EL HOMBRE Y LA FE

‘Nature’: Los científicos descubren cómo llegó Dios a nuestras vidas

Los investigadores comparan 414 sociedades procedentes de 30 regiones del mundo, que existieron desde la antigüedad hasta la Revolución Industrial

'Nature': Los científicos descubren cómo llegó Dios a nuestras vidas
El dedo de Dios Padre dando vida a Adán en la Capilla Sixtina. CS

La creencia en lo sobrenatural es tan antigua como los humanos. Pero la idea de Dios, un ser omnipotente y omnisciente vigilante de la moral es más reciente (¿Por qué Dios permite los males y la muerte?).

La idea de un ser todopoderoso, que vigila desde arriba a los humanos y sanciona a los que se desvían de la norma, surgió después de que estos dejaran la tribu por la sociedad (EEUU: los americanos que no quieren a Dios en su dinero).

Esa es la principal conclusión de un amplio estudio que revisa la emergencia de las sociedades complejas y la idea del dios moral (Diez cristianos son asesinados cada día en el mundo por sus creencias).

Desde los antiguos egipcios hasta el Imperio Romano, pasando por los hititas, los dioses morales no entran en escena hasta que las sociedades no se hacen realmente grandes (El Papa pide respeto a todas las creencias, incluso la de los ateos).

Según la visión mayoritaria de los etnógrafos, las sociedades de cazadores-recolectores viven en grupos tan pequeños que casi cualquier comportamiento inmoral es enseguida descubierto por todos.

Estos grupos suelen creer en dioses y fuerzas sobrenaturales que están íntimamente relacionadas con la naturaleza, y no tanto con el hombre y su moral.

En cambio, en las grandes sociedades el comportamiento inmoral puede pasar desapercibido más fácilmente.

Curiosamente, dentro de estas sociedades también existen «grandes dioses»: deidades y poderes que dictan el comportamiento moral y castigan cualquier transgresión.

Como recoge G.L.S. en ‘ABC este 21 de marzo de 2019, la investigación que se acaba de publicar en la revista Nature ha tratado de comprobar experimentalmente esta visión sostenida por los etnógrafos.

Un equipo internacional de investigadores, dirigido por científicos de las universidades de Oxford, Connecticut y Keio en Fujisawa, han concluido que la creencia en grandes dioses, deidades moralizantes que castigan las transgresiones éticas, son una consecuencia, y no una causa, del desarrollo de sociedades complejas. Los autores de esta investigación han llegado a estas conclusiones después de trabajar con la base de datos Seshat: Global History Databank, un archivo masivo que contiene más de 300.000 registros con información sobre complejidad social y religión de 500 sociedades pasadas, a lo largo de 10.000 años de historia.

«Durante siglos se ha debatido por qué los humanos, al contrario que otros animales, cooperan en grandes grupos de individuos no relacionados genéticamente», ha dicho en un comunicado Peter Turchin, investigador en la Universidad de Connecticut y coautor del estudio. Las respuestas tradicionales son la agricultura, la guerra y la religión.

Estos investigadores observaron que las grandes sociedades tienden a tener dioses moralizantes, mientras que las pequeñas no. De hecho, los académicos suelen sostener que los grandes dioses moralizantes son necesarios para permitir la aparición de sociedades de gran tamaño: si la gente pudiera romper las reglas, sin consecuencias, la sociedad sencillamente se derrumbaría.

«Para nuestra sorpresa, nuestros datos contradicen fuertemente esta hipótesis», ha dicho en un comunicado Harvey Whitehouse, director de la investigación e investigador en la Universidad de Oxford. «En casi cualquier región del mundo para la que tenemos datos, los dioses moralizantes tendieron a seguir, no a preceder, a los crecimientos en complejidad social».

De hecho, Whitehouse ha sugerido una hipótesis alternativa: que fueron los rituales religiosos los que ayudaron a crear una identidad colectiva y un sentimiento de pertenencia, que actuaron como un pegamento social y que ayudaron a que la gente de estas sociedades cooperase.

