Carta abierta al Papa de dos miembros del Moceop "desde el respeto y la sorpresa"

Tere y Andrés, al hermano Francisco: «No esperábamos de ti esas palabras sobre el celibato opcional»

"Coincidimos contigo en que el celibato es un don, pero cuando es libre y no impuesto"

Tere y Andrés, al hermano Francisco: "No esperábamos de ti esas palabras sobre el celibato opcional"
El celibato visto por Cortés José Luis Cortés

Pensamos que el celibato obligatorio lleva un componente de represión y produce víctimas sobre todo de sacerdotes, mujeres e hijos

(Tere y Andrés).- Hermano Francisco: Conocemos tus esfuerzos y tu honestidad en tu acción pastoral para hacer de la Casa Común un lugar habitable más humano y solidario. Te oímos muchas veces gritar al cielo por las injusticias, las desigualdades, la falta de acogida a los migrantes y la ausencia de paz. Te hieren los sufrimientos humanos, porque te dejas tocar el corazón.

Sabemos, por tus declaraciones, que te preocupa la Iglesia y sus pecados: el clericalismo, la hipocresía, la pederastia, el abuso de poder; que quieres una Iglesia de los pobres y para los pobres y que sueñas con una gran comunidad de hermanos en la fe que constituyan un nuevo cielo y una nueva tierra

No nos son ajenas las dificultades con las te encuentras en tu misión: una oposición feroz, las luchas internas vaticanas, reaccionarias y destructivas, las descalificaciones de tu mensaje, los enredos protocolarios. Alguna vez has llegado a decir que te sientes «entre lobos».

Pero nos han llegado unas declaraciones sobre el celibato opcional, que has hecho hace unos días en el vuelo de vuelta a Roma desde Panamá, que nos han sorprendido y dolido. No son fake news a las que nos tienen acostumbrados los medios y redes sociales en esta época de la posverdad. Las hemos visto y oído directamente del video que te hicieron.

Dices que el celibato es un don para la Iglesia y que no estas de «acuerdo con permitir el celibato opcional, no.», que es un pensamiento personal y no quieres ponerte frente a Dios con esta decisión.

Hermano: No esperábamos esto de ti. Son palabras que nos suenan a otros tiempos y otros pontificados; son muy tajantes y definitivas (blanco o negro) y echamos en falta un lenguaje de matices en el que hay infinidad de grises entre los que se pueden encontrar puntos de coincidencia, acercamiento, de diálogo. Esperábamos otra palabra más cálida y sentida como la que les diste a los jóvenes y que creemos que llevas en tu interior: «hay que hacer lo que se siente, sentir lo que se piensa, pensar lo que se hace».

Tere y Andrés

Nos consta que tu sentir y pensar en materia celibataria era algo distinto, al menos en su formulación, incluso después de tu elección como hermano mayor de la comunidad católica. Los testimonios de Jerónimo Podestá, hermano tuyo en el episcopado y Clelia Luro, su esposa, con los que tuviste largas y fructuosas conversaciones, nos han transmitido tu preocupación sincera y las ganas de hacer algo sobre el celibato obligatorio de los sacerdotes y sus efectos.

Conoces muy bien el tema y sabes que la imposición del celibato tiene una historia muy azarosa a través de varios siglos y los distintos concilios y sínodos, en los que se legislaba de una forma o de otra según los intereses personales, locales, económicos o de poder, llegando, en ocasiones, a posturas denigrantes como prohibir a los sacerdotes casados cohabitar con sus legítimas esposas.

Jerónimo y Clelia también te informaron de todo un movimiento internacional de sacerdotes casados, surgido en los años 80, del que fueron testigos y animadores, en el que se ha estudiado, pensando y rezado sobre el celibato, decidiendo por unanimidad que debería ser opcional y no obligatorio para los sacerdotes católicos de rito latino.

MOCEOP (Movimiento pro celibato opcional) grupo español de creyentes, compuesto por sacerdotes casados, sacerdotes célibes y cristianos de base que sintonizan con nuestros presupuestos y nuestras reivindicaciones, lleva más de 40 años (41, para ser exactos) luchando por una sociedad más democrática, justa, ecologista, inclusiva y por una Iglesia desclericalizada, igualitaria, más democrática y evangélica.

Coincidimos contigo en que el celibato es un don, pero cuando es libre y no impuesto. Pensamos que matrimonio y sacerdocio también son dones del Espíritu y que no pueden ser declarados incompatibles por una ley disciplinaria, en la que además se les niegan unos derechos a la mitad de la comunidad: a las mujeres. Pensamos que el celibato obligatorio lleva un componente de represión y produce víctimas sobre todo de sacerdotes, mujeres e hijos.

Denunciamos que no se puede prohibir ni reprimir por ley el disfrute de unos derechos humanos tan elementales como enamorarse, amar y procrear. Sabes, y creemos, que el celibato sacerdotal predispone a llevar una doble vida y que es uno de los componentes fundamentales de la pederastia, que tanto dolor causa y contra la que tu estás luchando.

También conoces de cerca los muchos esfuerzos y disgustos que nos ha costado a miles y miles de sacerdotes casados y sus familias superar la ley del celibato, ley que la consideramos injusta e innecesaria, porque no tiene fundamentos ni bíblicos, ni teológicos, ni pastorales. A estas alturas de la vida de la Iglesia no se puede pensar ni legislar como en la edad media, sino teniendo en cuenta los derechos humanos universales.

