran acogida mutua. Y que el Amor de Dios esté en todos vosotros.

Me encuentro muy animado para estas navidades. Los jóvenes que viven con nosotros irán lógicamente a estar con sus familias. Conmigo vive Miguel Angel, misionero desde hace más de 25 años en Filipinas y en Perú, que vino aquí en febrero. Su ayuda es fundamental para mí. Estaremos los dos. Y no lejos de aquí, la Directora de la casa de chicas y su madre. Nos juntaremos para la cena de nochebuena y algún que otro día más. De nostalgias, nada. Será una noche muy agradable y también los demás días. No nos faltará trabajo, porque tenemos que preparar el año que viene.

Miguel y yo estamos viviendo con cuatro jóvenes. En enero van a venir cinco nuevos, que vivirán con Miguel en otra casa que está cerca. Los procesos son diferentes y conviene que por ahora estén separados. En la casa de chicas viven cinco y se les van a sumar cuatro en el mes de enero. Unos y otras tienen más de dieciocho años y hacen estudios universitarios. Los horarios de las casas hay que acomodarlos a las clases de los jóvenes, que generalmente empiezan temprano. Ello nos obliga a madrugar bastante. Procuro guardar los horarios comunes.

Los jóvenes completan su formación en nuestras casas. Tenemos reuniones de diálogo y de estudio. Hacemos tres ratos de oración de unos 10-15 minutos además de la misa. Cada cual hace además oración personal. Los educadores oramos más tiempo.

Semanalmente vamos a un barrio marginal grande. Yo voy con ellos, aunque me cuesta un poco más que antes. Hemos visitado a la mayoría de las familias y hemos hecho bastantes ayudas, incluso en reparación de las viviendas, que son malas, como os podéis figurar. Digo viviendas y no casas, porque son cualquier cosa menos casas. También hacemos algunas cosas especiales. Por el ejemplo, el próximo domingo, día 17, traeremos a nuestra casa a almorzar a unos 15 ancianos: será una comida navideña buena. Y se llevarán algo a sus viviendas. El lugar se llama La Cuchilla. La visita semanal a ese lugar es un compromiso importante para nosotros, algo que nos pide la fraternidad humana y, por supuesto, el evangelio.

No voy a deciros muchas cosas sobre estos días especiales. Sabéis tanto como yo sobre el significado espiritual de la Navidad. No la celebraríamos, si no hubiera venido Jesús. Me gustaría que todos mis amigos y amigas se acercaran más a Él en estos días. Y con él, a la gente pobre, donde están sus preferidas y preferidos. Es un dolor ir a esas zonas pobres, donde los egoísmos humanos se notan igual que en otras partes. Pero es un dolor necesario para no deshumanizarse. En un mundo como el nuestro, donde tanta gente vive mal, no pensar y hacer algo por esta gente es deshumanizarse. Siento la necesidad de estar en contacto directo con esas personas, aunque no logremos mucho, en parte por falta de medios.

Hace unas semanas se murió una ancianita, que había estado el año pasado en la cena de Navidad en nuestra casa con una docena de personas pobres. Miguel y yo y alguno de los chicos fuimos ya de noche a rezar por ella ante su cadáver. Eran pocas las personas que nos acompañaron. No creo que hubieran rezado nada o casi nada si no hubiéramos ido nosotros. Nos olvidamos de las linternas y anduvimos caminando a oscuras entre las casuchas y los charcos. Me pareció que no hicimos nada de particular: hicimos, sencillamente, lo que es lógico. Dios les da una inmensa acogida a esta gente cuando llegan adonde Él.

Tengo bastante trabajo. Hace un año me pidieron que escribiera el comentario del evangelio de cada día. Hasta entonces hacía el comentario del evangelio de los domingos. Acepté la propuesta, que me ha duplicado el trabajo. Y ha ocurrido que el comentario diario se ha extendido mucho, porque las personas que lo reciben lo mandan a sus amistades y estos a otros. Ha sido algo inesperado, que me anima a continuar. No sabemos cuánta gente los recibe, pero sabemos que llega a varios países. Es un trabajo fuerte, que hago a gusto.

Os he dicho que estoy bien de salud. Para mi edad, sí. Me defiendo más o menos bien, con bastante medicación. Mi decisión es simple. Mientras mi salud resista, seguiré aquí haciendo lo que pueda. Como los viajes largos me cansan, es probable que me quede aquí hasta mi despedida.

Nuevamente os deseo una dichosa Navidad. Os recordaremos. Os encomendaremos en nuestra oración. Pasadlo bien. Saludos de parte de los de esta casa. Recibid mi abrazo cálido, deseoso de vuestro bien. Que el recuerdo de Jesús os haga más felices de lo que ya sois.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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