Manifiesto del X encuentro-convivencia entre trabajadores autóctonos y migrantes

La Pastoral del Trabajo de Madrid denuncia la «precariedad, desempleo, injusticia y explotación»

"La Iglesia tenemos que hacernos presente allí donde están los hermanos que sufren"

La Pastoral del Trabajo de Madrid denuncia la "precariedad, desempleo, injusticia y explotación"
Encuentro-convivencia de la Delegación de Pastoral del Trabajo, Madrid

Aunque no solucionemos nada, poner nombre al dolor y a la persona que sufre, es decirle que me importa

(Delegación de Pastoral del Trabajo, Madrid).- Convocados por las Delegaciones Diocesanas de Migraciones y Pastoral del Trabajo, iniciamos este X encuentro con la necesidad de resaltar que no se trata de acompañar la precariedad, sino en la precariedad, porque desde ahí experimentamos nuestra propia vulnerabilidad personal y comunitaria.

Tal como nos decía José Luis Segovia, vicario de la Pastoral Social e Innovación, en las XXIV Jornadas Generales de Pastoral Obrera de la CEE: Afortunadamente, contamos con el ‘sacramento de la impotencia compartida’, «no tengo oro ni plata, lo que tengo te lo doy» dice Pedro al mendigo que está con la mano tendida esperando ser curado. Así Pedro muestra su impotencia y su disposición a compartir lo que es, lo que tiene, lo que cree.

A menudo nos decimos que somos pocos y con pocas fuerzas para ponernos al lado de nuestros hermanos más pobres y vulnerables, pero solo desde ahí, la impotencia se vuelve fuente de espiritualidad, de indignación y de cambio social. Hace falta experimentar la impotencia pero al mismo tiempo ha de ser compartida, junto con otros. Impotencia desde la prisión, desde los otros países, desde nuestro propio país. No somos seres solitarios, sino solidarios, nos necesitamos unos a otros. Mirarnos unos a otros como Dios nos mira, con ternura, cariño, compasión, ilusión, empeño por que seamos libres como Él nos hizo.

La Iglesia tenemos que hacernos presente allí donde están los hermanos que sufren precariedad, desempleo, soledad, injusticia, explotación, para desde ahí caminar juntos en busca de alguna pista de salida que pueda mejorar las situaciones de dolor que viven.

De hecho, los testimonios compartidos han expresado que se han sentido bien acogidos tanto por la sociedad como por la iglesia. En sus parroquias les han proporcionado acompañamiento, alimentos, recursos de formación,…

 

Acompañar es colaborar en el crecimiento de la persona. No solo crecen los que son acompañados, sino también los que acompañan. Para uno ha sido importante su familia, para los demás también, pero sienten la soledad de la distancia.

Es importante caminar juntos de forma que podamos cambiar las estructuras que nos aplastan, que ahogan a la persona de forma que veamos más las posibilidades de salida que las que impiden crecer. Ser personas de esperanza.

No podemos acompañar si no nos encarnamos, si no estamos cercanos al sufrimiento de la gente, si no somos solidarios con el dolor y las heridas que viven nuestros hermanos más cercanos. Sanar y superar las heridas, satisfacer la necesidad del otro es el objetivo del acompañamiento. Aunque no solucionemos nada, poner nombre al dolor y a la persona que sufre, es decirle que me importa.

Este proceso busca generar cambios en las personas y la realidad. Vivamos el momento presente respondiendo a lo que Dios nos pide.

Sabemos que la misión de la Iglesia es el anuncio de la buena noticia del Evangelio. Acciones que podemos integrar en esta misión al alcance de todos los miembros son:

– La iglesia puede ayudar compartiendo experiencias, ofreciendo amistad, sufriendo con ellos, visitando la familia, acompañando a los lugares que no conocen.

Apoyando y presionando con nuestras denuncias al gobierno y autoridades civiles.

Que ayudemos a buscar salidas, ofreciendo cursos de formación, no solo escuchando.

– También la Iglesia puede colaborar con empresas de inserción.

– Participando en las movilizaciones por un trabajo digno con sindicatos, mareas, partidos políticos….

– Con una participación activa de los que están en precariedad. Creyendo que tienen algo que aportarnos.

– Creando redes de información de personas, animando y potenciando todo el trabajo cooperativo.

Sensibilizar a la comunidad eclesial de la dignidad de cada trabajador y concienciar a los empleadores de la necesidad de una imprescindible justicia en el contrato y condiciones laborales.

– Que cuando la Iglesia contrata personas que sea la primera en pagar lo que  corresponde a cada una por la dignidad que les corresponde.

Recordamos que la próxima convocatoria para celebrar la Jornada Mundial de Migraciones será el 29 de septiembre de 2019, fecha que ha puesto el papa Francisco.

Madrid, 13 de enero de 2019


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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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