«Nuestros resultados sugieren que las identidades colectivas son más importantes para facilitar la cooperación que las creencias religiosas», ha dicho este investigador.

Dioses: ¿herramienta de cohesión?

Según ha dicho en Sciencemag.org Patrick Savage, investigador en la Universidad Keio en Fujisawa, Japón y autor del estudio, aunque estas deidades moralizantes no pudieron haber ayudado a crecer a estas sociedades, sí que tuvieron un importante papel. Según ha dicho, una vez que dichas sociedades alcanzaron un tamaño de alrededor de un millón de habitantes, los dioses moralizantes llegaron para estabilizar la cooperación entre personas con diferentes lenguas, etnias y trasfondos culturales.

Los investigadores compararon 414 sociedades procedentes de 30 regiones del mundo, que existieron desde la antigüedad hasta la Revolución Industrial. Para ello, analizaron 47.613 registros.

Ra, la primera deidad moralizante

La primera sociedad en la que surgió un dios moralizante, y de la que hay registros históricos, es la Dinastía II, en Egipto. Allí se sostenía que Ra, el dios del Sol, era el creador y el gobernador del cosmos, y juez, en el más allá, en base a un código conocido como «maat»: este concepto representaba «lo que es correcto», y englobaba ideas como proteger a los débiles y no robar. Esta deidad estaba relacionada con un costumbre muy concreta: el enterramiento ritual de las élites.

A Ra le siguió Shamash, el dios del Sol que todo lo ve, en la dinastía Akkad, en la actual Irán. Shamash era el castigador de los injustos y de aquellos que mentían o robaban. Después, en la sociedad hitita del Antiguo Reino de Hatti, en la actual Turquía, varios dioses castigaban la rotura de juramentos o el robo. Y así hasta llegar a la Edad Contemporánea, pasando por la dinastía Zhou, en China, el imperio aqueménida, la república romana, la confederación islandesa o el imperio inca.

Cada una de estas sociedades fue clasificada de acuerdo a 51 medidas de complejidad social, como cuántas personas las componía, si el gobierno tenía un liderazgo jerárquico o qué sistemas de información existían. Además, trataron de determinar si cada sociedad creía en un dios o dioses moralizantes o en una fuerza sobrenatural que reforzara los valores de la lealtad y la honestidad, y con qué frecuencia y grado de estandarización exhibían rituales religiosos.

El papel del «big data»

Todo esto ha sido posible gracias al trabajo de un equipo interdisciplinar de arqueólogos, antropólogos, historiadores, sociólogos y expertos en datos. Y también gracias al «big data»: docenas de expertos han trabajado para ensamblar enormes cantidades de información, procesada de forma estandarizada, en la base de datos Seshat, fundada en 2011.

«Seshat le permite a a los investigadores analizar cientos de variables relacionadas con la complejidad social, la religión, la guerra, la agricultura y otras realidades de la cultura y sociedad humanas, que varían en el espacio y el tiempo», ha dicho en un comunicado Pieter François, coautor del trabajo. Segun Savage, Seshat muestra «cómo el «big data» puede revolucionar el estudio de la historia humana».

Según ha dicho en Sciencemag.org Edward Slingerland, historiador en la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver, Canadá, no implicado en este estudio, estas conclusiones son «una interesante hipótesis alternativa», que merece ser investigada. Sin embargo, ha destacado la importancia de confirmar la solidez de los datos recogidos por la base de datos Seshat.

Varios expertos han apuntado, en Scientific American, que muchos de los datos introducidos en Seshat son interpretables y no han sido manejados por expertos, por lo que es difícil tomarse en serio las conclusiones de la investigación. Los autores han comentado que han consultado a docenas de ellos, pero han reconocido que habría sido imposible poder cubrir todos los registros analizados. Por ello, tomaron varias precauciones, como hacer varios análisis estadísticos con varios valores para asegurarse de que sus resultados eran consistentes de una forma sólida.

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