"¿Qué puede hacer ahora Francisco respecto a Venezuela? Todo el mundo tiene los ojos puestos en él"

¿Un Papa «apagafuegos»?

"Los tocados por el dedo de Dios tienen el don del discernimiento: de saber aprovechar el momento justo para hablar"

¿Un Papa "apagafuegos"?
¿Se pronunciará el Papa sobre la situación en Venezuela?

Iglesia somos todos y el Papa sólo debe actuar en casos absolutamente límites. Porque, si actúa en Venezuela, ¿por qué no hacerlo en Nicaragua o en Siria o en Irak o en Centroáfrica?

(José M. Vidal, enviado especial a Panamá).- A bordo del vuelo papal con destino a Panamá, todo el mundo se las prometía muy felices. Francisco tiene el don de hacer que lo que toca se convierta en oro, como Creso. Su mera presencia conquista y encandila. Sobre todo a los jóvenes ansiosos de profetas y necesitados de testigos, que han descubierto en el Papa a un líder creíble, que no les engaña, que dice verdades como puños y que les muestra la cima de los grandes ideales.

Todo entraba dentro de lo previsto, pero la casualidad o una mano negra hicieron que, a su aterrizaje en Panamá, al Papa le estuviese esperando una desagradable sorpresa, agazapada como un felino: la vecina Venezuela en llamas y en lágrimas.

¿Qué puede hacer ahora Francisco? Todo el mundo tiene los ojos puestos en él. La mayor autoridad moral del planeta está al lado de Venezuela. ¿No va a decir nada? Si habla, puede echar más gasolina al fuego. Si calla, el mundo se lo echaría en cara.

Y no es fácil la disyuntiva para él. Pero los tocados por el dedo de Dios tienen el don del discernimiento: de saber aprovechar el momento justo para hablar y utilizar palabras que desactivan conflictos y ponen diques al odio desatado.

De este Papa se esperan ‘milagros’. Ha colocado el listón de las expectativas casi en el cielo. Tanto para lo ordinario como para lo extraordinario. Francisco nos ha mal acostumbrado, al convertirse en un Papa normal, cercano, asequible y pendiente de los problemas, grandes y pequeños, de la gente.

Por eso, todo el mundo acude a él: el cura con dudas de fe, el obispo que no sabe que hacer, el laico al que no le dejan hacer nada en su propia parroquia, el homosexual que no es capaz de salir del armario, el transexual incomprendido, el joven sin futuro, el anciano solo, el parado o el emigrante. Todos los pobres del mundo, todos los descartados del sistema buscan a su ‘abogado’.

 



Nos tiene este Papa mal acostumbrados a gestos rompedores. Unos sencillos, otros espectaculares. Desde besar a los enfermos hasta mediar en Cuba o en Colombia. Porque a este Papa se le pide más, mucho más, rozando lo imposible.

Por eso, mucha gente se pregunta si, desde Panamá, a casi un tiro de piedra de Venezuela, ¿podría Francisco ejecutar uno de sus gestos proféticos? ¿Podría presentarse en Venezuela, reunir a Maduro y a Guaidó, sentarlos a una mesa, escucharlos, ayudarles a hablar entre ellos y pedirles que, por el mayor bien de su pueblo y de su gente, eviten la confrontación y opten por la vía del diálogo y del consenso, firmen la paz y busquen una salida consensuada a la crisis de su país? Y si no lo consiguiese, siempre podría decir que lo había intentado…

Le planto el dilema a un diplomático vaticano:

-¿Podría hacer un gesto así el Papa o es algo diplomática y políticamente irrealizable?

-Podría.

-¿Por qué no hacerlo?

-Porque el Papa no es un apagafuegos ni podemos convertirlo en tal.

Honda sabiduría personal e institucional acumulada a lo largo de siglos de historia de diplomacia vaticana. La tentación es clara y evidente: convertir el Papa en el apagafuegos y en el tapaagujeros de la humanidad doliente. Un Papa milagrero.

Pero el Papa, aunque se llame Francisco, no puede ni debe hacerlo todo. ¿Y dónde quedaría, entonces, la tan cacareada sinodalidad y la colegialidad y la corresponsabilidad? La Iglesia es un cuerpo, en la que todos sus órganos cumplen una función. La Iglesia de Venezuela actúa a través de sus fieles, a través de sus obispos y a través de su compromiso absoluto con los más descartados y los más desheredados.

 



Es decir, Iglesia somos todos y el Papa sólo debe actuar en casos absolutamente límites. Porque, si actúa en Venezuela, ¿por qué no hacerlo en Nicaragua o en Siria o en Irak o en Centroáfrica? ¿O por qué no se planta ante el muro de Trump en Tijuana al frente de los desheredados centroamericanos de le caravana en busca de una vida más digna en el Norte? ¿O por qué no se embarca a bordo del Open Arms, para salvar a los emigrantes subsaharianos, que se juegan la vida en el Mediterráneo? Y así… Un Papa profeta, sí. Apagafuegos y tapaagujeros, no.

Venezuela y Nicaragua sufren y lloran. Latinoamérica, la Patria Grande del Papa, gime, se indigna y grita. Con un grito que viene de siglos y que no le cabe en el pecho ni en el alma. Un grito, el de los descartados, que llega a los oídos de Dios y de su vicario.

Al primer Papa latinoamericano le duele su gente. Su pobre gente sin abogados, sin nadie que la defienda. Y los gritos de los suyos se dirigen a él, en busca de libertador. Y Francisco, el líder de Dios, tendrá que utilizar toda su influencia, todo el poder de su palabra y de sus gestos, para salvar a los suyos. No tiene Ejércitos (salvo uno de pega, que viste con el uniforme de Miguel Ángel) ni Banco mundial, ni sistema financiero, ni Wall Street ni FMI ni nada que se le parezca.

Pero tiene el poder extraordinario de los profetas, que son capaces de anunciar y denunciar, de aunar conciencias, de aglutinar toda la energía de los pobres, de insuflar confianza, de contagiar esperanza. La esperanza en un mundo mejor, un poco más justo al menos, donde el sistema no gire en torno al dios dinero sino alrededor de la dignidad de la persona.

Un mundo donde los jóvenes tengan un futuro digno, que les permita hacer realidad sus sueños. Y donde Venezuela y Nicaragua tiendan puentes, derriben muros y unan fuerzas para encontrar la paz. Porque no hay nada en el mundo que valga el derramamiento de sangre de uno sólo de los hijos de Dios.

 



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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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