Un camino para adiestrar la libertad

Discernimiento humano y espiritual ignaciano para la madurez psico-social

"Francisco nos llame a todo este discernimiento humano, espiritual y liberador"

Discernimiento humano y espiritual ignaciano para la madurez psico-social
Ignacio de Loyola

La comunión fraterna de amor con Dios y con los otros nos trasciende al anuncio de la fe y la justicia, a la denuncia del mal e injusticias y a las luchas liberadoras con las causas de los pobres

(A. Ortega, Loyola&News).- Como es sabido, San Ignacio de Loyola es uno de los maestros y testimonios de la espiritualidad, con ese legado tan significativo que nos deja: sus Ejercicios Espirituales (EE).

En el que nos propone un profundo y verdadero método (camino) de discernimiento. Tal como nos enseñan los estudios e investigaciones actuales, la espiritualidad y cosmovisión ignaciana se adelanta a su tiempo. Siendo pionera de lo que, más tarde, desarrollarán las ciencias sociales o humanas con sus perspectivas críticas. Como, por ejemplo, la psicología y sus corrientes como el psicoanálisis.

Desde su propia experiencia como nos relata en su Autobiografía (A), que luego nos transmitirá en los EE con este método y discernimiento, San Ignacio es un profundo conocedor de la persona. Y nos muestra los deseos, afectos, pasiones y motivos o motivaciones que marcan a la persona, la búsqueda del sentido de la vida y trascendencia del ser humano.

San Ignacio afirma: «presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, el qual sale de mi mera libertad y querer; y otros dos, que vienen de fuera: el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo» (EE 33). De esta forma, nos está manifestando que el ser humano está constituido y afectado por unas realidades o dinamismos. Como son la libertad y voluntad personal (cf. EE 2-3), que se realizan en el bien o en el mal, en la justicia o injusticia, en la gracia o el pecado, en la vida o la muerte. Y estas realidades y dinamismos que nos afectan o mueven, son las que debemos contemplar, discernir y examinar o valorar para un desarrollo humano, psico-social e integral.

Tal como se puede observar, San Ignacio nos comunica un camino pedagógico, humano y espiritual para adiestrar la libertad. Y que nos lleva a un discernimiento crítico para el bien, a una existencia de amor y liberadora del mal e injusticia. Así nos lo expone en el Principio y Fundamento (cf. EE 23).

 

 

San Ignacio y el don de la vida

El don de la vida, que para la fe es Dios mismo, mueve al ser humano a discernir y elegir todo aquello que lo libere de las idolatrías de las cosas, de la riqueza-ser rico y el poder. La persona realiza pues todo un discernimiento, para la promoción y liberación integral de estos ídolos que se ponen en lugar de la realización humana y espiritual; que impiden ser libres para servir, amar y estar en comunión fraterna con los otros, con la naturaleza-universo y con Dios mismo.

San Ignacio nos llama a toda esta contemplación y discernimiento para ir alcanzando el amor con su praxis (cf. EE 230-237). Dios es Amor y nos regala su Gracia para esta comunión de vida, bienes y de servicio al bien más universal. Como nos transmite San Ignacio en su experiencia vital en el Cardoner (A 31), es contemplar y discernir todo lo real con una mirada renovada, lúcida, razonable, crítica y trascedente.

Una realidad global, diversa, inter-relacionada, dinámica y abierta a la trascendencia. Es ser honrados con lo real que, como Dios mismo en Jesús, ejerce la mirada misericordiosa y compasiva que carga con la realidad. Asumiendo solidariamente el sufrimiento, mal, muerte e injusticia que padece la humanidad y el mundo. Desde esta espiritualidad de encarnación de la misericordia y solidaridad, como nos revela Dios, se va efectuando la liberación integral de todo este dolor, pecado, mal, muerte e injusticia.

