El Ejecutivo socialista no se plantea de momento la desacralización de la basílica

El Gobierno de Pedro Sánchez planea echar a los benedictinos del Valle de los Caídos

El Gobierno de Pedro Sánchez planea echar a los benedictinos del Valle de los Caídos
El Valle de los Caídos. EP

Con la salida de Francisco Franco de Cuelgamuros, este jueves 24 de octubre de 2019, se abre un nuevo capítulo en el que la principal incógnita será qué hacer con el recinto del Valle de los Caídos, y qué presencia deben tener allí los monjes benedictinos. La idea del Gobierno es clara: quiere sacar a los monjes del lugar.

Por el momento, el Ejecutivo en funciones no tomará ninguna medida más allá de la salida del ex jefe del Estado. Pero confían en que un futuro Gobierno constituido tras las elecciones se centre en exhumar a víctimas enterradas contra su voluntad en Cuelgamuros y trabajar en la resignificación del monumento.

La Comisión encargada de definir el futuro del Valle apostó, en 2011, por convertirlo en un «memorial de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista». El futuro de Cuelgamuros no se decidirá a corto plazo, pero entre las líneas que el Gobierno de Pedro Sánchez tiene definidas está, por ejemplo, la reubicación de los restos de José Antonio Primo de Rivera. El fundador de la Falange sí fue un caído en la contienda, por lo que tiene derecho a permanecer en el Valle. Por eso se plantea la posibilidad de que sea reinhumado en una capilla lateral, o en todo caso en una zona no tan preeminente como la actual.

No está sobre la mesa del actual Consejo de Ministros la desacralización de la basílica del Valle de los Caídos, ni mucho menos el desmontaje de la inmensa cruz. Sí se planteará la presencia de los benedictinos en la Abadía.

La existencia de una comunidad religiosa en Cuelgamuros se reguló en función de un Decreto-Ley, con fecha de 23 de agosto de 1957, por el que se establece la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. En uno de sus puntos, se confiaba la custodia de la misma a una congregación, los benedictinos, procedentes de Silos y de la Abadía francesa de Solesmes.

Para echar a los monjes es necesario un replanteamiento del régimen jurídico del Valle, y para ello se barajan, al menos, dos vías. La primera, que Patrimonio Nacional sea el que se ocupe directamente del lugar. La segunda, modificar los estatutos de la Fundación del Valle, y que un nuevo patronato público asuma la gestión, de modo que la presencia de los benedictinos sería innecesaria.

En cuanto al templo, no está sobre la mesa su desacralización, sino que la opción más plausible pasa por mantener la basílica como lugar de culto, pero bajo la tutela de la Archidiócesis de Madrid, que es a la que pertenece territorialmente. El máximo responsable de la gestión del culto en Cuelgamuros sería, entonces, el cardenal Carlos Osoro, una persona con la que el Gobierno socialista tiene un diálogo fluido.

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Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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