"También fue padre conciliar, incorporándose en las últimas sesiones"

Mauro Rubio, un obispo fiel a su misión de testigo de la palabra de Dios en medio de la vida

"Apostó por una Iglesia de los pobres y quiso resaltar que la fraternidad no fuera una pura teoría"

Mauro Rubio, un obispo fiel a su misión de testigo de la palabra de Dios en medio de la vida
Mauro Rubio

Su trayectoria de vida y experiencias, configuran el modo de entender la Iglesia a Mauro Rubio, apostando por una Iglesia de los pobres y no del poder o sociedad perfecta. Esta visión movería al obispo de Salamanca a dejar el palacio episcopal

(Juan Antonio Delgado).- Mauro Rubio nació en la localidad albaceteña de Montealegre del Castillo en 1919. Al acabar la guerra y los estudios universitarios, ingresó en 1942 dentro del seminario de Madrid, como muchos de su generación.

Fue ordenado sacerdote y se interesó pronto por la vida de los jóvenes trabajadores. En 1950 asistió al Congreso de la JOC en Bruselas, con ocasión del 25 Aniversario de la organización, junto a varios sacerdotes y seminaristas que serían pronto impulsores de la JOC en España.

Tras una estancia de estudios en Roma, Mauro Rubio, en 1955, fue el primer consiliario nacional de la Juventud Obrera de Acción Católica nombrado por la Conferencia de Metropolitanos, según los nuevos estatutos que incluían la JOC dentro de la Acción Católica. Y en 1964, por el sistema normal concordatario, fue nombrado obispo de Salamanca.

Aun siendo una persona de talante moderado, su nombramiento no estuvo exento de polémica. Tal vez por ello, se extremó en pruebas de agradecimiento personal al jefe del Estado en una carta que vale la pena leer en el ANEXO 3º.

La desconfianza por este nombramiento se manifestó cuando estaba en trámite, como lo muestra la carta que un alto funcionario de la embajada ante la Santa Sede, Esteban Fernández, envió al Ministro de Asuntos Exteriores. En ella dice que lo conoce desde que era universitario en Madrid, dirigente de Acción Católica y colaborador del semanario Signo, de «espíritu patriótico».

Después volvió a encontrarlo cuando ampliaba sus estudios de Teología en la Gregoriana y convivía en la casa de Montserrat con Maximino Romero de Lema, que era el rector, Ramón Lamas, Demetrio Mansilla, Miguel Roca y Justo Fernández.

Asegura Esteban Fernández que son infundados los rumores que corren sobre su contagio por «el virus progresista» y que, en cambio, lo considera una de las personas más indicadas para el control del clero joven.

Por su edad y por las actividades que ha desarrollado en diversos tiempos y periodos puede considerársele como puente entre dos generaciones, preparado para no rechazar de plano y sin examen la evolución ni embarcarse alegremente con novedades no acrisoladas.

Mauro Rubio, con el báculo

Realmente Mauro Rubio era un obispo moderado, pero muy en la línea de todo el llamado grupo de Montserrat, dirigido por Maximino Romero de Lema. Las obras que emprendían tenían siempre un carácter progresista, como el Seminario

Hispanoamericano en Madrid que describe así Melquiades Andrés, quien fue su rector por más tiempo y en cuyo testimonio se recogen muchos de los nombres que han ocupado después sedes episcopales y otros cargos de responsabilidad en la Iglesia de aquellos años y a los que nos hemos referido a lo largo de este trabajo:

El Hispanoamericano abrió sus puertas a los primeros catorce alumnos los días 8 y 9 de enero de 1954 en un ala del futuro Museo de América en plena construcción. No fue posible inaugurarlo en el primer trimestre de aquel curso. El día 10 de enero, se celebró la primera reunión de profesores.

Padre espiritual, D. Antonio Garrigós; profesor de moral, D. Rafael González Moralejo; de teología fundamental, D. Gaspar Vicente; de Sagrada Escritura, D. Evaristo Martín; de Historia de la Iglesia, D. Antonio Montero, que viviría en el seminario y ayudaría al Rector…

El equipo de superiores y profesores se fraguó en la Iglesia de Montserrat de Roma. De allí procedió la sustancia: Miguel Benzo, Mauro Rubio Repullés, Antonio Palenzuela Velázquez, Miguel Roca, José Ignacio Tellechea, Carlos Castro, Manuel Estepa, Juan Errandonea, Justo Fernández, José Mª Herrero, el rector Melquiades Andrés… Con ellos empalmaron de modo maravilloso Rafael González Moralejo, Antonio Montero, Manuel Unzu, Fernando Urbina…

