La activista y el sacerdote eritreo reciben el Premio Mundo Negro a la Fraternidad

Helena Maleno: «Ningún control de fronteras o interés económico acabarán con el derecho a la vida»

Mussie Zerai: "Se está hablando de la migración sin nombrar la realidad de la persona"

Helena Maleno: "Ningún control de fronteras o interés económico acabarán con el derecho a la vida"
Helena Maleno, ganadora del Premio Mundo Negro a la Fraternidad Mundo Negro

Cuando las empresas de guerra han entrado en las fronteras nuestro trabajo se ha vuelto más difícil

(Cameron Doody).- «Ningún control de fronteras ni interés económico van a acabar con el derecho a la vida». La activista Helena Maleno habló este mediodía por streaming para agradecer el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2017, concedido por los combonianos, el día después de su juicio en Tánger por un supuesto delito de tráfico de personas.

Las autoridades españolas le han dado la espalda al negarse a informar a los tribunales marroquíes del archivo de su caso en España, pero los Misioneros Combonianos no.  Junto a Maleno, también fue galardonado el sacerdote eritreo Mussie Zerai, quien sí pudo acudir a la sede del Museo de África para presentar el 30 Encuentro África, que tendrá lugar el 2-4 de febrero en la Residencia Amor de Dios bajo el lema «Migrante. Persona».

«Un título corto, austero, sin verbos y adjetivos, porque la actualidad que sufre este colectivo de migrantes añade todos los adjetivos y verbos necesarios», ha afirmado Jaime Calvera, director de Mundo Negro. Es «un gran drama humano con fuertes matices de injusticia,» el que sufren los que llegan a costas europeas, del cual «se habla bastante, pero nunca lo suficiente como para analizar los motivos» de estos movimientos «ni para evaluar las políticas migratorias europeas, ni los riesgos ni las dificultades de la integración a los que enfrentan los inmigrantes».

El fallo del Premio Mundo Negro, ha continuado Calvera, pretender «poner en evidencia» el «trabajo silencioso» que ya se está haciendo para reconocer el migrante la red Caminando Fronteras y la Agencia Habeshia, asociaciones que representan Zerai y Maleno. Sacerdote y periodista, hombre y mujer… pero los dos con un objetivo común: «acoger y respetar a los inmigrantes como personas».

Zerai, por su parte, ha querido insistir en que la realidad lamentable que sufren los inmigrantes de hoy se debe al hecho de que la humanidad de la persona -su dignidad, sus derechos y sus sueños- no esté en el centro de las agendas políticas europeas.

«Se está hablando de la migración sin nombrar la realidad de la persona», ha denunciado el sacerdote, quien también ha explicado cómo empezó con esta labor pro-migrante a la que actualmente se dedica: queriendo ser voz de denuncia para las personas sin voz -encarceladas y víctimas de abusos- en los centros de acogida de refugiados en Libia, establecidos por Gadafi y financiados por la Unión Europea.

La realidad horrorosa de los migrantes deben hacer que nos preguntemos sobre las democracias europeas, y, específicamente, acerca de cómo es que han pasado de ser supuestos estandartes de libertad a pisar los derechos humanos de los más vulnerables, privando de oportunidades y de libertad a personas que solo buscan una vida mejor.

¿Qué tendrían que hacer nuestros políticos si de verdad quisieran que la situación mejorara? Zerai propuso tres líneas de actuación. 1. Un «trabajo de prevención»: «atacar la raíz del problema, para ver las causas que empujan este éxodo. 2. Asegurar una «acogida más digna» en los países de tránsito. Y 3. «Abrir canales legales» a Europa «para que estas personas puedan tener una protección legal adecuada frente a las mafias de personas».

Helena Maleno, por su parte, ha querido agradecer su recepción del Premio Mundo Negro, que «viene en un momento bastante importante para mí, en mi calvario». Ha querido recordar que su trabajo consiste en la «defensa de los derechos de las personas en zonas de frontera» -zonas «que se han convertido en zonas de no derecho»-, pese a que las autoridades se han empeñado en verlo como tráfico de personas.

En zonas de fronteras, ha denunciado la activista, «se pierden garantías respecto a los derechos como el de la vida, el de la salud, el de los niños a tener una identificación a existir o el de asilo»: situación frente a la cual colabora con otras organizaciones humanitarias para «recuperar la normalidad ciudadana». También trabaja con las familias de los migrantes para que las víctimas del Mediterráneo recuperen su condición de personas, y no solo la de «meros números», tal y como las considera la policía.

La activista acompaña a estas familias «para que puedan tener acceso a la verdad, a la justicia y a la reparación«. Para que puedan saber con qué destino se han encontrado sus seres queridos, o en caso de su fallecimiento para que puedan hacer el duelo correspondiente.

«Cada vez es más difícil hacer lo que hacemos porque cada vez hay más intereses económicos» en las zonas de frontera, ha concluido Maleno. «Cuando las empresas de guerra han entrado en las fronteras nuestro trabajo se ha vuelto más difícil», ha denunciado, señalando a aquellos negocios que «han visto una riqueza económica en el flujo migratorio» y «procuran que los refugiados que se ahoguen, ya que el movimiento fronterizo genera mucho dinero». «Es el momento de defender el derecho a la vida y a reclamar altura democrática», ha reivindicado por último la activista, y de decirles a nuestros políticos «que estamos por el derecho a la vida».

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído