Federico Edgardo Cavada

Francisco se fue a meter «en las patas de los caballos» en su visita a Chile

"Sodano fue el hombre que comenzó a cambiar el rostro de la Iglesia en Chile"

Francisco se fue a meter "en las patas de los caballos" en su visita a Chile
Federico Edgardo Cavada Kuhlmann

El Cardenal Ezzatti, salesiano como Silva, es la absoluta contracara de quien es aún amado por los chilenos. Esa es la Iglesia que debía enfrenta Francisco, lo que lógicamente era "meterse entre las patas de los caballos"

(Federico Edgardo Cavada Kuhlmann).- En Chile hay un dicho popular que dice «meterse en las patas de los caballos» que el Diccionario de chileno actual, define como «meterse donde es más peligroso; meterse en un lío peligroso; inmiscuirse en asunto delicado y resultar perjudicado».

Utilizaré este dicho popular para comentar la visita de Francisco a Chile.

Había dos asuntos de suma trascendencia que hacían de esta visita algo de mucho interés.

El principal, el más importante y quizás el más soslayado por la prensa es el estado actual de la Iglesia en Chile.

El 11 de Septiembre de 1973 se produjo el Golpe Militar que instauró la dictadura de Pinochet, que comenzó su tarea de «mantener el orden y rescatar a la nación» cometiendo sistemáticamente violaciones a los derechos humanos. La Iglesia asumió rápidamente un claro papel de defensora de esos derechos humanos de los perseguidos y de la comunidad en general. El Cardenal Silva Henríquez junto a otros jefes de Iglesias cristianas y al Gran Rabino de Chile dieron vida al Comité de Cooperación para la Paz en Chile que pudo funcionar entre 1973-1975 hasta que la dictadura obligó a cerrarlo. Entonces en Enero de 1976 el Arzobispado de Santiago creó la Vicaria de la Solidaridad que funcionó hasta 1992 defendiendo y promoviendo los derechos humanos, denunciando -junto a otras organizaciones- el violento clima que se vivía, solidarizando con los perseguidos políticos y apoyándolos de diversas maneras.

Voy a contar una anécdota personal que retrata de alguna manera cómo era percibida por el pueblo esta Iglesia. Corría el año 1974, yo tenía una amigo militante comunista cuyo hermano años después fue Secretario General de la Juventudes Comunistas. Un día vino a verme y me dijo: «Vamos a tener una nuevo hijo. Me casé por la Iglesia por obligación social, pero ahora quiero que este nuevo hijo sea bautizado en esta Iglesia que defiende los perseguidos, nos gustaría lo bautice un jesuita» A Daniela la bautizó el Padre Manuel Larraín, jesuita Director de la Revista Mensaje permanentemente perseguida por la dictadura.

Esta Iglesia comprometida, solidaria y con una clara opción por los pobres era la Iglesia en casi todo Chile. El Vaticano hizo cambios importantes de obispos que aparecían proclives o apoyaban a la dictadura por gente que seguía la línea general del Episcopado chileno de enfrentamiento. Si bien debió sacar al obispo Alvear -el Obispo de los Pobres- de San Felipe, lo nombró Obispo Auxiliar de Santiago junto al Cardenal Silva. Carlos Oviedo Cavada -Secretario General de la Conferencia Episcopal- reemplazó al Arzobispo de Antofagasta que era declarado partidario de Pinochet. Ese fue el camino elegido por la mayoría de Obispos chilenos hasta la llegada al país del nuevo Nuncio Ángelo Sodano que ejerció ese papel entre 1978 y 1988.

Este fue el hombre que desde su profunda formación conservadora y eclesial comenzó a cambiar el rostro de la Iglesia en Chile. Poco a poco fue reemplazando los obispos opositores a la dictadura por hombres cercanos o partidarios de ella. De esa manera se conformó una nueva forma de Iglesia, lejana al pueblo y a sus intereses.

Incluso Sodano, cuando era Secretario de Estado vaticano siguió su lucha contra los obispos chilenos que se habían opuesto a la dictadura de su amigo Pinochet y cuando Carlos Oviedo Cavada, ya Arzobispo de Santiago, debía recibir el Cápelo Cardenalicio que en derecho le correspondía, hizo lo imposible por evitarlo y retardó más de 4 años que esto sucediera.

Esta es la Iglesia de Chile hoy. El Cardenal Ezzatti, salesiano como Silva, es la absoluta contracara de quien es aún amado por los chilenos. Esa es la Iglesia que debía enfrenta Francisco, lo que lógicamente era «meterse entre las patas de los caballos»

Pero no para ayudar a la carabinera desmontada en Iquique, sino para desmontar este aparato eclesial armado años antes por quienes se oponen a su dirección de la Iglesia Católica. Hay informaciones que no tengo, pero a la luz de lo conocido, a lo que se ha informado que habló con los obispos chilenos, esto fue para Francisco «meterse donde es más peligroso; meterse en un lío peligroso; inmiscuirse en asunto delicado y resultar perjudicado» porque los chilenos no escucharon su palabra clara y definitiva de critica a lo que hoy hacen. No basta con advertir o recomendar, a estos «muchachos porfiados» hay que corregirlos y eso no se hizo.

El otro tema era el de la pederastia y ahí también me parece que fue claramente perdedor.

Entiendo sus explicaciones en la conferencia de prensa a bordo del avión que lo llevo de regreso al Vaticano, pero comparto mucho más la opinión de Jorge Costadoat, S.J que ha escrito dos libros de apoyo al trabajo de Francisco en la Iglesia.

Costadoat nos dice:

«Por cierto, sus discursos y homilías han sido magníficos. ¡Qué diferencia con el lenguaje eclesiástico modoso e intrascendente! Francisco ha ido al hueso. Se focalizó en los pobres. Tocó los temas difíciles, dijo cosas nuevas. Nos abrió el corazón. Lloró con las víctimas de los abusos sexuales de los ministros de la Iglesia por los cuales reconoció sentir «dolor y vergüenza». Sin embargo, a muchos su visita nos ha dejado un sabor muy amargo.»

Para después agregar directamente sobre el caso del Obispo Barros «No puedo juzgar intenciones. Me falta además mucha información como para formarme un juicio cabal de lo que sucede en el episcopado chileno. (Pero puedo imaginar que en la Conferencia el desconcierto pueda ser mayor que el mío). Con los datos que tengo, especialmente después de conocer la carta del mismo Papa al Comité Permanente sobre la intención de sacar de sus cargos a los tres obispos de Karadima (2015), concluyo que no entiendo nada.»

Los chilenos tampoco entendemos nada.
Parece que era peligroso «meterse entre las patas de los caballos»

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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