LA HISTORIA LA CUENTA EL CATEDRÁTICO JAVIER PAREDES

Estas son las monjas ‘desaparecidas’ por arte de magia en TVE: torturadas y asesinadas en una checa de Madrid por republicanos

"Ha llegado la hora de Dios. Si es preciso, demos la vida por Él"

Haciendo gala de su vena soviética, la TVE de Rosa María Mateo utilizó este 22 de junio de 2019 el término «desaparición» para evitar hablar de tortura y asesinato en una información sobre la beatificación de 14 religiosas de la Orden de la Inmaculada Concepción, que sufrieron todo tipo de vejaciones, humillaciones y agresiones por parte de las milicias republicanas durante los primeros años de la Guerra Civil, hasta ser finalmente fusiladas.

La historia la cuenta con todo lujo de detalles el Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá, Javier Paredes, en Hispanidad.es. Paredes relata que entre las religiosas había dos hermanas de Puebla de Sanabria (Zamora): Carmen e Inés. —Mártires Concepcionistas. Dos de las religiosas que serán beatificadas fueron torturadas y asesinadas por milicianos comunistas, en Vicálvaro, en 1936

El 21 de julio de 1936 asaltaron el monasterio de El Pardo, y mientras aporreaban las puertas del convento, exigiendo a las monjas que salieran, la Madre Inés, que era abadesa desde el año anterior, ordenó a todas que se pusieran las ropas de seglares y bajaran a la portería. Y antes de abrir las puertas les dirigió estas palabras: “Hijas mías, ha llegado la hora de Dios. No olviden que somos religiosas, almas consagradas al Señor ¡Sean fuertes! Si es preciso, demos la vida por Él”.

Cuando abrieron las puertas, los milicianos y las milicianas, que de esas también había unas cuantas, formaron un pasillo y recibieron a las monjas entre insultos y blasfemias. Las rodearon y las empujaron con los fusiles hasta llevarlas a la plaza del pueblo, donde el cabecilla se dirigió a las gentes que allí habían acudido para soltar los tópicos marxistas de entonces y de ahora: que las monjas son enemigas del pueblo y aliadas de los ricos explotadores de los proletarios. Cuando el demagogo integró a las monjas en el bando de los ricos,  a buen seguro que la Madre Inés tuvo que acordarse en esos momentos de su infancia en Avedillo, y del trayecto de más de diez kilómetros que tuvo que hacer, a lomos de la burra del tío Ángel, para ir desde su aldea a Puebla Sanabria, donde cogió un tren para venir a Madrid, cuando ingresó en el monasterio de El Pardo como novicia.

Acabado el mitin, las llevaron al puesto de control donde un autodenominado tribunal popular les tomó declaración entre los insultos y las vejaciones de los jueces rojos. Y fue entonces cuando un grupo de familias de El Pardo salió en su defensa, ya que las monjas eran muy apreciadas en la población, porque desde que fundara el convento Sor Patrocinio había establecido que, como en todos los suyos, hubiera un colegio para atender a las niñas más necesitadas.

Estas familias consiguieron que las soltaran los milicianos y las acogieron en distintas casas. Pero poco duró la calma, porque a los cuatro días los socialistas y los comunistas hicieron público un bando en el que amenazaban con quemar las casas, donde se refugiara alguna de las monjas. Por este motivo, las mismas monjas decidieron abandonar una población tan pequeña como El Pardo, donde todos se conocían, para refugiarse en Madrid.

Finalmente, se refugiaron en un piso de Madrid pero los republicaron las cazaron y se las llevaron a la cheka de Vicálvaro:

No llevaban ni un mes en la casa de la calle Ayala, cuando el domicilio sufrió un registro. A primera hora de la tarde del día 20 de agosto de 1936, un grupo de milicianos armados se presentó en la casa y registró todas las dependencias de la misma. Cuando abrieron la puerta de su habitación, no dudaron de que habían encontrado lo que iban buscando:

—¿Vosotras sois monjas?

—Sí, para servir a Dios  -respondió la madre Inés.

La repuesta les enfureció y descargaron su ira y su odio contra Dios en forma de insultos soeces y blasfemias. Se marcharon, pero dando a entender que pronto volverían.

En efecto, ese mismo día a las ocho de la tarde, regresaron los milicianos con una camioneta, en la que se llevaron a las dos monjas y al matrimonio que las había hospedado. Todos ellos fueron trasladados a la checa de Vicálvaro.

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