Relación entre religión y violencia

Papa Francisco y la formas perversas de religiosidad equivocada

"Integración, respeto y diálogo, como respuesta a la islamofobia"

Papa Francisco y la formas perversas de religiosidad equivocada
Francisco, con el imán de Al-Azhar Agencias

El Papa ha calificado como una afirmación insostenible e insoportable el uso del santo nombre de Dios para justificar la violencia y el crimen

(Francesco Gagliano, corresponsal en Roma).- Jorge Mario Bergoglio se acerca al quinto aniversario de su pontificato en un momento ente los más delicados desde cuando fue elegido el 13 de marzo 2013. Las última semanas han estado fuertemente dominadas por dos temas que podrían marcar, dicen los observadores más atentos, un cambio o viraje. Sobre los dos temas al Papa llegan en modo cuantioso críticas y elogios.

Uno es el envío del arzobipos de La Valletta, Malta, mons. Scicluna a Chile para aclarar últimas informacione sobre la historia de los abusos del sacerdote Fernando Karadima cubiertos, se insiste de parte de las victimas, por Juan Barros, obispo de Osorno, nombrado por Francisco en enero del 2015.

El otro argumeno son las posibles nuevas relaciones entre Pekín y el Vaticano que, según vox popoli, han finiquitado el borrador de un acuerdo histórico que podría comportar la solución para el nombramientos de los obispos por parte della sede Apostólica y quizás, en el medio período, la aperura de relaciones diplomticas.

El desarrollo de esta dos cuestiones han oscurecido noticias recientes sobre lo que podría definirse «política» de Bergoglio en el ámbito del diálogo interreligioso que Papa Francisco ha promovido con entuasiasmo profético e insistencia valiente desde su elección. Como se sabe, además el Papa ha subrado sobre todo el diálogo con el Islam convencido, come ha dicho, que se tratta de una parte de la humanidad con la cual existen raíces comunes de gran relevancia.

Desde el 2013, año decisivo en el caso de los flujos migratorios que han caracterizado la historia europea reciente, el Papa ha agudizado aún más su atención al fenomeno que ha definido «grave emergencia».

En su discurso al Cuerpo diplomático ante la Santa sede, en Enero 2016, Francisco dijo:

«Quisiera, por tanto, detenerme a reflexionar con ustedes sobre la grave emergencia migratoria que estamos afrontando, para discernir sus causas, plantear soluciones, y vencer el miedo inevitable que acompaña un fenómeno tan consistente e imponente, que a lo largo del año 2015 ha afectado principalmente a Europa, pero también a diversas regiones de Asia, así como del norte y el centro de América. Gran parte de las causas que provocan la emigración se podían haber ya afrontado desde hace tiempo. Así, se podría haber evitado o, al menos, mitigado sus consecuencias más crueles. Todavía ahora, y antes de que sea demasiado tarde, se puede hacer mucho para detener las tragedias y construir la paz. Para ello, habría que poner en discusión costumbres y prácticas consolidadas, empezando por los problemas relacionados con el comercio de armas, el abastecimiento de materias primas y de energía, la inversión, la política financiera y de ayuda al desarrollo, hasta la grave plaga de la corrupción. Somos conscientes de que, con relación al tema de la emigración, se necesitan establecer planes a medio y largo plazo que no se queden en la simple respuesta a una emergencia. Deben servir, por una parte, para ayudar realmente a la integración de los emigrantes en los países de acogida y, al mismo tiempo, favorecer el desarrollo de los países de proveniencia, con políticas solidarias, que no sometan las ayudas a estrategias y prácticas ideológicas ajenas o contrarias a las culturas de los pueblos a las que van dirigidas.» (…)


«Muchos emigrantes procedentes de Asía y África, ven a Europa como un referente por sus principios, como la igualdad ante la ley, y por los valores inscritos en la naturaleza misma de todo hombre, como la inviolabilidad de la dignidad y la igualdad de toda persona, el amor al prójimo sin distinción de origen y pertenencia, la libertad de conciencia y la solidaridad con sus semejantes.»

Luego Francisco agregó:

«Sin embargo, los desembarcos masivos en las costas del Viejo Continente parece que ponen en dificultad al sistema de acogida construido laboriosamente sobre las cenizas del segunda conflicto mundial, que sigue siendo un faro de humanidad al cual referirse. Ante la magnitud de los flujos y sus inevitables problemas asociados han surgido muchos interrogantes acerca de las posibilidades reales de acogida y adaptación de las personas, sobre el cambio en la estructura cultural y social de los países de acogida, así como sobre un nuevo diseño de algunos equilibrios geopolíticos regionales. Son igualmente relevantes los temores sobre la seguridad, exasperados sobremanera por la amenaza desbordante del terrorismo internacional. La actual ola migratoria parece minar la base del «espíritu humanista» que desde siempre Europa ha amado y defendido. Sin embargo, no podemos consentir que pierdan los valores y los principios de humanidad, de respeto por la dignidad de toda persona, de subsidiariedad y solidaridad recíproca, a pesar de que puedan ser, en ciertos momentos de la historia, una carga difícil de soportar. Deseo, por tanto, reiterar mi convicción de que Europa, inspirándose en su gran patrimonio cultural y religioso, tiene los instrumentos necesarios para defender la centralidad de la persona humana y encontrar un justo equilibrio entre el deber moral de tutelar los derechos de sus ciudadanos, por una parte, y, por otra, el de garantizar la asistencia y la acogida de los emigrantes».

Estas reflexiones, no nuevas, demuestran que Francisco ha comprendido bien la seriedad, gravedad y radicalidad del fenómeno sin que, obviamente, pierda jamás la visión que evidencia la existencia, en estos flujos migratorios, de un desafío interreligioso. En los últimos tiempos el Papa, después de numeros atentados atribuidos a personas de matriz islámica o islamista, ha pefeccionado el análisis para dar respuestas a los problemas de la inseguridad, del miedo y la desconfianza. Y lo ha hecho acentuando tres momentos: integración, respeto y diálogo. Para el Papa y para la diplomacia vaticana en estas tres exhortaciones son la mejor respuesta a la islamofobia que crece a menudo en modo irracional.

En Italia, y no solo, recientes estudios demoscópicos y reportages confirman que el sentimiento anti-islámico crece enormemente, sobre todo en Países victimas de atentados y también donde se realizan elecciones políticas. Se trata de un tema electoral que los partidos saben utilizar con gran astucia. Véase la revista ‘Limes‘ en su último numero, «Musulmanes y Europa».

El Papa y la Iglesia siguen estos fenómeno con atención y preocupación y hacen todo lo posible para dar al debate dimensiones racionales y proporcionadas, para abrir canales de diágo y encuentro, para establecer puentes entre orillas diversas … Un primer esfuerzo se refiere al diálogo entre las tres principales religiones monoteistas y esta exhortación incorpora con mayor fuerza aún las cuestiones del conflicto en Medio Oriente (Israel-Palestina, Ciudad Santa de Jerusalén y guerra en Siria)

Después de los atentados a Charlie Hebdo, al Bataclan, en Nizza y en Barcelona, y en el caso de otros episodios similares en otros continentes, Francisco ha condenado con fuerza el uso de la religión, de Alà y del Coran, y ha calificado como una afirmación insostenible e insoportable el uso del santo nombre de Dios para justificar la violencia y el crimen. Asi lo hizo con fuerza el 31 de julio 2016 regresando al Vaticano desde Polonia.

El pasado 20 de sptiembre Francisco recibió Muhammad al-Issa, secretario general de la Liga Musulmana Mondial. En esa importante ocasión fueron confirmados algunos compromisos de colaboración y sobre todo se reflexionó conjuntamente sobre la relación entre religión y violencia; relación a menudo instrumentalizada por el fundamentalismo, especialmente islámico. Coincidencias similiraes entre el Vaticano y el secretario al-Issa se han renovado en días pasados, cuando el dignatario musulmán se reunió con el cardenal Pietro Parolin.

El contexto de fondo ha sido el discurso de Francisco a los participantes en la Conferencia «Tackling violence committed in the name of religion» (2 febrero). Estas fueron algunas de las reflexiones del Papa:

«Quisiera aquí mencionar lo que ya he podido decir en diferentes circunstancias, particularmente con ocasión de mi viaje a Egipto: «Dios, que ama la vida, no deja de amar al hombre y por ello lo insta a contrastar el camino de la violencia como requisito previo fundamental de toda alianza en la tierra. Siempre, pero sobre todo ahora, todas las religiones están llamadas a poner en práctica este imperativo, ya que mientras sentimos la urgente necesidad de lo Absoluto, es indispensable excluir cualquier absolutización que justifique cualquier forma de violencia. La violencia, de hecho, es la negación de toda auténtica religiosidad. Estamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios» (Discurso a la Conferencia Internacional por la Paz, Al-Azhar Conference Centre, El Cairo, 28 abril de 2017).»

Luego el Papa subrayó:

«La violencia de propaganda y realizada en nombre de la religión no puede hacer otra cosa que desacreditar la religión misma; como tal, debería ser condenada por todos y, con especial convicción, por el hombre auténticamente religioso, el cual sabe que Dios es solamente bondad, amor, compasión, y que en Él no puede haber espacio para el odio, el rencor y la venganza. La persona religiosa sabe que una de las más grandes blasfemias es llamar a Dios como garante de los propios pecados y crímenes, llamarlo para justificar el homicidio, la masacre, la reducción a esclavitud, la explotación de todo tipo, la opresión y la persecución de personas y de enteras poblaciones.»

Papa Francisco terminó con estas palabras:

«La pertenencia a una determinada religión no da ninguna dignidad o derechos suplementarios a quien se adhiere, así como la no pertenencia no te quita ni disminuye. Por eso es necesario comprometerse juntos, líderes políticos y responsables religiosos, profesores y trabajadores de la educación, de la formación y de la información, para advertir a quien sea tentado por formas perversas de religiosidad equivocada, que nada tienen que ver con el testimonio de una religión digna de este nombre. Esto ayudará a los que con buena voluntad buscan a Dios para encontrarlo realmente, para encontrar a Aquel que libera del miedo, del odio y de la violencia, que desea servirse de la creatividad y de las energías de cada uno para difundir su diseño de amor y de paz dirigido a todos.»


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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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