Sabes que los sacerdotes casados hemos sido ninguneados por la Iglesia jerárquica, invisibilizados, acusados de desertores, traidores y otros alias no muy evangélicos. Sabes muy bien que el proceso vaticano de secularización sigue siendo vejatorio y ofensivo para la dignidad humana: «reducción al estado laical», se le sigue llamando en el protocolo de las instancias oficiales de la curia, esa curia que te está haciendo sufrir, lo que supone no solo una ofensa a los sacerdotes sino, y sobre todo, al pueblo fiel.

Pero, gracias a Dios, nos sentimos liberados y dichosos, tanto que hemos expresado nuestro gozo en esta bienaventuranza menor, que está en sintonía con las mayores del evangelio: «Bienaventurados todos nosotros y nosotras porque hemos empezado a construir que se puede compatibilizar el ministerio presbiteral con el amor en pareja y porque sentimos que obligar a ser célibe puede ser un estorbo para desempeñar el ministerio como signo de madurez y de libertad.»

De esto ya te hemos hablado en dos cartas personales que nos consta se te entregaron en mano por personas muy cercanas a ti. La última te la depositó en tu mano Clelia Isasmendi, hija de Clelia, el 8 de diciembre pasado. De ninguna hemos tenido respuesta. Muchas más cosas concretas te podríamos contar de nuestro peregrinar en la vida y en la fe en conversación fraterna.

Creemos que hay también otros datos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de pensar y sentir en la imposición o liberación del celibato. Uno de ellos es la petición de varios obispos de distintas partes del mundo de dejar el celibato como opcional y de ordenar a personas casadas. Entre el pueblo cristiano católico, a nivel de encuestas realizadas varias veces y en distintos países, se aprueba la opcionalidad en un porcentaje alto sin escrúpulos ni escándalos.

Nos parecen importantes resaltar otras respuestas tuyas de la entrevista tenida «en las alturas» en las que hablas y reconoces que en el rito Oriental de la Iglesia católica los sacerdotes pueden ser casados, porque se toma la opción celibataria antes del diaconado. Y cuentas hasta con ternura la experiencia que te contaba un obispo, que trabajaba en un país comunista: cómo los obispos de allí ordenaron a escondidas a campesinos, buenos religiosos y le producía emoción cuando en una concelebración veía a estos campesinos que se ponían los indumentos para concelebrar.

Y recuerdas otro episodio: el de los sacerdotes anglicanos que se volvieron católicos y que viven como si fueran orientales y que recuerdas que los recibiste en una audiencia de los miércoles con mujeres y niños. «En la historia de la Iglesia ha estado esto», concluyes

Nos parece bien que resaltes estas actuaciones eclesiales, diversas, excepcionales y distintas del actuar normal, porque reflejan los matices de la pluralidad en el tema del celibato y que las relates con unción, con sentimiento, porque forman parte de nuestro legado de fe comunitaria

Entonces, hermano Francisco, ¿por qué en el rito latino de nuestra Iglesia no solucionamos este tema disciplinar? ¿por qué nos da tanto miedo abordarlo como si algo esencial se nos rompiera en pedazos? No nos parece tampoco prudente rodear al celibato de una aureola martirial como hizo San Pablo VI con las palabras que tu citas. Dices que «es algo que hay que estudiar, pensar y rezar». Muy bien. Y actuar, añadimos nosotros, porque ha llegado ya la hora y se está haciendo tarde. Tu sientes la escasez de sacerdotes y sabes que en muchas comunidades se quedan sin eucaristía, cuando la eucaristía hace Iglesia.

Una posible solución que nosotros vemos, y que creemos muy evangélica, sería reconocer los distintos ministerios que hay en la comunidad cristiana y darles carta de naturaleza. Así habría más animadores de la comunidad y se evitaría el clericalismo que ha acaparado muchos ministerios de los laicos. Alguien nos comentaba, y estamos de acuerdo con esa visión, que si la Iglesia admitiera al sacerdocio a las mujeres, a los hombres casados y a los homosexuales, además de disponer de más ministros, se lograría una Iglesia más inclusiva, igualitaria y fraterna.

Un instrumento de trabajo para encontrar una salida al celibato y a otras cuestiones, sería poner en marcha la colegialidad (fórmula que tu aprecias como modelo cristiano de actuación), una colegialidad que abarque a tus asesores más directos y a otros fieles laicos de la comunidad (ellas y ellos) y entre todos dialogar, rezar, consensuar y decidir. Porque, aunque las palabras que has dicho sobre el no al celibato opcional, sean sólo pensamientos personales tuyos, ya sabes que son palabras, no infalibles, pero que crean opinión, adhesión y creencia.

Pedimos al Espíritu que te acompañe y de fuerzas, por si te pesa mucho el yugo y la carga. Le pedimos también que te de una nueva iluminación, la luz de convocar un Concilio del Pueblo de Dios, en el que entre todos y todas (teólogos, obispos, ‘príncipes de la Iglesia’, Papa y los hombres y mujeres laicos de la Comunidad, en paridad con la jerarquía, podamos repartirnos la carga y los ministerios y lograr una aproximación más sentida del Reino.

Por último, te queremos recordar, con respeto, pero también con urgencia, aquella frase tuya que le dejaste a tu amiga Clelia en conversación telefónica, a los pocos días ser elegido Hermano Mayor, en la que ella te urgía a pensar y actuar en la opcionalidad del celibato y en la situación de los sacerdotes casados: «Clelia, decidle a vuestra gente que me tengan paciencia». Pues en esta paciencia, en esta espera y esperanza estábamos,.. estamos, aunque las palabras fuertes y rotundas que nos has dicho, hayan hecho bajar un poco el calor en nuestro corazón.

Todo esto te lo decimos desde la fraternidad que nos une en Jesús de Nazaret
Que Dios te bendiga

Tere Cortés y Andrés MUñoz
Pareja y miembros de MOCEOP

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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