"El rechazo abierto se ha ido acentuando"

¿Cómo acogerán los peruanos al Papa Francisco?

"No debemos permitir que su mensaje sea domesticado"

¿Cómo acogerán los peruanos al Papa Francisco?
Bienvenida al Papa en Perú Agencias

La tendencia acomodaticia tendencia ciertamente valora el magisterio de Francisco -no le queda de otra- pero se siente resentida por el cambio de perspectiva en las líneas pastorales

(Enrique Vega-Dávila, teólogo).- El Papa Francisco llegó al Perú y me parece oportuno revisar las diferentes posturas existentes en torno a su llegada. En todas las parroquias de Lima se pueden apreciar pancartas que saludan al Papa pero el ánimo no es el mismo dada la situación política del país; las diferentes tendencias evidenciadas en el diario peruano La República se han ido polarizando dado el contexto político y social que se vive. Quisiera en las siguientes líneas continuar la reflexión de aquella columna y ahondar en alguna de ellas.

Mantenemos las 5 tendencias evidenciadas en la columna mencionada citada: De alegría, de rechazo abierto, acomodaticia, de insatisfacción y de indiferencia.

Del primer grupo dijimos anteriormente que se identificaba con el catolicismo practicante que ha motivado a una buena cantidad de jóvenes a formar parte de la llamada guardia del Papa y ha organizado una serie de eventos como vigilias, concursos de cantos, jornadas de reflexión acerca de los temas abordados por Francisco o del significado de los lugares que visitará en nuestras tierras -relacionados con el fenómeno de Niño y con la Amazonía tan bella como vulnerable- además asociada con la vulnerabilidad de muchas personas que viven trata o de una tierra destruida por la deforestación y la minería ilegal.

Más esta alegría no solo ha calado en el sector practicante sino también en el comercial que, como en otros lugares, ha ido elaborando no solo un kit con lo necesario para la peregrinación sino también camisetas, banderolas y otros suplementos: el comercio no ha podido desaprovechar la oportunidad de obtener réditos en esta visita.

La segunda tendencia, de rechazo abierto, se ha ido acentuando cada vez más debido a la insistencia de un Estado que se reconoce laico pero que no ha sabido relacionarse de modo correcto con la Iglesia católica. A esto se debe añadir que la crítica actual está relacionada con la coyuntura del país, con un Ejecutivo débil, cada vez más rechazado y que se encuentra asociado a la corrupción; se critica que el arzobispado de Lima reciba dinero de una de las instituciones más deslegitimada del país, como lo es Congreso de la República, ya que da la impresión que con una mano se dan donaciones y con la otra se inestabiliza al país.

Se debe añadir, además, que el rechazo explícito se ha acentuado por la poca celeridad frente a las acusaciones realizadas por las víctimas de pedofilia o violencia sexual; la noticia de intervenir al Sodalitium fue muy bien recibida en muchos sectores, pero es leída por este sector como una estrategia política para quedar bien frente al pueblo.

Debemos añadir, además, un rechazo abierto expresado por la derecha liberal a quienes el mensaje liberador de Francisco le es preocupante; en un medio local se leía hace poco en una columna que «su percepción (la de Francisco) sobre la economía de libre mercado y las causas en las que supuestamente ‘media’ es una señal, cuando menos, preocupante».

La tercera tendencia, la que reconocíamos como acomodaticia, estos últimos meses ha sacado las garras y ha querido hacer de Francisco un patrimonio exclusivo. Las discusiones que hubo sobre dónde debería ser la celebración de la Eucaristía en la ciudad de Lima evidenció a la sociedad civil una Iglesia peruana dividida; por un lado, el Ejecutivo coordinando acciones y, por otro lado, el arzobispado de Lima queriendo acaparar todas las coordinaciones.

Esta tendencia ciertamente valora el magisterio de Francisco -no le queda de otra- pero se siente resentida por el cambio de perspectiva en las líneas pastorales, menos centrada en lo doctrinal y más optimista con la permanente actitud misionera.

