Antonio Aradillas

«¡En menudo lío acaban de meterle con el cadáver de Franco!»

"Cualquier justificación por su parte correría multitud de riesgos"

"¡En menudo lío acaban de meterle con el cadáver de Franco!"
Antonio Aradillas

Rememorar derechos ancestrales dimanantes de la posibilidad de ser propietarios de tumbas y capillas funerarias dentro de los templos y sus respectivas criptas, no parece mínimamente evangélico

(Antonio Aradillas).- Dejo a un lado protocolos ya finiquitados, por «eminentísimos» y por «principescos» cardenalicios, que sé que no son de su agrado, y le dirijo esta carta con sinceridad y sin más recursos y emolumentos que los estrictamente evangélicos.

¡En menudo lío,-léase embrollo- cívico, político y religioso acaban de meterle a usted, o ha consentido meterse, a propósito de la posibilidad de que el cadáver de Franco repose «por los siglos de los siglos» en la cripta de la catedral de La Almudena, parroquia por más señas…¡ Somos muchos los que le `pedimos a Dios que la prudencia, la audacia, la parresía, la gracia de Dios, todo el coro de virtudes sobrenaturales y humanas y la corte celestial en pleno, le ayuden en la tarea, ardua y difícil, de resolver uno de los problemas de mayor importancia como el que se afronta en España en los últimos tiempos, tal y como piensan, creen y «practican» multitud de ciudadanos, de ciudadanas y, por supuesto, de la «tropa» política que rige nuestros destinos…

Y es que Francisco Franco, dictador, y con tantos otros títulos y predicamentos casi «canónicos», en su vida, y a la hora de la muerte, fue «canonizado» oficial u oficiosamente por todo el episcopado, de alguna manera, pero siempre concordatariamente nombrado por él, o con su aquiescencia personal directa. Con excepción de Mons. Busarrais, entonces obispo de Málaga, y de Mons. Setién, obispo auxiliar de San Sebastián, los demás miembros del episcopado le ascendieron «al honor de los altares» antes y después de invocarle como «enviado de Dios», con añoranzas, indulgencias y bulas de la «Santa Cruzada». Alguno de los referidos obispos hasta llegó a informar públicamente haberle dirigido los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, destacando que no tomaba decisión alguna sin haberla meditado ante el Sagrario de su palacio de El Pardo.

 

 

De las reliquias de Franco, santo en vida y en muerte, y enterrado hasta ahora a la sombra salvadora de la cruz del Valle de los Caídos, nadie quiera ser su protector, administrando sus «gracias» aún en el caso más que demostrado de que no pocas de ellas se identificaran con fundamentalismos seudo-religiosos, hostiles a todo planteamiento evangélico, como no sean la de la piedad, el perdón y la misericordia.

Cualquier alusión de la que pudiera desprenderse la justificación episcopal por su parte de que reposen los restos del «Generalísimo», en La Almudena, porque se trata de un cristiano- por aquello de la obra de misericordia «enterrar a los muertos», correría multitud de riesgos. En el listado sobresaldría el hecho de que un cristiano-cristiano- como habría de ser Franco, jamás habría llevado hasta sus últimas y aterradoras consecuencias la ejecución de la pena de muerte a unos condenados por razones políticas… El mismísimo papa Pablo VI le suplicó de rodillas que los perdonara, no obteniendo favorable respuesta…

La invocación de usted, don Carlos, de que «no puedo oponerme al derecho de la familia de enterrarlo en la cripta de La Almudena, en la que cuenta con cuatro tumbas», tampoco parece ser argumento convincente, aún después de que el nuevo Código de Derecho Canónico -a.1983-, determine no ser posible enterramientos dentro de la iglesia, a excepción de obispos y otras personas sagradas.

Rememorar derechos ancestrales dimanantes de la posibilidad de ser propietarios de tumbas y capillas funerarias dentro de los templos y sus respectivas criptas, no parece mínimamente evangélico. Si aún después de muertos, unos habrán de seguir siendo tratados a perpetuidad por «Nuestra Santa Madre la Iglesia», como ricos y otros como pobres, equivaldría a tener que seguir aceptando la inveterada idea de una Iglesia clasista y discriminatoria, en cuya fe jamás creerán sobre todo los jóvenes, con reduplicativa mención para las mujeres, de quienes se acaba de aseverar que «las más inteligentes son hoy las primeras en prescindir de la Iglesia…»

Comprendo que sus decisiones episcopales relacionadas con Franco serán miradas y analizadas con lupa, y a la luz de multitud de colores y estos no precisamente litúrgicos, aunque coincidan con los establecidos en propiedad, y simbolismos, con los de los respectivos partidos políticos. Personalmente confío en que acertará usted en sus determinaciones y estas serán «franciscanas», obviando toda contingencia de que la cripta-parroquia de La Almudena se convierta en centro y eje de peregrinajes, bajo palio y con botafumeiro.

También a título personal, y hablando de otro tema, le sugiero que, de tú a tú, gestione con su «colega» cardenalicio, el arzobispo de Barcelona, donde, cómo y en qué lugares sagrados, esconden sus sacerdotes las urnas seudo- electorales, por santos que sean sus «independentismos». Le sugiero que piensen también en el esquema de homilías, por si algún día triste las han de predicar en las misas en sufragio de quienes dieron sus vidas en los enfrentamientos de diversos colores entre sus diocesanos…

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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