Dividida, criticada y silenciada

La Iglesia que visita Francisco

"Que una mujer defienda a la Iglesia Católica es como un pavo defendiendo a la Navidad"

La Iglesia que visita Francisco
El Papa Francisco, a Perú

La Iglesia peruana no ha tenido una palabra profética frente al capitalismo neoliberal que explota y mata

(Enrique Vega-Dávila, teólogo, Lima).- El Papa Francisco ya está en el Perú y me parece importante reflexionar acerca tanto del modelo de Iglesia que Francisco viene promoviendo como de la Iglesia que existe y que Francisco visitará.

Una Iglesia dividida

No es extraño para mucha gente el hecho de que la Iglesia peruana esté dividada, este dato puede no ser apreciado por ciertos sectores de la sociedad civil, sin embargo es una situación real. La estructura eclesial, constuida por muchas comunidades de fe, a través de lo largo y ancho del país posee una serie de líneas pastorales que, aunque no quiera verse así, entran en cierta contradicción unas con otras. Estas contradicciones no se dan, de hecho, en el plano doctrinal necesariamente, sino más bien en la práctica, o mejor aún en la interpretación práctica de lo doctrinal.

Es interesante ver cómo se aprecia desde cierto sector de la sociedad civil esfuerzos, por un lado de la Conferencia Episcopal y, por otro lado, del arzobispado de Lima. Esto se ha ido evidenciando en las conferencias de prensa, en los concursos e, incluso, con la recepción de la donación realizada por el Congreso o por el lugar donde se celebraría la misa en la ciudad de Lima.

Por otro lado, las líneas pastorales de Francisco ya sea con su Evangelii gaudium, con su Laudato si o con su Amoris laetitia aún no han visto concreción pastoral en esta Iglesia nacional. Se habla de Francisco en muchos espacios formativos y no dudo que se le valore, más existen pocas jurisdicciones que pongan en práctica lo propuesto por él.

El caso de Huancayo o de algunas zonas de la Selva al igual muchas congregaciones religiosas a través de sus oficinas de Justicia, Paz y Cuidado de la creación se han visto confirmadas por el papa argentino y son un claro ejemplo de los esfuerzos por poner en práctica Laudato si, pero no existe una política clara por parte de toda la Iglesia peruana en aplicar la reforma primaveral de Francisco.

La polarización eclesial, más que algo que fomentar, es un dolor profundo dado que no valora la riqueza de la diversidad; la oposición a la organicidad, por ejemplo en la Pastoral juvenil, ha debilitado procesos de formación a nivel nacional y ha ido mermando esfuerzos significativos por la vivencia de la integralidad de la fe. La no aceptación de otras líneas pastorales ha terminado por forzar al retiro a muchas congregaciones en la Iglesia del Sur Andino o de otras diócesis o prelaturas. Los nuevos nombramientos episcopales se han ido dando en lugares donde la polarización era más que evidente, pero aún hay camino por hacer.

 

Una Iglesia criticada

Negar las fuertes críticas que posee la Iglesia Católica en el Perú es cerrarse a la realidad. El caso Sodalititum ha sido de los más escandalosos y mediáticos pero existen, además, una serie de denuncias en muchos lugares del país en torno a temas similares. La sensación que se posee frente a estos delitos es de complicidad dado el silencio que se percibe. Una de las más potentes críticas recibidas en Chile es no haberse manifestado frente al obispo Barros y concelebrar con él, a pesar de que tal obispo es cuestionado por la cercanía a Karadima, perpetrador sistemático de abusos en Chile.

Otro tipo de críticas son más estructurales, quizá relacionadas al tema del rol de la mujer. Una amiga feminista me decía una vez de modo enfático: «Que una mujer defienda a la Iglesia Católica es como un pavo defendiendo a la Navidad». El rol de las mujeres en el liderazgo de la Iglesia es un tema pendiente no solo en el Perú sino en la Iglesia universal; en torno a la visita de Francisco esta problemática tiene relevancia debido a la violencia que se ha ejercido y ejerce contra las mujeres en el país y de la cual cierto sector eclesial no se ha manifestado abiertamente en contra, más bien han habido declaraciones de ciertos clérigos que culpabilizaban a las mismas mujeres de ser violentadas.

Una Iglesia silenciada

La situación política del Perú es tan compleja como siempre, las visitas de Juan Pablo II en 1985 y en 1988 también estuvieron acompañadas por crisis. Un país socialmente polarizado, que sufre el terrorismo y la violencia, económicamente devastado pero que recibe a un Papa carismático que convocaba a vivir la paz. Ahora, Francisco se enfrenta a un país dividido políticamente debido al indulto «humanitario» a Alberto Fujimori, con un gobierno debilitado y que se ha apropiado de la palabra «reconciliación» haciendo que un sector del país se sienta timado.

Existen personas que no desean que Francisco alce su voz en contra de una denuncia abierta a este tema y hay quienes estiman que hablará de todo y no dirá nada. Lo cierto es que la Iglesia no ha tenido una declaración oficial sobre tal situación política, el último comunicado de la Conferencia episcopal en torno a la vacancia presidencial fomentaba la institucionalidad del país, pero en un tema delicado como el indulto y las masivas marchas que se han ido dando durante estas semanas no ha habido mayor declaración. Este es un tema en el que nuevamente se ha polarizado la Iglesia, no es desconocida la cercanía de cierto sector eclesial al fujimorismo.

La situación de la Amazonía, la trata de personas, la minería ilegal, la tala indiscriminada o la muerte de los ríos forman parte también de la problemática del país. Existen más de 140 conflictos ambientales que no encuentran solución, existe una red de trata que se percibe como delito silencioso, todas estas injusticias son denunciadas por Francisco abiertamente; a la derecha peruana esto les parece excesivo auque no se diga abiertamente.

Lo cierto es que la misma Iglesia peruana no ha tenido una palabra profética frente al capitalismo neoliberal que explota y mata. Siempre ha habido clérigos que han dicho lo mismo que Francisco hace muchos años, pero son una minoría, congregaciones religiosas han apostado su vida entera en quitar este adormecimiento fomentado por el sistema, pero el invierno eclesial vivido muy fuertemente en Perú poco a poco fue aislando aquellos esfuerzos. Definitivamente, se vive un atomismo eclesial que no permite tener mayor incidencia.

Una Iglesia con retos

La pastoralidad es una tarea permanente en la Iglesia del Perú. Los estilos episcopales distan mucho de lo propuesto por Francisco, como insiste Rosa María Palacios; es cierto -como decíamos líneas anteriores- que existen ya esfuerzos en esa propuesta de Iglesia en salida expresada en los últimos nombramientos episcopales pero es de recordar que un modelo eclesial ha pervivido durante casi 30 años enquistándose y que no desea, de ningún modo, abandonar ni el poder ni la ascendencia mediática que posee.

El laicado ha vivido un retroceso en su autocomprensión, el mundo de la política y de la cultura han perdido presencia cristiana y se ha fomentado movimientos casi reaccionarios a cualquier forma de participación política. Existen movimientos universitarios con una línea de incidencia pública como la UNEC pero también movimientos reaccionarios que valoran la liturgia, comulgan de rodillas pero no comprenden las exigencias prácticas de la misericordia. La parroquia se ha convertido en un espacio de refugio y no de dinamización de procesos sociales y religiosos, necesariamente. Se necesita mayor incidencia en lo público pero no de modo restauracionista sino una Iglesia que dialogue, aporte y que no rechace todo lo que proviene de la sociedad civil.

No obstante las limitaciones existentes, el pueblo peruano está en búsqueda de referentes, nos encontramos en una sociedad que carece de liderazgos políticos y, más aún, éticos. Las palabras de Francisco pueden ayudar, ciertamente, a motivar a una iglesia peruana que está por despertar, pero hay que estar atentos y atentas para que ninguna persona de la clase política quiera darse un lavado de imagen por su apoyo al Papa, aunque Francisco no es ingenuo, es un político desde la fe. Hemos alertado en más de una ocasión acerca de la domesticación de su mensaje, cuidemos a Francisco, pero aún más cuidemos el Evangelio para que siga siendo concretizado en experiencias de liberación personal y comunitaria, en experiencias de justicia y solidaridad.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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