Cesar Augusto Barahona, en una columna anterior en este mismo medio, cuestionaba el poco debate teológico en torno a la la llegada del Papa; este poco debate se debe a que quienes comparten esta tendencia se han adecuado convenientemente a ciertas líneas promovidas por el Papa. No van a entrar en debates públicos ni van a contradecir algo dicho por la Conferencia Episcopal pero sí han tenido sus propias agendas en torno a la visita de Francisco; no van a decir que están en contra de él y su apertura o críticas al sistema económico pero emplean ciertas expresiones que les sean si bien no favorables, sí manipulables.

Existen también quienes están insatisfechos con Francisco, quienes esperan más de él. En la primera tendencia ha habido alegría por la intervención al Sodalititum -la segunda lo ve como una estrategia política- quienes participan de esta cuarta tendencia no es gente que se considere enemiga del Papa pero asumen que lo que realiza es mucho ruido y pocas nueces, muy poco o casi nada.

Las palabras de Francisco gustan ciertamente, pero desde esta tendencia se reclama mayores estructuras de apoyo que viabilicen lo que está planteando y se exprese más rápidamente. La resistencia que ha generado la tercera tendencia ha sido tan fuerte que ha bloqueado o invisibilizado cualquier iniciativa en torno a la visita del Papa que no sea de acorde a cierto establishment; esto le da materia a esta tendencia insatisfecha puesto que no ve cambios. La atomización de ciertos sectores progresistas católicos y la poca participación mediática es caldo de cultivo para pensar que no se hace mucho. Quienes sienten insatisfacción con Francisco esperan por ejemplo una condena clara contra la pedofilia y que rechace presentes de gente relacionada con la corrupción: un mensaje a propósito de la inestabilidad política.

Y no podemos olvidar a «quienes no esperan nada de Francisco». En este grupo habíamos identificado a quienes no profesan ni el catolicismo ni el cristianismo ni ninguna fe. La diferencia entre el sector de rechazo y este es la indiferencia sobre el tema papal. Es cierto que Perú tiene una mayoría católica y no existe el rechazo abierto como se está manifestando en el país hermano de Chile, pero también existe una minoría para la que Francisco será un evento social, político, ciertamente histórico, pero que no cambia un ápice su existencia ni le es relevante su figura.

Hace unos meses quisimos poner en evidencia estas tendencias puesto que el país es heterogéneo. Y nos ratificamos en lo mismo: no podemos rechazar ninguna de estas tendencias puesto que a su modo están expresando constantes humanas que deben ser evangelizadas no bajo la imposición o la masificación sino por el testimonio y la respuesta madura a los cuestionamientos.

Quisiera finalizar insistiendo en algo que me parece fundamental. Quienes creemos en esta primavera eclesial no debemos permitir que el mensaje de Francisco sea domesticado ni por los sectores acomodaticios ni por la gente entusiasta del comercio. Es cierto que la situación política de nuestro país en estos momentos es alarmante -la institucionalidad corre el riesgo de ser mermada nuevamente- por eso incluso la misma palabra reconciliación empleada con tanto auge por cierto sector político deberá ser empleada con cautela.

La fuerza de Francisco puede ser interpretada acomodaticiamente. Existen actores y actrices del mundo de la política a quienes les conviene un Papa «soft», que no se meta en los embates políticos; otro sector demanda una palabra de condena clara a varios temas, y lo cierto es que junto a las tensiones existentes el anhelo de algo mejor para el país es un ya un grito potente.

Termino repitiendo lo mismo que en la columna anterior: «Jesús le dijo a Pedro que confirme en la fe a la comunidad cristiana, hoy queremos eso de Francisco, que siga confirmándonos en la fe, sin olvidar que esta se expresa en la justicia y la solidaridad, en el respeto a toda persona y a todo ser vivo, en el cuidado a la creación entera».

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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