"Para que vuelva a ser 'camino, verdad y vida' para la humanidad y la Madre Tierra"

Faustino Vilabrille: «La pederastia, aldabonazo atronador para que la Iglesia regrese al fundamento de su existencia»

"El poder religioso es el más peligroso porque se hiende hasta las raíces más profundas de la persona"

Faustino Vilabrille: "La pederastia, aldabonazo atronador para que la Iglesia regrese al fundamento de su existencia"
No más abusos en la Iglesia

Es tan grande la reforma que necesita la Iglesia, hacia el interior de si misma y hacia su misión en el mundo que parece estar pidiendo un nuevo Concilio que retome por un lado las importantes enseñanzas del Vaticano II

(Faustino Vilabrille).- Jesucristo fustigó la riqueza y a los ricos en cuanto tales con palabras muy duras; por eso, tanta riqueza en la Iglesia es la mayor negación del mensaje de Jesús; son hechos muy negros de la realidad de la Iglesia actual, que sumando la pederastia, tanta y tan difusa, debería llevarla a vestirse de saco y ceniza como en los tiempos bíblicos y no dejar de hacerlo hasta que desaparezca el dolor de los maltratados, no solo de los abusados sino también el dolor de tantos millones de empobrecidos, porque una Iglesia que, enseñando amor a los pobres, no comparte con ellos sus inmensas riquezas y los deja morirse de hambre, de sed, de frío y desnudez, que todo esto hemos vito en América y en Africa, es una Iglesia no solo ajena, sino abiertamente contraria al mensaje de Jesús. En el basurero de Guatemala, donde está lo más pobre de lo más pobre del país, vimos miles de familias en la más absoluta miseria: la misionera que nos acompañaba dijo: «aquí la Iglesia Católica no tiene presencia», pero bien cerca tenía un templo lujosísimo.

El Hermano Francisco quiere renovar radicalmente la Iglesia. Pero los que más deberían ayudarle a sembrar la renovación, son los que menos ponen la mano en el arado, porque si muy grave es la conducta de los eclesiásticos abusadores, aun si cabe, es mayor la de tantos obispos y responsables eclesiásticos que los ocultaron y encubrieron, o se limitaron a cambiarlos de sitio como verdaderos aforados por el poder de la Iglesia, sin escuchar a las víctimas e incluso imponerles silencio para que todo quedase oculto y no desdorar la imagen pública de la Iglesia.

Y más aun los propios Obispos, con su poder omnímodo en sus Diócesis aforados desde Roma por el poder de los Papas anteriores hasta que llegó Francisco, y les tuvo que llamar severamente la atención, porque la pederastia era ya una enfermedad endémica desde Australia hasta Pensilvania, dejando por el camino muchas estaciones, como los obispos de Chile que fueron todos llamados al Vaticano por Francisco, algunos ya dimitidos por culpa de la pederastia, porque el poder piramidal de la Iglesia de arriba abajo, es tan grande que no solo es poder económico y aforador, sino también religioso, que es el más peligroso porque se hiende hasta las raíces más profundas de la persona.

Si una Iglesia que no se conmueve o solo lo hace poco más que sentimentalmente, ante 800 millones de pobres que hay en el mundo y que mueren de hambre por miles cada día, de los cuales casi 10.000 son niños, ante las exigencias de justicia y amor que nos plantea el Evangelio, que no lo lee cuando dice: «vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tu ven y sígueme», y no es capaz de poner sus riquezas a su servicio, parece que la pederastia le vino como un aldabonazo atronador para que regrese al origen y fundamento de su existencia, y vuelva a ser «camino, verdad y vida» para una humanidad y una Madre Tierra que tanto lo están necesitando. Es tan grande la reforma que necesita la Iglesia, hacia el interior de si misma y hacia su misión en el mundo que parece estar pidiendo un nuevo Concilio que retome por un lado las importantes enseñanzas del Vaticano II, casi parece que intencionadamente olvidadas, y por otro la ponga plenamente al día ante la realidad del mundo actual.

El Hermano Francisco está luchando incansablemente para devolver a la Iglesia del rostro del Evangelio, para que pueda ser plenamente reconocido en ella el gran mensaje de Jesús de Nazaret, el mejor que ha conocido la humanidad hasta nuestros días. No ayudarle es ser cómplice de la frustración de ese gran mensaje y como consecuencia de los sufrimientos de la Humanidad y del Planeta que la sostiene.

Un gran abrazo a vosotros, amigos lectores, y especialmente para todos los abusados y empobrecidos del mundo, y que los abusadores y encubridores retornen al abrazo paterno del Padre y fraterno de Jesucristo.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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