Esta visita a la villa se repite cada 7 años

Todo listo para el traslado de la Virgen del Rocío al pueblo de Almonte

Todo listo para el traslado de la Virgen del Rocío al pueblo de Almonte
La Blanca Paloma vestida de Pastora. EP

Llegó el día. El que marca el calendario rociero cada siete años. Este lunes 19 de agosto de 2019, cuando los almonteños renuevan el voto de acción de gracias a su Patrona por salvar al municipio onubense de las tropas napoleónicas, la Blanca Paloma será trasladada a su pueblo en un acto que dura casi una jornada entera y para el que se espera una masiva afluencia de personas.

Esta mañana, a las 10:00 horas el obispo de Huelva, José Vilaplana presidirá la Solemne Función del Voto que concluirá con una procesión en torno al santuario. Ya por la tarde, con el salto de la reja comenzará el traslado al pueblo de Almonte. La imagen de la Virgen se protegerá con un paño en el rostro y un capote para guarecerla del polvo.

Se espera que llegue a la parroquia de Almonte este martes, 20 de agosto, por la mañana tras recorrer a lo largo de toda la madrugada los 15 km. que separan la ermita de la población onubense. Cada 7 años se repite esta visita, para la que la imagen de la Virgen del Rocío es vestida como la Divina Pastora.

Para Santiago Padilla, Hermano Mayor de la Hermandad Matriz del Rocío de Almonte, una prioridad es la atención a los peregrinos. Los datos de los últimos años han ido en aumentos, en 2005 participaron unas 750.000 personas y en 2011 el aumento fue del 25%. Mientras, el pueblo se prepara para acoger durante 9 meses a la Virgen, «cumpliendo lo fundamental del rito, que es llevar a la Virgen hacia Almonte, por el camino, con devoción y con espíritu de Hermandad».

Además, una catedral efímera espera acoger a todos los peregrinos y se estrena el reconocimiento de un Año Jubilar a perpetuidad con motivo de la llamada. «Van a ser muchas las personas que vengan en estos meses a Almonte gracias al Año Jubilar y esto nos va a ayudar a llevar el conocimiento del traslado, del rito, más lejos y que se conozca mejor algo que define de una manera muy elocuente: esa relación especial de la Virgen con el pueblo de Almonte», señala el Hermano Mayor.

La Blanca Paloma ya está preparada para su encuentro con todos sus hijos, que la esperan con impaciencia. La Virgen ha amanecido ataviada como Divina Pastora. El traje es completamente nuevo, ha sido donado por almonteños y confeccionado bajo la dirección de José Manuel Vega Morales, en cuyo taller se ultimaban hace unos días las primorosas prendas con las que las hermanas camaristas han ataviado la venerada imagen.

El conjunto está lleno de detalles originales y referencias históricas, destacando en primer lugar el color predominante, en esta ocasión de un rosa empolvado con el que se hace referencia al color litúrgico con el que la Iglesia anuncia el Nacimiento de Cristo y su Resurrección, un tono que dota a la imagen de gran dulzura.

En primer lugar, destaca la saya, que ha sido confeccionada a partir de un manto antiguo que data del siglo XVIII. El brocado de seda ha sido enriquecido con piedras naturales semipreciosas, canutillos y lentejuelas de oro. En cuanto a la esclavina, diseñada por José María Carrasco Sala, tal y como destaca la Hermandad Matriz, su principal característica es el color, ese rosa empolvado al que se hacía referencia anteriormente.

En cuanto al manto, la seda con la que está elaborado ha sido teñida en Milán especialmente para la Virgen del Rocío por un maestro tintorero de la ciudad italiana. El sombrero, una pamela de copa alta, también algo distinto a los que suelen tocar la cabeza de la Blanca Paloma en las Venidas, está, junto con la lazada, inspirado en los que llevó en la Venida de 1919, el año en el que fue coronada.

Es la primera vez que a las flores secas se las acompaña de flores de talco. Todo el sombrero está cuajado de flores de distintos tipos y tonalidades, al igual que los característicos tirabuzones que la Virgen luce con su atavío de Pastora, y en los que no falta la tradicional amapola.

El Niño pone la nota histórica más clara. Va vestido de Rey, y no de Pastorcito, como ocurriera hace 100 años. Lleva un traje de seda brocada que data de mediados del siglo XVIII y entre los estrenos, lleva un conjunto de piezas de joyería compuesto por resplandor, orbe y cetro y zapatitos nuevos, diseñados y realizados por José María Carrasco Sala.

En la Villa de Almonte, las casas encaladas, las cocinas repletas de dulces y otros manjares con los que agasajar a las visitas en la larga noche del traslado y por fin, la Parroquia de la Asunción, exenta de su mobiliario, mostrando brillantes las baldosas de su antiquísimo suelo, dispuesto para el momento en el que los almonteños irrumpan, con la Pastora en hombros, en un templo que ya le reserva su altar principal.

Si en el pueblo el tiempo se mide de siete en siete años, El Rocío es el reloj de arena que lo va desgranando. Y cuenta cada grano que queda con la misma emoción e impaciencia con la que se esperan los grandes acontecimientos de la vida, porque en este rincón del mundo, en el que la naturaleza marca por lo general un ambiente de tranquilidad y sosiego, la vida explota con singular alegría cuando se acerca el momento de ver a la Blanca Paloma cruzar el dintel de su Santuario. Se impone entonces un sentimiento difícilmente descriptible, que los almonteños comparten con los miles de personas que profesan devoción a su Patrona y que con ocasión de la Venida se hace aún más patente.

Así lo avanza la propia aldea, primorosamente engalanada, que va acogiendo el chorreo incesante de devotos que ya abarrotan sus calles y que ultiman en estas horas previas los preparativos para ese camino especial, de noche, cegados por el polvo y el calor, tan distinto al que las hermandades recorren cada año en su gozoso viaje primaveral a la ermita.

Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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