El Papa siguió por televisión el alunizaje

Pablo VI vivió con enorme interés la llegada del hombre a la Luna

Pablo VI vivió con enorme interés la llegada del hombre a la Luna
El papa Pablo VI viendo por la televisión la llegada del hombre a la luna, el 20 de Julio de 1969. EP

Un viaje que honró «la inmensa obra del Creador». El comandante Neil Armstrong y el piloto Buzz Aldrin, astronautas de la misión Apolo 11 de la NASA, aterrizaron el módulo lunar Eagle el 20 de julio de 1969, a la 20.17 UTC, hace ahora medio siglo. «Houston. Aquí Base Tranquilidad. El Eagle ha aterrizado», transmitió un impasible Armstrong al control de la misión en la Tierra, tras una complicada maniobra final casi sin combustible, en la que asumió el control de la nave para evitar un escarpado cráter.

El papa Pablo VI vivió con enorme interés la llegada del hombre a la Luna. Desde las instalaciones del Observatorio Vaticano en Castelgandolfo, siguió por televisión el acontecimiento. Al terminar, grabó un mensaje, transmitido la mañana siguiente por Radio Vaticano y más tarde publicado en L’Osservatore Romano, en el que destacó que la misión espacial «ya no es una frontera insuperable», sino «un umbral abierto a la amplitud de espacios ilimitados y nuevos destinos». A continuación, honró a los «responsables, académicos, creadores, organizadores, operadores» de esta gran hazaña. «¡Honor a todos los que hicieron posible el atrevido vuelo!», exclamó.

El pontífice también ofreció a los fieles una extensa reflexión el día del lanzamiento, el 16 de julio de 1969, en la que recordó que esta aventura «nos obliga a mirar hacia arriba», a recordar «la inmensa y misteriosa realidad en la que se desarrolla nuestra vida mínima». Aquí, añadió, «hay una pequeña pero siempre excelente lección de catecismo»: Dios vio que «su obra era buena», «digna de ser conocida por nosotros, poseída, trabajada, disfrutada». Era el momento de experimentar el «asombro ante la grandeza ilimitada que tenemos ante nosotros» y «juntos reconocer, confesar, celebrar la necesidad indisoluble que une la creación con su Creador».

Este nuevo descubrimiento del mundo creado «es muy importante para nuestra vida espiritual», recalcó. «Ver a Dios en el mundo y al mundo en Dios». ¿Qué es lo más fascinante?, se preguntaba Pablo VI. «¿No es así como se escapa el terror del vacío, ese tiempo inconmensurable y el espacio ilimitado que se producen alrededor del microcosmos?». «¿No llegan a nuestros labios palabras superlativas, enseñadas por Cristo: “Padre nuestro, que estás en el cielo”?». «Que estas palabras abismales lleguen a nuestros labios mientras contemplamos los grandes hechos de los primeros astronautas», desafiando «dificultades sin precedentes, tratando de honrar la inmensa obra del Creador».

Durante sus horas de estancia en el satélite, además de realizar diferentes labores científicas, Armstrong y Aldrin realizaron otra serie de actividades para conmemorar el carácter histórico del viaje. Una de ellas fue el depósito de un disco de silicio en el Mar de la Tranquilidad. Dicho disco contenía mensajes de buena voluntad emitidos por líderes de 73 países del mundo, entre los que se encontraba el Papa. Pablo VI utilizó el salmo 8 para dar gloria a Dios como creador del Universo.

Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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