Como nos mostraba T. Adorno, esta com-pasión con el dolor nos lleva a la verdad. El pensamiento que no se decapita desemboca en la trascendencia, y la luz del conocimiento es toda esta liberación integral (cf. Minima Moralia, 250). El ir desarrollando todo este discernimiento y conciencia crítica, moral y espiritual ante el mal e injusticia que nos afecta, nos trasciende ante Jesús Crucificado (EE 53) y, como nos enseña I. Ellacuría, a los crucificados de la tierra. Es el cargar con la realidad, en una inteligencia ética, para bajar de la cruz a los pueblos crucificados.

A la luz de la fe en el Crucificado y de la razón, con sus mediaciones como son las ciencias sociales, el signo permanente de los tiempos, que siempre hay que discernir e historizar, son los pueblos crucificados por el mal e injusticia. Lo cual supone encargarse de toda esta realidad, con una inteligencia social e histórica en la praxis liberadora por la justicia con los pobres de la tierra.

Esta contemplación en la acción del amor al servicio de la fe y la justicia con los pobres, en comunidades humanas y eclesiales de solidaridad, nos religa a la mística del encuentro y comunión con Jesús Pobre y Crucificado (EE 116). Tal como, decisivamente, la experimenta San Ignacio en la Storta (AA 96). Por tanto, el discernimiento verdadero del buen espíritu y del bien más universal, para una vida libre en la humildad y amor que nos libera del mal e injusticia, se realiza en la opción por esta cruz y por los pobres con una vida de pobreza solidaria (cf. Carta de San Ignacio a la Comunidad de Padua).

 

Humanismo y bien común

Como aparece en la meditación de dos banderas (EE 136-142) y en las maneras de humildad (EE 167-168), desde el seguimiento de Cristo Pobre y Crucificado, es una vida humilde y pobre que nos va liberando de los ídolos de la riqueza-ser, poder y privilegios. Lo que nos lleva a una existencia de realización, felicidad y desarrollo integral, de vida humanizadora, plena y eterna.

Desde su propio campo y especificidad, la misma psicología nos enseña este camino de madurez humana y espiritual. Mediante un vida de amor y de trabajo en libertad, al servicio del bien más universal, que transforma toda la existencia y el mundo. El desarrollo psico-social y maduración (humana y mística-cristiana) se va alcanzando en este amor y comunión con los otros, con el corazón de la materia-cosmos (T. de Chardin) y con Dios que nos llama a la existencia en solidaridad. Esto es, el compartir la vida, bienes y compromiso solidario por la justicia liberadora con los pobres de la tierra.

En contra de todos estos ídolos de la riqueza-ser rico, poder y violencia. El ser humano y espiritual equilibrado, adulto y maduro es el que une de forma fecunda e inseparable la mística y la profecía. La comunión fraterna de amor con Dios y con los otros nos trasciende al anuncio de la fe y la justicia, a la denuncia del mal e injusticias y a las luchas liberadoras con las causas de los pobres en oposición a toda dominación u opresión.

El buscar y hallar a Dios en todas las cosas que, como vive San Ignacio en su madurez (A 99-100), trasluce una mística de la vida cotidiana y de la alegría en el mundo (K. Rahner). Unida estrechamente a la caridad política transformadora, para el bien público más extenso e intenso, y a la esperanza.

Es un auténtico humanismo y espiritualidad que discierne el bien: promoviendo todo aquello que da vida, dignidad y justicia con los pobres; posibilitando que las personas, los pueblos y los pobres sean los sujetos protagonistas de su desarrollo, promoción y liberación integral. Se trata de buscar siempre el bien más universal y la mayor (magis) gloria de Dios en la civilización del amor, del trabajo y la pobreza.

El bien común mundial, un trabajo digno para toda persona con derechos como es un salario justo, una economía ética al servicio de las necesidades de la vida y los pueblos. En un desarrollo humano, ecológico, liberador e integral con una vida austera, sobria y sostenible. Frente a la civilización del capital y la riqueza con los falsos dioses del lucro, beneficio, poseer, dinero-riqueza (ser rico) y tener que alienan y esclavizan a todo este ser persona fraterna, solidaria, feliz y libre. Por todo ello se comprende que, en la actualidad, el Papa Francisco nos llame a todo este discernimiento humano, espiritual y liberador en sintonía cordial con la espiritualidad ignaciana.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído