"Aquello que me constituye"

Dios y la espiritualidad

"Todos somos criaturas de esa Unidad, Plenitud y Presencia, es decir Dios"

Dios y la espiritualidad
Jesús en el desierto

Al nacer comenzamos a existir, pero ya éramos en la mente de Dios; existir es ser en el tiempo; al morir dejamos de existir, pero no dejamos de ser y utilizando unas románticas palabras podemos decir que «somos suspiros de amor de Dios»

(Juan Alemany).- Lo que hace que yo sea yo, no soy yo sino Aquello que me constituye y que en la espiritualidad moderna y occidental llamamos, Presencia, Plenitud, Unidad…o también Alfa, Principio dinámico o Dios. A mí personalmente, la denominación que más me gusta es esta última: Dios

Toda espiritualidad nace de una experiencia previa o intuición que al ser compartida con otros, ya sea familia, tribu o pueblo, da lugar la aparición de unas figuras tales como hechiceros, chamanes, profetas, sacerdotes, etc , que determinan lo que se debe creer , hacer , y estructuran y codifican mandamientos, ritos y liturgias. Este es el origen de todas las religiones.

Desde el salto de los homínidos a la categoría de los humanos, estos tuvieron esa experiencia de que Alguien o Algo con mucho poder era responsable de la realidad que percibían, el rayo, el trueno, la tormenta, la lluvia, el volcán, el sol.. y por ello ofrecían sacrificios , incluso humanos, para contentar a ese Ser para obtener favores o para aplacar su ira y no ser sus víctimas.

Esa experiencia a lo largo de la Historia, se plasmó en la creencia en unos dioses que habitaban en el Olimpo, bajaban a la Tierra, se casaban con mujeres y engendraban cíclopes, titanes y héroes y tenían oficios y tareas concretas. En un momento histórico un hombre captó que ese desbarajuste no podía ser y que solo existía un dios que era titular de todas las virtudes y poderes de aquella multitud de dioses. Así nació la imagen del Dios de Abraham, Isaac, Moisés…etc., una imagen de un Dios tremendo, poderoso, iracundo y vengativo y en ocasiones generoso cantado por numerosos profetas a lo largo de la historia.

Uno de ellos, en un viaje al desierto que todos tenemos en nuestro interior, captó que Aquello que percibía en lo más profundo de su ser, en ese rincón secreto que todos tenemos y en el cual no entra nadie más que uno mismo y esa Presencia, Unidad , Plenitud que llamamos Dios. Ahí sintió que la Presencia, Unidad y Plenitud era parte de su ser y a la que sentía tan íntimamente ligado y perteneciente, que exclamó la palabra «Abba», Padre. Pero no en un sentido biológico, sino como una relación de cercanía, proximidad, identificación y dependencia expresada en esa palabra que pretendía resumir todo lo que no podía expresar de otra manera.

Descubierta esa Unidad con la Presencia y la Plenitud, salió de su desierto interior y proclamó esa experiencia, haciéndola extensiva a todo el mundo.

Todos somos criaturas de esa Unidad, Plenitud y Presencia, es decir Dios. Hijos de Dios, engendrados por nuestros padres y que desde la Eternidad, otra denominación de la Divinidad, hemos estado en su pensamiento eterno y de ahí nuestra ansia de eternidad. En la Eternidad no hay pasado ni futuro, sólo Presente, aquí y ahora. Al nacer comenzamos a existir, pero ya éramos en la mente de Dios; existir es ser en el tiempo; al morir dejamos de existir, pero no dejamos de ser y utilizando unas románticas palabras podemos decir que «somos suspiros de amor de Dios» y que al igual que las olas del mar besan la playa y regresan al océano que las constituye, así nosotros volvemos nuestro origen.

Por cierto, la persona que captó Aquello que nos constituye y que llamamos Dios, Abba, Padre, Presencia, Totalidad, Plenitud y Unidad, se llamaba Jesús de Nazaret.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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