"Una cosa es predicar y otra dar trigo"

La Iglesia y la COPE: el Evangelio no es de derechas

"Los obispos-arzobispos son de derecha- derecha"

La Iglesia y la COPE: el Evangelio no es de derechas
Carlos Herrera Agencias

Los periódicos afines a la Iglesia, televisión o televisiones, Hojas Parroquiales o Diocesanas, radio oficial COPE...son, por definición, de derechas, por lo que la jaculatoria "¡líbera nos, Dómine¡"

(Antonio Aradillas).- Ya sé que «una cosa es predicar y otra dar trigo«, así como que «del dicho al hecho media un gran trecho», tal y como adoctrina la sagrada teología popular en sus manuales de cordura existencial, con preferente inclusión de cuanto se relaciona con lo religioso. Aquello de Jesucristo de «haced lo que ellos digan, pero no lo que hagan», con indudable y provocadora referencia a los «Sumos -y no tan sumos-, Sacerdotes, mantiene sempiterna vigencia.

Partir de la definición académica de que «se llaman de izquierda al conjunto de personas o de organizaciones políticas de tendencias contrarias a las ideas conservadoras», se aprecia como artículo de primera necesidad en el planteamiento de estas reflexiones:

A los «Libros Sagrados» de cualquier religión e Iglesia, los inspiran y justifican el bien común, además de la adoración al Dios, que unos y otra juzgan como verdadero. Los que se proclaman patrocinadores del Evangelio, lo hacen de manera más reverencial, y creen que comprometida. Pero una cosa es la creencia, y otra es su práctica. A la hora de la verdad, cuanto lleva consigo, incluye y presupone el conservadurismo, es decir, las derechas, sus partidos y sus partidarios, políticos o no tanto, se olvidan de la condición de reforma, revisión, penitencia y cambios que incluye su devoción reverencial al santo Evangelio, y prefieren anclarse con mayor seguridad en los conservadurismos, entre otras razones «sagradas», porque «más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer».

Ante el penúltimo dato político-social protagonizado por la izquierda en España, la mayoría de los intitulados «católicos de toda la vida», se han echado a temblar, sobre todo después de haber comprobado que determinados gestos y símbolos, como la Biblia, el Crucifijo y los juramentos, hayan sido desterrados de actos y acontecimientos de importancia, para asumir responsabilidades tan serias como las que incluyen el ejercicio y la actividad política en sus diversos niveles, todos en el plano del sistema democrático que, aunque de por sí no es infalible, mayoritariamente, es el menos malo de todos.

 

 

Antes de seguir el hilo de estas consideraciones, no estaría de más dejar clara y valiente constancia de que, en frecuentes ocasiones, sería preferible no tocar símbolos y signos externos, que son los que provocan mayores disensiones y desavenencias que prohíjan los movimientos de renovación y anti-conservadurismos, desde la propia raíz y substantividad respecto a los comportamientos, normas y leyes, que es lo que importa y hace cambiar a los demás, y a sí mismos.

Pese a las deficiencias y debilidades explicables en todos los seres humanos, por supuesto que también en los cristianos, los partidos situados en la órbita de la izquierda, son, están y apuestan en mayor proporción por el Evangelio. Los llamados de derecha apuestan menos, o no lo hacen con la prioridad y compromiso, aún cuando no se priven de «poner al mismo Dios por testigo» de sus reglamentos, leyes y respeto a tales signos externos.

En definitiva , y aquí me refiero explícitamente a la Iglesia y, por tanto, a sus devotos, -siempre de derechas-, programas, ideologías, no pocas leyes, reglamentos y determinaciones, dan la impresión fehaciente de que sus inspiradores no fueron los santos evangelios, aun cuando estos hicieran posibles no pocos cambios favorecedores del bien de la colectividad y de los más pobres y desheredados de la diosa Fortuna.

En tales programas e idearios políticos y partidistas, destacan el bien de la colectividad en general, la promoción de la mujer en igualdad de condiciones con el hombre, la asistencia a las clases desfavorecidas, atención a los procedimientos democráticos y democratizadores, pensiones y pensionistas, castigo y persecución de los corrupto, desaparición de privilegios ancestrales, promoción de la cultura y de la sanidad, descontaminación de la naturaleza, ecología, servicios sociales, tolerancia, respeto a otras ideologías y opciones religiosas, acogida a extranjeros…

Aún dentro de la misma Iglesia, Código de Derecho Canónico, nombramientos episcopales, procederes de la jerarquía… rechinan y se desajustan en mayor proporción con el Evangelio, que puedan hacerlo, y lo hagan, tantos programas e idearios de partidos políticos de la izquierda. A muchos puede parecerle insensata e inveraz esta apreciación, pero a muchos más les parecerá cabalmente certera y sensata.

La excusa de que una cosa son los propósitos y los buenos deseos, y otra distinta y contraria son, o serán, la realidad, exactamente será aplicable a los de izquierdas que a los de derechas. La historia testifica lo referido con soberana elocuencia.

 

 

Dudar de que el Evangelio es, y contiene, más doctrina y seguidores de izquierda que de derechas, aunque la mayoría de canonizados y canonizadas engrosen sus filas, equivaldría a «vivir en el mejor de los mundos», pero no en el cristiano, y mucho menos en el eclesiástico.

De la Iglesia en general, y más como institución, hay que afirmar que es de derecha. También lo es su teología y especialmente sus cánones. Los obispos-arzobispos son de derecha- derecha, llegándose a tal conclusión solo con comprobar cómo se visten o revisten, cómo se presentan ante propios y extraños y cómo «respiran» al dictar sus Cartas Pastorales, o al firmar las que sus amanuenses y acólitos -«gabinetes de prensa»- tuvieron a bien presentarles.

.A lo más, tales Cartas Pastorales merecen la calificación de «caritativamente izquierdosas», por eso del «franciscanismo» conciliar, que lentamente entreabre sus puertas. Los periódicos afines a la Iglesia, televisión o televisiones, Hojas Parroquiales o Diocesanas, radio oficial COPE…son, por definición, de derechas, por lo que la jaculatoria «¡líbera nos, Dómine¡», recitada por adoctrinados, radioescuchas, televidentes y lectores, debiera indulgenciarse a perpetuidad.

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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