Una persecución sistemática y organizada

Los cristianos están siendo expulsados y asesinados en el norte de Burkina Faso

Los cristianos están siendo expulsados y asesinados en el norte de Burkina Faso
La Iglesia denuncia la matanza yihadista de cristianos. EP

Terroristas locales, armas extranjeras. La población cristiana está siendo exterminada o expulsada de sus casas por extremistas musulmanes en el norte de Burkina Faso. Los últimos en haber abandonado la zona son los fieles de las poblaciones de Hitté y Rounga, que acaban de recibir el ultimátum de los terroristas de convertirse al islám o abandonar sus casas. Estos hechos «forman parte de un plan de avance para sembrar el terror, asesinando a miembros de las comunidades cristianas y haciendo huir al resto después de avisarles que en un plazo de tres días volverán y no quieren encontrar ni un cristiano ni un catecúmeno», explican fuentes cercanas a la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada.

La última localidad amenazada ha sido Hitté. «A principios de septiembre, 16 hombres llegaron al pueblo e interceptaron a la gente que regresaba de los campos. Mientras unos les obligaban a meterse en la iglesia y amenazaban a los cristianos para que abandonaran sus casas en un plazo de tres días, otros quemaban lo que encontraban por el camino. Hitté ha quedado sin cristianos o catecúmenos», confirman las fuentes consultadas.  Después los hombres armados siguieron su avance a Rounga, que también ha sido evacuada.

«Solo de estas dos poblaciones han huido casi 2.000 personas, que han sido recogidas en una escuela primaria de Ouindigui», detallan. También Titao, otra ciudad cercana, ha estado acogiendo desplazados desde los comienzos de la persecución. Ahora acoge a casi 7.000 víctimas de la violencia y el destierro.

En Titao, la Iglesia católica  por medio de Cáritas se encarga de organizar la ayuda social y pastoral, la atención medica de enfermos y ancianos, además de acompañar a la población que está muy traumatizada. «Es una situación muy difícil de manejar pero que ha traído la solidaridad del resto de la población de Titao, incluso la musulmana, que no comparte el extremismo radical de los terroristas y aporta comida y agua para ayudar a la iglesia local a paliar las necesidades más básicas de los refugiados», relatan.

Las autoridades locales de Titao están conmovidas por la situación dolorosa y dramática que está sufriendo la región. Sin embargo, «los informes a las instancias superiores son acogidos con silencio. No hay respuestas».

Otro gran problema es la falta de colaboración de las Fuerzas del Orden, la Gendarmería y la Policía, a la hora de colaborar para recuperar los cuerpos de los cristianos asesinados, reprochan las fuentes consultadas. «Ponen muchas dificultades para acompañar a recoger los cuerpos y enterrarlos, dicen que no es seguro, así que es muy difícil. En algunos casos las fuerzas de seguridad se han negado. Una vez las hijas de los asesinados se llenaron de valentía y fueron con un triciclo para obtener los cuerpos y poder enterrarlos. Tampoco en Babo ha sido sencillo. Tuvieron que ir de noche con motos a recoger los cuerpos entre dos personas, robaron los cuerpos y los trajeron a Titao. Los cuerpos habían empezado a descomponerse. Después de eso, muchos tuvieron problemas de salud. Todo esto es inhumano», lamentan.

Estas mismas fuentes advierten que «si bien la mayoría de los terroristas son de la etnia fulani (peuls) no se debe estigmatizar a todos los fulani (peuls)» porque hay una fuerza mayor detrás de los atacantes. «Alguien empuja a estas personas a tomar las armas, les da las armas para matar a sus hermanos con quienes han vivido durante mucho tiempo. Y es que aunque hay extranjeros entre los terroristas, la mayoría no son extraños. Son personas que vivieron durante mucho tiempo en la zona, se conoce a su familia, y de la noche a la mañana se han convertido en enemigos de la población. Esas personas están siendo manipuladas», aseguran.

Por eso el primer culpable de la crisis y el aumento de la violencia en el país habría que buscarlo fuera: «Estas armas no se fabrican en Burkina Faso. Sabemos que quienes dan estas armas son compañías internacionales que realmente cuidan solo de sus intereses. Los que suministran las armas desconocen el valor de la humanidad. Pedimos que estas armas sean eliminadas y la paz volverá a Burkina».

En caso contrario, las consecuencias pueden ser gravísimas. «La paz debe llegar de inmediato, de lo contrario pueden empezar las represalias. La gente sabe ‘ese es el que mató a mi padre, o a mi hermano’. Es muy difícil. Después de tanta barbarie se es insensible a la paz. Además la gente lo ha perdido todo y van a perderse también las cosechas, la consecuencia será el hambre.  La situación es crítica. Por favor recen para que Dios pueda tocar los corazones y la paz regrese», aseveran las citadas fuentes.

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Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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