Fundador y director del ETEA, precursor de la actual Universidad Loyola Andalucía

Muere en Málaga Jaime Loring, un jesuita muy singular

"Intelectual hasta el despiste de lo práctico, pero con una honda preocupación por los problemas sociales"

Muere en Málaga Jaime Loring, un jesuita muy singular
Jaime Loring, sj

Su identidad sacerdotal y jesuítica, sin embargo, siempre las llevó por delante, y también reconoció que su talante de fe fue respetado y aceptado siempre por todos sus amigos no católicos

(Luis Espina).- Hay personas más singulares que otras. Ayer se enterró Jaime Loring, en Málaga y a los 89 años, un jesuita verdaderamente singular.

En una entrevista periodística le preguntan por qué es tan «inclasificable», y responde con cierto humor: «yo no soy incalificable, soy una persona como otra cualquiera, más bien aburrida». Pero sí es verdad que es singular y que tiene además una biografía polifacética y una vida muy poliédrica.

Contrastes. Sorprende mucho que es hijo de una familia típica de las derechas en los tiempos anteriores a la guerra civil española (su padre poseía una fábrica de aviones en Barcelona, negociaba personalmente con el Rey de España, y fue posteriormente fusilado por la República en el Jarama), con estos antecedentes contrasta enormemente que él, siendo jesuita, fuese propuesto para la Alcaldía de Córdoba y para el puesto del Defensor del Ciudadano, en los tiempos en que el Partido Comunista regentaba el Ayuntamiento de Córdoba.

Tenía otro hermano jesuita, Jorge, en las antípodas de él por conservador, pero con el que siempre mantuvo un trato excelente. Era muy despistado y desordenado, y al mismo tiempo amable y delicado en el trato, aunque sin llegar a ser nunca muy efusivo. Intelectual hasta el despiste de lo práctico, pero con una honda preocupación por los problemas sociales y por las personas más necesitadas. Practicante del tenis hasta edad muy avanzada y fumador empedernido hasta un año antes de su muerte, al ser trasladado de la Córdoba en la que siempre ejerció su actividad jesuítica hasta la enfermería jesuítica de Málaga.

El contraste entre sus rasgos humanos se podría multiplicar con interminables ejemplos. Muy brevemente, voy a señalar sólo algunos aspectos de su bien pronunciada personalidad.

 



Estudioso. Jaime Loring fue un hombre de muchos estudios, porque, en su larga formación jesuítica y universitaria, obtuvo las licenciaturas en Filosofía y en Teología, además después de los títulos universitarios de Ingeniero Agrónomo y Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales. Los títulos académicos, con todo, no fueron más que el comienzo de una vida rodeada de libros, dedicada al estudio y a la investigación especializada en Contabilidad Agraria.

Reconocimientos. Su vida laboral ha sido larga, pero en ella -sobre todo, por haber sido fundador y director en dos largos periodos del ETEA, antecedente y matriz de la actual Universidad Loyola Andalucía- recibió los máximos reconocimientos de las Instituciones Andaluzas: Hijo Adoptivo y Medalla de Oro del Ayuntamiento de Córdoba, Hijo Predilecto de la Comunidad Autónoma Andaluza y Medalla de Oro de Andalucía. De todo esto, sim embargo, no se vanagloriaba para nada; a un periodista, le declaró: «Yo soy yo, ¿estamos? Los adornos se me caen».

Trabajador. Nadie que le haya conocido pondrá en duda su dedicación al trabajo. El haber sido fundador de ETEA, con importantes ayudas económicas y humanas, pero arrancando de cero y llevando luego a esta institución desde la falta reconocimientos civiles hasta su inclusión en la Universidad de Córdoba -además, «no es posible entender la Universidad Loyola Andalucía sin la figura de Jaime Loring, el director fundador de ETEA», ha declarado en su muerte el actual Rector de la Loyola-, todo esto no se hace sin la férrea dedicación al trabajo y sin el tesón que siempre han sido la característica más contundente de Jaime Loring.

Valioso y eficaz. El trabajo además le cundía, conseguía los objetivos que se proponía. Un ejemplo paradigmático es el carácter internacional que le dio al ETEA, y que ha heredado la Universidad Loyola. Todo arrancó de una corta docencia en Paraguay, donde valoró la mayor necesidad existente en Latinoamérica. Sus constantes estancias posteriores en Cuba y en Centroamérica -las UCA de El Salvador y Guatemala- han cuajado posteriormente en una red intercambios y mutuas colaboraciones, dinamizadas por un Fundación específica creada al efecto.

No sin dificultades y sinsabores, por supuesto, pero la eficacia tal vez sea una referencia clara de toda su largo recorrido como profesor y como director del ETEA. Otro ejemplo significativo de su constancia y su eficacia ha sido dedicación, casi como de descanso, al periodismo, con una ininterrumpida columna semanal en la prensa de Córdoba, desde la que ha ejercido una indiscutible influencia sobre todos los temas religiosos -originalmente, fueron comentarios al evangelio dominical-, y también económicos y sociales. El tesón y la eficacia deben estar en su ADN.

Buen jesuita. Bueno y generalmente atípico, hay que añadir. Él mismo reconocía, en una entrevista periodística, «se lo digo a mis compañeros jesuitas: me doy cuenta de que mis principales amigos son ateos». Totalmente laico en su indumentaria, siempre vistió de traje y corbata. Le fastidiaba ser clasificado políticamente.

Aludiendo a unas declaraciones anteriores, un periodista le interpela: «Ha dicho usted que no es ‘ni de izquierdas ni de derechas, soy yo’. ¿En qué consiste esa autodefinición tan ontológica? (Ríe a carcajadas)».

«Pues así, tal cual. No estoy afiliado a ningún partido político; voto siempre en las elecciones, tengo mi manera de pensar, equivocada o acertada, pero no me guío por las consignas y los programas de los partidos de derecha o de izquierda, eso es lo que quiero decir».

Su identidad sacerdotal y jesuítica, sin embargo, siempre las llevó por delante, y también reconoció que su talante de fe fue respetado y aceptado siempre por todos sus amigos no católicos.

En una semblanza que ha trazado ahora para los jesuitas en su muerte, el actual Rector de la Universidad Loyola, el seglar Gabriel Alcalá, ha afirmado: «Jaime Loring no es entendible sin tener en cuenta su vocación, pues si hay una constante en su vida, más que su dedicación a la Universidad o su interés por todo lo que ocurría en el mundo, es la Compañía de Jesús».

Una gran verdad. Fue jesuita desde muy joven, a los 16 años, y en toda su polifacética tarea -laica, en casi todas las ocasiones- siempre ha estado patente la marca y la identidad jesuíticas. No tenía carácter para el gobierno jesuita -nunca fue Superior-, pero si ejerció muchas veces como cualificado consejero en los asuntos jesuíticos, miembro de la Consulta -el órgano asesor de los Superiores-, a nivel tanto comunitario como Provincial. No dejaba de participar anualmente en alguna de las tandas de Ejercicios Espirituales exclusivas para jesuitas, y tal ven en ellas extrajo el principal secreto y motor de su vida: todo lo hacía por Dios y para Dios.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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