Michele Gesualdi, en PPC

Don Lorenzo Milani: el exilio de Barbiana

Para conocer a un clásico de la pedagogía moderna

Don Lorenzo Milani: el exilio de Barbiana
Don Lorenzo Milani PPC

Los curas de pueblo y sus obras son tanto o más merecedores del reconocimiento y felicitaciones del papa, que los mismos purpurados, de quienes, en conformidad con los protocolos y el Código de Derecho Canónico, se dicen ser sus "vicarios"

(Antonio Aradillas).- En tiempos y espacios sobre todo rurales, aunque no tan pretéritos, la coincidencia de «sacerdote» y «maestro», «por esos pueblos de Dios», llegó a alcanzar categoría de gracia divina.

Aislados en todo orden de cosas, con tan parcas posibilidades «oficiales» de redención social, laboral o profesional, y sin más perspectivas que las señaladas por la sombra de la iglesia y su torre, a los jóvenes avecindados en la demarcación ciudadana y pastoral, no se les podía ofrecer otros horizontes que los que definieran las aspiraciones de sus padres, abuelos y así sucesivamente. A tan trágica situación había que añadírseles la circunstancia de que en otras zonas o comarcas provinciales o diocesanas, eran mucho más favorables los medios para su redención integral, tanto personal, como familiarmente, con el «agravante» de ser estas conocidas por la «radio» o la «TV» entonces incipientes.

La presencia, actividad e imaginación de tantos sacerdotes destinados a esas parroquias, y la conciencia de no pocos de ellos, de haber podido ser promocionados en sus respectivos «Seminarios», merced a estas ayudas pastorales, convenció a muchos a activar sus saberes y medios propios y ajenos a favor de la promoción de sus pueblos. Clases particulares, «academias» domésticas, cursillos intensivos laborales, viajes organizados a otros pueblos o comarcas más desarrolladas, educación del sentido de la solidaridad y consecución de algunas ayudas «oficiales» discretas y apenas conocidas, junto con el compromiso de otros vecinos profesionales en activo, procedentes de la carrera del «Magisterio», configuraron el «milagro» de redimir a muchos, hoy ya en puertas de su jubilación respectiva.

Pero en definitiva, fueron los párrocos-maestros los inspiradores principales, valiéndose además de algún que otro «privilegio estatal», de procedencia política, dadas las «beneficiosas» relaciones existentes entonces en las relaciones Iglesia-Estado. Ellos, en la pluralidad de este contexto, fueron y siguen siendo, merecedores del reconocimiento por parte de quienes, gracias a sus gestiones personales y a las «becas», les facilitaron cursar los estudios o prepararse laboralmente para afrontar el futuro y el de sus familias.

 

 

Y es en este paisaje en el que se inscribe, y es preciso leer y releer el reciente libro publicado por PPC en su colección «Educar», con el título de «Don Lorenzo Milani: el exilio de Barbania», cuyo autor es Michele Gesualdi, que «junto con su hermano menor, Francuccio, vivió con don Milani en familia, como hijos suyos, en la misma escuela y casa parroquial de Barbiana». Precisamente fue aquí, «en la nada de Barbiana, un lugar de montaña perdido y hoy semidespoblado, en las laderas del Giovi, en los Apeninos, -parroquia de la que estuvo encargado por decisión episcopal «punitiva», desde 1954, donde se llevó a cabo el «milagro» de Milani, preocupado » por los excluidos y marginados», y desde el que escribiera a su madre que «la grandeza de una vida no se mide por la grandeza del lugar en el que se ha desarrollado, y tampoco las posibilidades de hacer el bien se miden por el número y calidad de sus parroquianos».

Con fidelidad, historia y evangelio, es justo reseñar que el libro dedicado al párroco-maestro, don Lorenzo Milani, revela el verdadero rostro de cura, maestro, hombre y «padre», que hizo de su sacerdocio un don generoso y desinteresado para los pobres más pobres. Es de utilidad bibliográfica reseñar también que este libro se publicó antes de conocerse la visita personal del papa Francisco a la tumba, parroquia y escuela del cura-maestro don Lorenzo Milani -a.1923-1967-, el 20 de junio del 2017.

Los curas de pueblo y sus obras son tanto o más merecedores del reconocimiento y felicitaciones del papa, que los mismos purpurados, de quienes, en conformidad con los protocolos y el Código de Derecho Canónico, se dicen ser sus «vicarios».

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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