En mi larga vida nunca he trabajado con un equipo de tanta categoría humana, científica y eclesial, de tan alto espíritu de sacrificio, colaboración y consejo…

En el curso 1957-1958 quedó muy redondeado el claustro con la incorporación de D. Antonio Palenzuela, futuro obispo de Segovia, para teología dogmática; D. Juan Errandonea, con sus múltiples licenciaturas en culturas orientales, para Griego neotestamentario, Hebreo e Historia bíblica y D. Felipe Ugalde, en sustitución de D. Rafael González Moralejo, nombrado obispo auxiliar de Valencia.

Mauro Rubio, también fue padre conciliar, incorporándose en las últimas sesiones. Este hecho lo transmitió por todos los núcleos rurales de Salamanca. Esto sirvió para nombrar para la zona de Vitigudino a una persona excepcional y preparada filosóficamente y teológicamente, nos referimos a Marcelino Legido, quien ayudó a que los textos conciliares penetraran en aquél mundo rural.

Su larga relación con la JOC le configuró para encarnar el método jocista en su diócesis como forma de trabajo pastoral, método que tiene como núcleo de trabajo el ver, juzgar y actuar. Surge un concepto educativo que se puede llamar educación total frente a otros conceptos parciales.

En el movimiento educativo JOC de Cardijn quedaba superado el concepto negativo de huida del mundo: el joven va a desarrollar la personalidad activa y responsable en la vida social, en toda su intensidad y espesor real.

Toda esta trayectoria de vida y experiencias, configuran el modo de entender la Iglesia a Mauro Rubio, apostando por una Iglesia de los pobres y no del poder o sociedad perfecta.

Esta visión movería al obispo de Salamanca a dejar el palacio episcopal, pero no fue él sólo, también lo hicieron otros obispos de la región. Los palacios eran signo de ostentación y ellos preferían situarse junto al pueblo.

Mauro Rubio, quería resaltar sobre todo, que la idea de fraternidad entre todos los hombres y mujeres no fuera una pura teoría, ni se basara en la figura de un obispo panóptico.

En el libro Mi Memoria que se publicó cuando Mauro Rubio cumplió 80 años, este obispo conciliar tiene en mente el retrato sociológico que él hizo de su diócesis cuando llegó en 1964 y que muestra el talante con el que un obispo de sus características afrontaba la asunción de su responsabilidad pastoral.

Empieza haciendo un estudio demográfico de la diócesis: densidad media, 36 h./Km2, aumento de habitantes en la capital, 90.498 en 1960 y 104.777 en 1965, habitantes en el resto de la diócesis, 186.617 en 1965, distribución de la población en núcleos compactos, mixtos y diseminados. Después un estudio del tamaño de las parroquias en la ciudad y en los pueblos.

También recoge los porcentajes de mayores de 64 años en la ciudad y en la zona rural, en hombres y mujeres, en Salamanca y en el resto de España.

Se interesa por la distribución de la población activa, señalando que en 1967 el 50% estaba dedicada al sector primario, y por la distribución de los institutos de segunda enseñanza, que eran un total de 15 centros en 1967 para un total de 22.000 habitantes de 11-17 años.

Y, al final, un análisis de la práctica religiosa que acaba con este dato que era como un bálsamo para su responsabilidad de pastor con más de 250.000 almas: en 1963, según la encuesta de la Oficina de Estadística de la Iglesia, las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo eran las que menos casos presentaban de fallecidos sin sacramentos entre 36 diócesis españolas.

Mauro Rubio se describe a sí mismo en su Memoria como un metódico observador de la realidad, primer fundamento para una pastoral de conjunto, pero también se muestra un convencido de conjuntar la acción pastoral en todas las diócesis de Castilla y testimonia cómo nació la Pastoral de Conjunto.

Los obispos decidieron crear la coordinación regional para examinar las necesidades pastorales de la región y darles una respuesta común.

Según Mauro Rubio, aunque Castilla tiene una fisonomía rural, siempre se procuró estar en contacto con la pastoral obrera, sostenida por la JOC y la HOAC, y con su método de partir de la realidad socioeconómica.

Y destaca que los obispos de Castilla, junto con sus vicarios, celebraron desde 1970 más de 100 reuniones para coordinar la pastoral.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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