"No es la voz de la Iglesia y menos, la del papa Francisco"

Antonio Aradillas: «La Cope, ¿palabra de Dios?»

"La COPE no es un púlpito. Ni una cátedra sagrada. Es una empresa, que gana o que pierde según vengan las cosas"

Antonio Aradillas: "La Cope, ¿palabra de Dios?"
Carlos Herrera en la antena de la COPE. EP

Si las normas ético-morales "oficiales" que rigen, por ejemplo en el profesorado de las clases -asignatura- de la Religión, primaran de igual modo, y en idéntica proporción, entre los responsables de la COPE, los pleitos laborales se multiplicarían

(Antonio Aradillas).- ¿Pero es posible que con tanta y tan «bendecida» COPE, con la TRECE TV, Cartas Pastorales, Hojas Diocesanas y Parroquiales, homilías, triduos, novenarios y quinarios y «avisos», junto con otras publicaciones y «estampas» de carácter piadoso, a alguien se le ocurra sensatamente dudar acerca de la desinformación «religiosa» que se padece en la Iglesia?

El tema es amplio. Pero la reflexión sobre él es precisa y urgente. Sin información- evangelio- no hay Iglesia. El derecho a la información es inherente a toda la institución y a quien la constituyen. Persona e información son conceptos correlativos, La desinformación, o la mala, incorrecta e interesada información, es uno de los atentados más graves que pueden cometerse -y se cometen-, contra la sociedad.

Precisamente por eso, y en relación con la Iglesia, la desinformación es pecado de los que se dicen «mortales», con todas sus consecuencias teológicas en esta vida y en la otra, siguiendo las pautas doctrinales al uso, y con los correspondientes «Nihil Obstat», e indulgencias episcopales.

Más que frecuente, es habitual en la Iglesia, y en sus medios de comunicación, que la información «ad intra», es decir, de cuanto a ella -la Iglesia- le pueda afectar negativamente, «brille por su ausencia», o se edulcore con razones jamás convincentes para quienes se consideren, sean y ejerzan de personas cultas, con explícita mención para los «fieles» cristianos.

 

 

 

 

Tener que recurrir a los medios no eclesiásticos para conseguir informarse de cuanto acontece dentro de la Iglesia, porque no sea del agrado de sus responsables, o porque la verdad duela en exceso, y más si esta ya está hasta judicialmente documentada, es prueba contundente de que tampoco en institución tan sagrada , a la verdad no le correspondan las letras mayúsculas del evangelio, incardinadas en el texto de Camino, de Verdad y de Vida.

De no ser los medios de comunicación social, propiedad, o patrocinados por la propia Iglesia portadores-mensajeros, por encima de todo, de la Verdad, duela o no duela, mancha o ensucie, desedifique o escandalice, la Iglesia estará expuesta a serle infiel a Jesús y al evangelio, además de cederle el derecho a la información a los otros medios, de los que se dicen que sonr «ateos, herejes, inveraces, enemigos de Dios y del pueblo y además anticlericales».

La COPE, como tema de reflexión eclesial y jerárquica, es de prioridad absoluta e inexcusable. La COPE es la Iglesia. Esta es, popularmente, la COPE «Lo he oído en la COPE y, por tanto, «punto redondo» y en paz y en gracia de Dios. La COPE es «palabra de Dios». El cristiano, y las personas buenas, o aspirantes a serlo, escuchan siempre, y solo, la COPE.

De la SEXTA o de la SER, por poner un par de ejemplos «¡líbera nos, Dómine¡», Las orientaciones que explícita o implícitamente dimanan de la COPE, con inclusión de la dirección que han de seguir en los periodos electorales los votos «religiosos», -que todavía son muchos-, habrán de ser tenidas en cuenta por inexcusables motivaciones ético-morales. No confesarse del «pecado» de haber desobedecido a la COPE, difícilmente será digno del perdón de Dios » (Conste que no hay exageración alguna en la selección y transcripción literal de estos comentarios de personas devotas).

Así las cosas, y convencidos de que hoy la COPE son unos señores obispos y una Comisión, pero sobre todo un profesional con reconocido nombre y apellido de gran relieve en estos medios, se justifican no pocas reflexiones, dada la importancia adquirida por esta cadena en el mundo de las ondas.

La COPE no es un lugar santo y sagrado. Tampoco lo son de por sí las personas que la dirigen o trabajan en la misma. Aún más, si las normas ético-morales «oficiales» que rigen, por ejemplo en el profesorado de las clases -asignatura- de la Religión, primaran de igual modo, y en idéntica proporción, entre los responsables de la COPE, los pleitos laborales se multiplicarían, con el «regocijo» de los profesionales de otras cadenas de radio. La COPE no es un púlpito. Ni una cátedra sagrada. Es una empresa, que gana o que pierde «según vengan las cosas», y según sean los méritos de sus profesionales. La COPE no es la voz de la Iglesia y menos, la del papa Francisco, con los ecos todavía más fervorosos de sus antecesores, poco partidarios del concilio Vaticano II.

 

 

La COPE y el acolitado del resto de los medios informativos de carácter eclesiástico, no hacen de por sí Iglesia, pese a ser de la Iglesia. La Iglesia es más -bastante más- que la COPE, jamás acaparadora de exclusivas «religiosas» en el inamistoso mundo de la comunicación generalista o profesional.

Para sorpresa y escándalo de muchos, acontece en realidad, que en materias no religiosas, por ejemplo, en las deportivas, la última palabra la tiene la COPE.
El deporte -no la ascética- está generosamente servido y atendido en sus espacios, con plácemes, alabanzas y la fiabilidad de multitud de constantes y fervorosos seguidores, lógicamente capitaneados por los profesionales del ramo con las fichas -emolumentos y sueldo- más altos. Con la condición eclesiástica de la COPE y su larga, detallada y certera programación deportiva, algunos podrían dudar de si «en el atardecer de la vida y como cristianos, se nos examinará de amor -«caridad-«, -que es la verdadera misión de la Iglesia-, sino de los goles marcados en tal o cual partido de fútbol y del comportamiento de los árbitros, directivos o estado del campo…

En favor de la COPE y de su justificación empresarial en la Iglesia , ¡hagan todo lo posible sus responsables por que la transparencia y la verdad , con o sin ayudas de políticos o comerciales, resplandezcan siempre y en todo, la Verdad¡. Tener que verse obligados los fieles de la Iglesia a enterarse de los graves -gravísimos- pecados que se registran en la misma, en relación con obispos, clérigos, noviciados, seminarios, colegios religiosos, entidades o movimientos e institutos que se dicen sagrados, a medios de comunicación distintos de la COPE, no justificaría su existencia en el registro oficial de los medios de comunicación.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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