Libro de Consuelo Vélez, bloguera de RD, en Paulinas

‘Caminando en la presencia de Dios’

Invitaciones a encontrar las huellas de Dios presentes en todo lo que vivimos

'Caminando en la presencia de Dios'

Una serie de reflexiones en torno a temas y personajes bíblicos, tiempos litúrgicos, espiritualidad, valores... siempre con la Palabra de Dios al fondo

(Paulinas).- Olga Consuelo Vélez Caro, teóloga colombiana, nos ofrece una serie de reflexiones en torno a temas y personajes bíblicos, tiempos litúrgicos, espiritualidad, valores… siempre con la Palabra de Dios al fondo. 

Son meditaciones breves, que ayudan a comprender mejor el mensaje que contienen los enunciados, desde la gran preparación y la profundidad de la autora, pero con un lenguaje en su exposición cercano, comprensible, encarnado en la realidad de nuestra vida y nuestro mundo.

Estas reflexiones abordan diversos aspectos de la vida buscando en ellas las huellas y la presencia de Dios, de su Espíritu que siempre suscita vida, fuerza, entusiasmo y, sobre todo, compromiso.

Son invitaciones a encontrar las huellas de Dios presentes en todo lo que vivimos y a motivarnos, una y otra vez, en el seguimiento del Señor que un día emprendimos y en la vitalidad de la vida cristiana que intentamos vivir.

La autora propone que se utilicen estos textos como tema de meditación para alimentar la vida cristiana, tomándolas como punto de partida de esa llamada del Señor que, cada día, se renueva y se manifiesta a través de las mediaciones humanas.

 

Capítulo 21. Alegría

La alegría es una de las características -tal vez la más importante- del Adviento. Y tiene que ser así porque la alegría es don de Dios, fruto del Espíritu, testimonio de una vida llena de Dios. Por esto la alegría se hace presente en muchas páginas del evangelio porque es señal elocuente de la presencia divina.

Así lo vemos en el saludo del ángel a María el día de la anunciación: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1,28), como también en el saludo de Isabel a María: Dichosa tú que has creído (Lc 1,45), y en el cántico que María entona reconociendo las maravillas que el Señor ha hecho en ella: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador (Lc 1,47).

Pero no es menor la alegría cuando los ángeles anuncian a los pastores el nacimiento del Niño en Belén: No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo, en la ciudad de David hoy os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor (Lc 2,10-11), y de todos los que se admiraban (Lc 2,18) por las grandes cosas que sucedían esos días entre ellos. Así ha de ser también entre nosotros. La alegría ha de llenar nuestra vida y mostrar que el misterio que celebramos tiene la fuerza y la capacidad de alegrar el corazón humano, de darle sentido y plenitud.

La alegría nos permite ver el mundo con ojos agradecidos y reconocer la bondad de todo lo humano. La alegría nos dispone para vivir con ánimo y esperanza y, principalmente, nos ayuda a ver a los otros con benevolencia. Por tanto, alegraos siempre en el Señor, como les dice Pablo a los Filipenses (4,4), para mostrar con nuestra vida que el Niño Jesús ha nacido y se ha quedado para siempre entre nosotros.

Para saber más acerca del libro, pincha aquí:

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído