Antonio Aradillas

Guadalupe no tiene tren

"A la espera de tiempos mejores, el devoto y creyente pueblo extremeño se siente marginado"

Guadalupe no tiene tren
Antonio Aradillas

Invocar la "voluntad de Dios" en esta y en tantas otras circunstancias, aún injustas, demanda sacramentalmente examen de conciencia, dolor de corazón, arrepentimiento, propósito de enmienda y reparación de los daños

(Antonio Aradillas).- Sí, Guadalupe no tiene tren. Y esta afirmación que responde con cultura, fidelidad, escándalo y resonancia en los medios de comunicación social, nacionales e internacionales, resulta ser noticia de notable importancia. Para algunos, misteriosa e infinita. Me explico:

Guadalupe es nada más y nada menso que el apellido, o la advocación, gloriosa de la Virgen, patrona «civil» y «canónica» de Extremadura. Guadalupe es Extremadura, además con su complemento colorista, entrañable y devoto hispanoamericano, lo que encarece y testifica su desbordante y colosal influencia divina y humana, es decir, religiosa y política.

Y, mientras que Guadalupe -Extremadura total-, no tiene tren, o este se avería sistemática, descorazonadoramente, y para propios y extraños, es conocido y reconocido, con la deshonrosa y humillante invocación de de «el tren de la vergüenza», su arzobispo -el de Guadalupe- suprema autoridad eclesiástica con sede y residencia en Toledo, capital de Castilla-La Mancha, dispone nada más y nada menos que de un AVE, no el de «María Purísima» sino el de los que vuelan, pletóricos de rapidez, confort y comodidades, como si su destino pingüe y devoto fuera La Meca, con o sin regias bonificaciones terrenales, además de las estrictamente religiosas.

El pueblo-pueblo extremeño, por más señas castúo y todavía con índices culturales- religiosos tan parcos, ante el espectáculo y fácil comprobación en carne propia de la ofensiva y cruel discriminación social que padece, le achaca a don Braulio, de Toledo, gran parte de la responsabilidad de las desgracias «ferrocarrileras», y de las otras, que en la actualidad sigue padeciendo la Comunidad Autónoma de Extremadura.

 



Y es que, como me refieren, y es de sentido común en conformidad con las enseñanzas «religiosas» aprendidas en las escuelas de los pueblos, sin Madre y sin Patrona oficial y oficiosa, como acontece en estas tierras en las que antes «nacieron los dioses» que conquistaron y evangelizaron las Américas, no es posible que marchen los trenes, como es debido, ni que los índices de progreso y desarrollo sean los más bajos de España y de buena parte de Europa. Así lo testimonian los estudios y las estadísticas oficiales de carácter internacional, y lo viven y refieren los residentes en una de las zonas más deprimidas de la provincia de Badajoz, con explícitas y documentadas referencias al pueblo de Zahínos.

En consonancia fiel con lo que comentan devotos, y no tan devotos, de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura, sin la «Madre de Dios y Madre nuestra», o exiliada esta de su propio territorio canónico y civil, por obra y gracia -desgracia- de las autoridades eclesiásticas, -con especial e indulgenciada mención arzobispal y primada para don Braulio-, hay que ser, de por vida, necesariamente pobre y de solemnidad.

Consciente el pueblo, de la responsabilidad también de las autoridades eclesiásticas, es explicable que tal dato sea argumento piadoso que caracterice el ancho y profundo sentido de aguante y «resignación cristiana» que sigue definiendo a los paupérrimos moradores de la última -sí, última- de las diecisiete Comunidades de la España constitucional de las Autonomías.

Con audacia, autoridad, respeto y pleno convencimiento de quien, o quienes, conocen de verdad la situación social-económica, cultural y religiosa de la región extremeña, uno de sus representantes democráticos les espetó -«echar en cara o culpar»- a los responsables estatales, que eran y son unos inútiles«… Con conocimiento de causa y carisma, aquí me hago eco del convencimiento de no pocos cristianos extremeños, de estar ya convencidos de que la aplicación de «inutilidad» también tiene nombres y apellidos jerárquicos, sin descartar los del Presidente de la Conferencia Episcopal Española, los del Nuncio de SS. y los de quienes misteriosamente se ocultan  o los ocultan- en la expresión falaz y mentirosa de que «tal es la voluntad de Dios y de Roma». Invocar la «voluntad de Dios» en esta y en tantas otras circunstancias, aún injustas, demanda sacramentalmente examen de conciencia, dolor de corazón, arrepentimiento, propósito de enmienda y reparación de los daños que pudieron haberse ocasionado…

A la espera de tiempos mejores, el devoto y creyente pueblo extremeño se siente marginado, también por parte de la jerarquía eclesiástica, con el aterrador convencimiento de que tal caso, y dramática situación, sería impensable en Comunidades Autónomas y Provincias Eclesiásticas, como Cataluña, La Rioja, Murcia, Valencia…y el resto de las de España… Aportar a título de consolación religiosa el hecho bíblico de que la Virgen María y su familia, recorrieron el camino del exilio a Egipto con medios de transporte infinitamente inferiores a los trazados y mantenidos por la RENFE entre Badajoz y la madrileña estación de Atocha -¡otro sobrenombre de Virgen¡-, a cualquiera tendría que sonarle a blasfemia.

 



Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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