Religión sí, pero menos -nada- "oficializada"

Aradillas: «Es absolutamente necesario el estudio y reforma de los Acuerdos»

"La religión y su evangelización pertenecen a la esfera de la catequesis"

Aradillas: "Es absolutamente necesario el estudio y reforma de los Acuerdos"
Laicismo

Los privilegios, -también y de forma especial para los de tipo religioso católico, y no para el resto de otras creencias -, no pueden tener carácter cristiano de verdad de la buena y en fiel sintonía con el evangelio y el comportamiento de Jesús

(Antonio Aradillas).- Yo –¡Válgame Dios!– ni soy, ni quisiera ser ni ejercer jamás de iconoclasta, extendiendo el significado de «icono» -imagen- a tantas parcelas de la Iglesia , merecedoras todas ellas de reflexión y, en su caso, de renovación profunda y urgente. Pero en relación con la asignatura de la religión, obligatoria en proporciones y valoraciones diversas, hoy tan discutidas, me manifiesto de la siguiente manera:

No soy partidario de su imposición, tal y como oficialmente se intenta y para cuya consecución y logro se hacen multitud de gestiones por parte de la Iglesia y sus representantes supremos. La religión- religión cristiana, y su evangelización, pertenecen a la esfera de la catequesis, con las formas y fórmulas pastorales al uso en las parroquias, o en los centros -colegios, organizaciones o entidades- respectivos. En el cristianismo auténtico, y en el seguimiento en conformidad con las pautas del santo evangelio, no caben coacciones, imposiciones, reglamentadas o no, ni notas que de alguna manera repercutan en los expedientes académicos. «Asignatura» -«materia que forma parte de un planteamiento de estudios»- , y «religión» , aunque esta sea la católica, apostólica y romana, no tienen por qué depender una de otra, ni dentro ni fuera de España, aunque así lo haya sido en épocas más o menos largas y al dictado de intereses no siempre legítimos, a favor de una o de las dos partes «contratantes».

-Los privilegios, -también y de forma especial para los de tipo religioso católico, y no para el resto de otras creencias -, no pueden tener carácter cristiano de verdad de la buena y en fiel sintonía con el evangelio y el comportamiento de Jesús, que adoctrina libro tan salvadoramente sagrado. En el evangelio no cuentan mucho los adeptos, adictos, partidarios, sumisos y los no convencidos de serlo si no es por la gracia de Dios, por el ejemplo de sus predicadores y catequistas y por la libre disposición de cada educando interesado en estas materias, doctrinas y comportamientos ético- morales.

 

 

Proselitismo y religión se desmatrimoniaron, y su nulidad está reconocida y aprobada por la misma Iglesia, sin intervención directa de sus propios Tribunales, a los que, de por sí, les sobra lo de «sagrados» o «eclesiásticos».

¿Qué decir de los pactos establecidos al respecto en las relaciones Iglesia-Estado, de los que precisamente estos días se cumplen sus aniversarios?. Reconociendo la validez de los mismos, a la vez creo indispensable y obligada la absoluta necesidad de su estudio y debida reforma. Los tiempos han cambiado de manera entonces impredecible e impensable. También han cambiado las personas, así como las doctrinas, las circunstancias e instituciones. Para bien o para mal, dependiendo de quienes los juzguen y de las perspectivas desde las que se sitúen, sin descartar tampoco intereses más o menos «legales». Revisar los pactos y su misma legitimidad en estas materias religiosas, y recurrir a los mismos en defensa de su continuidad, es tarea inaplazable que habrá de favorecer la propia Iglesia sin obstáculo alguno. El bien integral -material y espiritual- de la colectividad, y más cuando quienes lo representan fueron y son democráticamente elegidos, campará -destacará- sobre cualquier otra motivación o razón.

-Pero, por supuesto, que en el proceso de la selección del nombramiento de los profesores de la asignatura de la religión, no regirá jamás la dedocracia por parte del obispo de turno, como tantas veces ha ocurrido y ocurre, con la seguridad impoluta (¿¿) de que tales obispos aprobaron el master de la ortodoxia del Vaticano II y el del papa Francisco. Fueron y son muchas las cátedras de religión «donadas», con sus emolumentos, estipendios y pagas ordinarias y extraordinarias, como otros tantos premios clericales, y aún con la exclusión de la más que dudosa legitimidad constitucional, por ejemplo, para con los secularizados y los divorciados o divorciadas…

-Como se imparte hoy, se enseña y se ejemplariza la asignatura de la religión en no pocos centros, con pactos «oficiales» o sin ellos, esta -la religión- necesita radical e inaplazable reforma con color, sabor y saberes mucho más «franciscanos».

 

 

 

-De «cacicada eclesiástica» musitan algunos catedráticos civiles, con oposiciones ganadas en buena lid, que es merecedor el procedimiento que en los estamentos religiosos se pretende perpetuar, en conformidad con las aspiraciones ya adelantadas en ellos en relación con el problema docente.

Religión sí, pero menos -nada- «oficializada», y sin perder jamás de vista que, en ocasiones, laicos y seglares pueden interpretar, e interpretan, -y vivan- el evangelio con la misma, o superior, garantía, que lo hagan los mismos obispos.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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