Agustín Ortega

El legado de Medellín con Romero: santidad en tiempos de crisis

"Romero es símbolo del espíritu de fe liberadora en el amor a Jesús, a la Iglesia y a los pobres"

El legado de Medellín con Romero: santidad en tiempos de crisis
Agustín Ortega

El Reino y su Gracia que nos santifica, que nos da el don de la vida, del amor fraterno, la solidaridad, la justicia liberadora con los pobres de la tierra y la paz que culminan en la vida plena y eterna

(Agustín Ortega).- A nadie se le esconde que, en el mundo y en la iglesia, estamos sufriendo una época de crisis con escándalos, abusos, crímenes e ideologías que pervierten la realidad de lo humano y de la fe. Frente a ello, no podemos desanimarnos ni dejar que siga toda esta crisis, que va en contra de la entraña de la persona y del Evangelio. Tal como nos transmite la fe católica.

Al Papa Francisco le gusta repetir la frase memorable de Léon Bloy, significativo escritor. «Hay una frase célebre del escritor francés Léon Bloy, que en los últimos momentos de su vida decía: «existe una sola tristeza en la vida, la de no ser santos». No perdamos la esperanza en la santidad, recorramos todos este camino. ¿Queremos ser santos? El Señor nos espera a todos con los brazos abiertos; nos espera para acompañarnos en este camino de la santidad. Vivamos con alegría nuestra fe, dejémonos amar por el Señor… pidamos este don a Dios en la oración, para nosotros y para los demás» (Francisco, Audiencia Miércoles 2 de octubre de 2013).

Efectivamente, la renovación del mundo y de la iglesia siempre se ha realizado por medio de esta vida de santidad. Han sido estos santos los que, en la historia e iglesia, han contribuido a las auténticas reformas que se necesitan en la realidad. Y, como nos muestran ellos mismos y la historia, esta vida de santidad se ha asentado sobre los pilares de la espiritualidad de encarnación, de conversión y de amor fiel: a Dios en Jesucristo; a la iglesia con su misión; y a los pobres como iglesia pobre. Así ha sido desde los Santos Padres de la Iglesia con San Agustín, pasando por el movimiento mendicante con Francisco o Domingo y Santo Tomás de Aquino, los maestros espirituales modernos como San Teresa, Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola. Hasta llegar a testimonios actuales como Foucauld, Milani, Mounier, Rovirosa o Mons. Romero.

El Concilio Vaticano II reafirmó, como clave de bóveda en la vida y camino de la iglesia, esta vocación universal a la santidad, efectuada en el seguimiento de Jesús al servicio del Reino de Dios. El Reino y su Gracia que nos santifica, que nos da el don de la vida, del amor fraterno, la solidaridad, la justicia liberadora con los pobres de la tierra y la paz que culminan en la vida plena y eterna. Una de las actualizaciones más relevantes que, en nuestra época, se hizo de la vida de santidad y del Vaticano II fue en Medellín, en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Y justo ahora estamos celebrando el 50 aniversario de Medellín, por ejemplo, con diversos congresos, jornadas, seminarios, etc. En donde, como ya apuntamos, se pone a Mons. Romero como símbolo de todo este espíritu de santidad y fe liberadora en el amor a Jesús, a la iglesia y a los pobres como sujetos de su promoción y liberación integral. Tal como, asimismo, nos está transmitiendo y testimoniando el querido Papa Francisco, sucesor de Pedro.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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