El Apóstol vs Santa Teresa, patronazgo y machismo

¡Santiago y cierra España!

"No faltó, con su caballo blanco triunfante, en Clavijo, Las Navas de Tolosa y otras batallas"

¡Santiago y cierra España!
Santiago Matamoros

El 27 de julio de 1812 las Cortes de Cádiz anularon la decisión hasta entonces oficial del patronazgo del Apóstol, y "por unanimidad", volvieron a declarar patrona a santa Teresa

(Antonio Aradillas).- La Iglesia es -sigue siendo,- machista., Y «machismo», sin más, es «la actitud o tendencia discriminatoria que considera al hombre superior a la mujer». La frase que aducen los diccionarios como ejemplo y modelo correctamente gramatical, es la de que «la mujer es la que debe encargarse de la casa y de los hijos». El machismo en la Iglesia es un mal endémico y además, diagnosticado «oficialmente» con pruebas y argumentos «incuestionables», a los que el dogma pretende aportar caracteres y características difícilmente salvables para algunos.

Y como la Iglesia es -tiene que ser- machista, y los cambios de mentalidad y procedimientos que puedan efectuarse, «disfrutan» de la condición de eviternos, el lema de «abandonad toda esperanza» hace dudar hoy a muchos, y a muchas, acerca de la legitimidad y «santidad» de la Iglesia, y si esta es, o no, la que quiso y quiere Jesús.

Esta leve consideración me sirve de atrio para presentar la festividad del
Apóstol Santiago «El Mayor», «Matamoros por más señas», como patrono de las Españas, habida cuenta de que antes había sido declarada como tal, la abulense santa Teresa de Jesús, ex Teresa de Cepeda y Ahumada.

 

 

En síntesis muy reducida, la historia, y mucho más, la leyenda piadosa, siguen estos pasos: En la distribución de la evangelización del mundo, entonces conocido, a Santiago le correspondió la península Ibérica. Unos aseguran que desembarcó en «Tarraco» -Tarragona- y, río Ebro hacia arriba, se le apareciera «en carne mortal» la Santísima Virgen María en la actual Zaragoza, animándole a proseguir tan ardua tarea. Otros sitúan el desembarco en «Gades» -Cádiz- y, pasando por Mérida -«Emérita Augusta»- , Coimbra y Braga, llegara a «Iria Flavia» o Padrón en Galicia. De todas maneras, el nombre del Apóstol está religado a la historia de la Iglesia hispana con fervor y devoción universales, sobre todo con el misterioso descubrimiento de su sepulcro en el «Campus Stellae», o Compostela y en el trazado y recorrido de su Camino en variedad de versiones, todas ellas universales.

La figura del Apóstol se relacionó íntimamente con la «Reconquista de las tierras al moro», en momentos cumbres como Clavijo, Las Navas de Tolosa y otras batallas, con o sin documentos históricos, en las que jamás faltó a la cita triunfante sobre su caballo blanco. «¡Santiago y Cierra España¡» fue a perpetuidad «santo y seña» de religiosidad y de patriotismo hispano, siendo útil reseñar que este grito, guerrero por antonomasia, no hace referencia alguna a «cerrar» (lo que tapa una apertura o un paso), sino a «embestir, trabar combate o acometer», explicación que tranquiliza a quienes, por españoles, podrían creerse todopoderosos de por vida, sin necesitar la ONU, ni la Comunidad Europea o cualquier otro organismo internacional, bastándose siempre, y en todo, a sí mismos. «Cerrar» es paradójicamente aquí «abrir», aunque se precise para ello la cruz del puñal -machete- de la Orden Militar que lleva el sacrosanto nombre del Apóstol Santiago, conocido popularmente también como Jacobo, Jacob, Jaime, Yago, Thiago o Diego», todos ellos con la procedencia semántica bíblica de «liberado o sostenido por el talón salvador».

Santa Teresa de Jesús aparece en la historia eclesiástica de España como su Patrona, ya en las Cortes celebradas por Felipe III en septiembre de 1616, «por iniciativa del Procurador General de los Carmelitas Descalzos, decidiéndose que «Su Majestad mandaba por justas causas que se recibiera por patrona, y hacer por ello, fiestas». El papa UrbanoVIII firmó en correspondiente edicto pontificio, que posteriormente él mismo se sintió obligado a revocar, ante las reacciones negativas que se provocaran en el Cabildo catedralicio compostelano, y entre los miembros de la Orden Militar, que aspiraban a que el verdadero y único patronazgo de la nación española fuera ejercido
por Santiago «El Mayor», el «Hijo del Trueno», y el del imposible caballo blanco de la mítica batalla de Clavijo. El argumento contundente que se aportaba no era nada más y nada menos el de que habría de ser a un hombre-Santiago- y no a una mujer, por mujer, santa Teresa-, a quien celestialmente habrían de encomendárseles tareas tan patrióticas y santas.

 

 

El 27 de julio de 1812 las Cortes de Cádiz anularon la decisión hasta entonces oficial del patronazgo del Apóstol, y «por unanimidad», volvieron a declarar patrona a santa Teresa, por aquello de su significado como valedoras del progreso, de la promoción de la mujer, de la cultura y de la desvinculación de intereses eclesiásticos o eclesiasticoides. Pero la apuesta por la santidad, por la cultura, por la historia, por la ciencia y la sabiduría encarnadas en la santa de Ávila, a la vez que por el machismo oficial eclesiástico y por la «santa» Inquisición, impusieron sus criterios regios y militares, volviéndose bien pronto a la formulación oficial de que «el único patrono de España habría de ser Santiago», aunque las leyendas más o menos piadosas, pero todas ellas guerreras, la hubieran de acompañar toda la vida. La Virgen Santísima en su advocación de «Inmaculada», habría de echar una mano generosa, a la «Fiel Infantería».

¡Felicidades para los Santiagos y santiaguistas en el día de su fiesta, y felicidades también para las Teresas, teresitas y teresianas¡. Pero, de todas maneras, y aunque lo del caballo blanco sea una leyenda, simbolizar «el ardor guerrero» en un misil con cabeza nuclear sería aterrador e indecoroso.

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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