Andrés Ortíz-Osés

Goya homoerótico

"El auténtico amor es como una amistad con alas, y en el caso de Goya el propio autor habla de la inspiración amorosa de su amistad"

Goya homoerótico
Andrés Ortíz-Osés

Goya el homoerótico abre una perspectiva inédita hasta la fecha, puesto que trastoca y revisa la pintura de un genio que pinta y enmarca la distorsión de nuestra coexistencia tan poco pacífica

(Andrés Ortíz-Osés).- «Quiero ser libre» (F.Goya)

La estupefacción recorre nuestra historia del arte. Goya, el viejo arquetipo patriarcal en su versión aragonesa e hispánica, es homoerótico, para decirlo finamente. Su íntima y delicada amistad con su amigo de infancia Martín Zapater de Zaragoza así lo confirma. Manuela Mena habla de «amistad amorosa», y en sus cartas el gran pintor se decanta por un auténtico amor homoerótico, en el que la amistad se desborda sensualmente, hasta acabar firmando, enamorado, con su nombre y el del amado en conjunción sentimental.

Goya el ceñudo y el brioso, el hosco y sordo, el tozudo y cabezón, pero ilustrado y afrancesado. Goya el crítico y satírico, con su pintura agria pero fina, sensible y modernísimo. Goya de los contrastes y la negrura, del desasosiego y el desafuero, pero intuitivo, valiente y radical. Goya el de la Maja no excesivamente maja, el de la guerra y la paz, del Coloso, Saturno y Duelo a garrotazos, pero también de los Fusilamientos del 3 de mayo, con el blanco protagonista alzando los brazos al cielo, emergiendo de la noche como alma en pena.

Goya el heroico y el antiheroico, el pintor corrosivo de la Corte y la Iglesia, el librepensador amenazado y amenazante. Goya el de las mujeres extrañas y el de su amigo/amante, Goya y su sensibilidad hipermoderna. Quizás su homoerótica explique un tanto su criticismo y su visión burlesca y aún carnavalesca de la vida, su perspicacia más acá de lo consabido, su profundidad visual más allá de lo previsto. Goya el homoerótico abre una perspectiva inédita hasta la fecha, puesto que trastoca y revisa la pintura de un genio que pinta y enmarca la distorsión de nuestra coexistencia tan poco pacífica.

Ha dicho el Papa Francisco que la homosexualidad parece hoy una moda, pero más bien se trata de un modismo o modalidad del amor. Cuya moralidad depende de su ejercicio positivo o negativo, humano o deshumano, amoroso o desamoroso. El auténtico amor es como una amistad con alas, y en el caso de Goya el propio autor habla de la inspiración amorosa de su amistad. Pues ya se sabe, el amor es lo más honroso o lo más deshonroso, según sus modos o modales lo sean. Pero en sus cartas Goya idolatra al amado, y ello lo delata positivamente.

La homoerótica de Francisco de Goya, Paco para el amigo, se inscribe en un amplio e irregular contexto histórico que remite al Olimpo de Apolo y, en la tierra, a Gilgamesh o el rey David, a Aquiles o Alejandro Magno, Safo, Sócrates o Platón, Ibn Arabí, Montaigne o Erasmo, Leonardo, Miguel Ángel o Shakespeare, V.Woolf o Mishima, T.Mann o Visconti, O.Wilde o G.Lorca, A.Warhol o M.Yourcenar. Todos ellos y ellas, incluido ahora nuestro Goya, conciben el amor como un preservar la originalidad del otro a expensas de uno mismo, sabedores de que el amor no peca, sino solo el mal amor y el desamor. La homoerótica es pues tan respetable como se haga respetar, ya que el amor vence solamente si convence.

Pues bien, la homoerótica de Goya quizás explique la melancolía brumosa de su pintura, así como cierta misantropía y pesimismo que tiende a lo grotesco. Desde esta nueva perspectiva goyesca, cabría interpretar la obra contundente de nuestro creador como la recreación de una realidad distorsionada o desencajada, oscura y desangelada, extraña. A partir de ese trasfondo claroscuro, nuestro pintor define su pintura como un acto de amor y salvación: de amor salvador de el/lo otro en su prostración o extrañamiento

Vivencias y covivencias (19)

Amar es asumir la fragilidad: propia y ajena.

El catolicismo se ha quedado rezagado respecto al cristianismo.

El pecado como falta u oquedad: receptáculo que acoge la gracia (Papa Francisco).

Harto de quejarse, el hombre debe asumir la vida con desesperación.

Para erradicar sus pesares, se radicalizó sin extremismos.

Deseaba secretamente no estar ya en este mundo: pero se adaptaba a la vida fluentemente.

Discurrir es dejar correr el pensamiento: entre el flujo o afluencia de los contrarios.

No es bueno que Dios esté solo: es el título de un libro que es bueno que se quede solo (por superficial).

Mi madre ha sido mi religión: religación matriarcal.

El mito es épico, la poesía es lírica: la música es dramaturgia épico-lírica.

El mito es impresión de realidad, la poesía es expresión surreal: la música es impresión expresionista.

La poesía es lírica: es la lira de Apolo sobreponiéndose a la flauta trágica de Dioniso.

Baudelaire define la belleza como dracontiana: el héroe se alía con el dragón.

La armonía es la armonización de la disarmonía.

A.Gide defiende la razón y la inspiración transracional.

Yo también seré juzgado del amor: pero del amor al arte.

El problema del país: no se comporta, no aporta, no reporta (y sin embargo importa).

El mundo es una trampa: hampa.

El pobre no puede ver al rico, y el rico no quiere ver al pobre: sólo la clase media ve al pobre y al rico (mediación).

Días de vino y rosas: días de copas, coplas y cópulas.

Yo sólo creo en Dios: lo demás lo veo.

Bienaventurados los ateos porque encontrarán a Dios (Mª López Vigil).

En los Monegros todo es más fuerte y sabe más: frutas y cereales, la vida y la muerte.

En Aragón el frío es masculino y el calor femenino: la calor.

La paradoja de la vida: lo peor es lo mejor (la muerte).

El tiempo es el interior y el espacio es el exterior.

El espacio como cuarta dimensión del tiempo: la dimensión que acoge las otras tres (pasado, presente y futuro).

Lo bello equilibra: lo sublime desequilibra.

El sentido es la aquiescencia del hombre con el ser.

El amor despierta en el hombre la melancolía del absoluto.

El sentido de la vida es el sentido que muere: el sentido existencial es el sentido dexistencial.

Para Dios todo está bendito, para el diablo todo está maldito: y para el hombre todo está bendito y maldito (ambivalencia).

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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