Josep Miquel Bausset

Las religiosas Vedrunas de Manresa

"Una parábola de la fraternidad que envuelve y cuida la fragilidad"

Las religiosas Vedrunas de Manresa
Josep Miquel Bausset

La generosidad de estas mujeres consagradas y su sensibilidad por la belleza de las cosas pequeñas, hacen posible una comunidad fraterna y gozosa

(Josep Miquel Bausset).- Hace unos días tuve el gozo de compartir una jornada de retiro con la comunidad de las Carmelitas de la Caridad (llamadas coloquialmente, Vedrunas) de Manresa. Estas hijas de Santa Joaquina de Vedruna, su fundadora, forman una congregación de vida activa, presente en Manresa desde 1854 y extendidas en cuatro continentes: Europa, Asia, África y América. Las Carmelitas de la Caridad es una familia religiosa comprometida con el anuncio del Evangelio en los campos de la educación, la sanidad y la acción social, especialmente a favor de los más desfavorecidos y más vulnerables de la sociedad.

Esta congregación, nacida en Vic en 1826, fue fundada por Santa Joaquina de Vedruna, una mujer avanzada a su tiempo, con un espíritu de comunidad familiar y una vida de pobreza y sobriedad, haciéndose presentes a la manera de Jesús de Nazaret, maestro, sanador y liberador.

Las Vedrunas de Manresa, en el atardecer de la vida, llevan en el corazón y en la mirada, la amabilidad y la solicitud de las unas por las otras, después de largos años de servicio al Evangelio.

Con un corazón inmenso, estas 14 religiosas llevan la bondad y la dulzura en el rostro y en las manos, siempre a punto para ayudarse las unas a las otras.

Son mujeres de hoy, mujeres de una gran ternura, mujeres que han vivido el ayer, pero que, sin nostalgias, con discreción miran siempre hacia delante desde el silencio amoroso y elocuente y la oración asidua y alegre. 

Después de años de trabajo abnegado de todas ellas al servicio del Reino, como la hermana Adelaida Rovira, que estuvo 30 años en China, la hermana Pilar Garriga en Bolivia o la hermana Josefina Roca que estuvo en África, todas las hermanas, destinadas en diversos colegios, ahora, en el atardecer de la vida, comparten sus experiencias con alegría, a pesar de la debilidad de los años y de los achaques de la enfermedad. La generosidad de estas mujeres consagradas y su sensibilidad por la belleza de las cosas pequeñas, hacen posible una comunidad fraterna y gozosa.

La valentía de estas mujeres, cuando hace 50, 60 o 70 años comenzaron la aventura de la vida religiosa, desde la confianza en Dios, sigue intacta a pesar de los achaques de la ancianidad, ya que como consagradas saben que Dios es su heredad.

Estas mujeres consagradas mantienen intacta su determinación de seguir a Jesús en la pobreza, la obediencia y la castidad. Y con infinitos detalles de las unas para con las otras, que hacen la vida más humana y más fraterna, estas religiosas llevan en su corazón y en su mirada la alegría del Evangelio y su amor por las personas que a lo largo de sus vidas han ayudado a formar y a crecer humana y espiritualmente a través de la docencia.

A pesar de sus años, estas religiosas llevan la sonrisa hecha canto (y canto de amor) en las celebraciones litúrgicas y en las familiares. Después del retiro, que acabó con la celebración de la Eucaristía, pude compartir con ellas la mesa de la fraternidad. Y es que si el pan de la Eucaristía nos une formando un solo cuerpo, el pan de la mesa fraterna (con un arroz negro y unos pulpitos deliciosos que hizo Susanna) también nos une en comunión y en un canto gozoso.

La sencillez, la solicitud y la disponibilidad de estas 14 religiosas Vedrunas de Manresa, se manifiesta día a día en la mutua entrega, atenta y solícita. Y así, las que van en sillas de ruedas son acompañadas por las que todavía pueden guiarlas. Y la que ya no puede comer por si misma, es ayudada, con un cariño inmenso, por otra hermana que, con caridad, la alimenta, haciendo más visible todavía la comunión fraterna. El cuidado amoroso y alegre de las unas a las otras, es fruto de largos años de fidelidad al Evangelio y al carisma Vedruna y de la oración confiada, que demuestra que estas mujeres, a pesar de la debilidad y de los achaques propios de los años, tienen el corazón joven, porqué está lleno de Dios.

La oración y la actitud de servicio y de fidelidad al Señor de estas religiosas Carmelitas de la Caridad Vedruna, han sido un ejemplo para mí, ya que son mujeres de Dios y, precisamente por eso viven atentas a las necesidades de los hombres.

Las 14 Vedrunas son como 14 joyas que contiene, como un joyero, la ciudad de Manresa. 14 mujeres que son como 14 estrellas, ya que iluminan la noche de nuestro mundo gracias a su oración, al servicio silencioso y humilde y a su fidelidad al Señor. Estas 14 religiosas son también como una orquesta, dirigida sabia y prudentemente por la superiora, la hermana María Trullols, que fraternal y harmónicamente, con una gran ternura y humanidad, acompaña en el camino de la vida a estas mujeres que lo han dado todo en el servicio gozoso del Evangelio.

El convento y el colegio que tienen, orientados a Montserrat, sigue siendo un signo de esperanza para nuestros días, ya que estas religiosas llevan la alegría y la humanidad del Evangelio en sus miradas, en sus corazones y en sus oraciones.

192 años después de la fundación de las Carmelitas de la Caridad, las Vedrunas de Manresa son una comunidad transfigurada, como decía el Papa Francisco a las religiosas, sacerdotes y seminaristas de Chile, el martes 16 de enero, ya que a pesar de sus heridas corporales, o precisamente por eso, dejan ver la luz y la paz del Resucitado, que sigue iluminando nuestra historia y nuestro mundo.

En el atardecer de la vida, las Vedrunas de Manresa son una parábola de la fraternidad que envuelve y cuida la fragilidad. La fraternidad que acoge la fragilidad y la fragilidad de las hermanas que hace más fuerte la fraternidad. Como decía recientemente el Papa en el encuentro con las comunidades indígenas de la Amazonia, hemos de saber escuchar «la sabiduría de los ancianos». Por eso las Vedrunas de Manresa, después de años de trabajo apostólico, conservan esa sabiduría que es fruto de la confianza en Dios y de la experiencia de una vida ofrecida a los hombres y a las mujeres de nuestro mundo.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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