La segunda esposa del general Perón no cumple con los requisitos para ser canonizada

Evita no será declarada santa por la Iglesia

Evita no será declarada santa por la Iglesia

Para los peronistas Eva Perón es santa e inmortal. Para la Iglesia católica, no. De manera que la principal central obrera argentina, la Confederación General del Trabajo (CGT), está dispuesta a corregir esa ‘injusticia histórica’ aprovechando que en el Vaticano hay un pontífice argentino que, cómo no, también es peronista, o al menos eso es lo que dan por sentado los seguidores del justicialismo.

En el centenario del nacimiento de Evita, la CGT ha pedido esta semana al cardenal Mario Poli que se inicie el proceso para beatificar a la segunda esposa del general Juan Domingo Perón, paso previo para su canonización. La petición ya se había presentado en mayo de forma informal al papa Francisco.

«A cien años de su nacimiento, superadas dilaciones y divisiones inconducentes para el bien común, cundo su figura y obra han alcanzado el justo valor trascendente que poseen para nuestro pueblo y para todos los pueblos del mundo con sed de justicia, solicitamos que nuestra Iglesia acompañe el sentir popular y la coloque en los altares oficiales para felicidad de nuestros fieles y santos», reza el escrito enviado a Poli, actual arzobispo de Buenos Aires.

«El renacimiento de la Argentina esta cifrado en la recuperación de las fuentes espirituales de la nacionalidad. Y circunstancias únicas nos vuelven a dar esa oportunidad”, añade la CGT.

«El pontificado de Francisco puede alumbrar un camino, si estamos dispuestos a andar las huellas que dejaron nuestros mejores hombres y mujeres», destacan los firmantes de la misiva.

El misticismo sobre la figura de Evita no es nuevo. Comenzó en vida de ‘la abanderada de los humildes’, en el marco del culto a la personalidad impulsado por la propaganda peronista durante los dos primeros gobiernos del general Perón (1946-1955).

Pocos días antes de morir de cáncer de útero, el Congreso la designó el 7 de mayo de 1952 –día en que cumplía 33 años– con el título honorífico de «jefa espiritual de la nación», lo que empeoró las ya malas relaciones del presidente con la jerarquía católica.

Falleció el 26 de julio de ese año y, desde entonces y hasta el derrocamiento del general, el gobierno impuso a todas las emisoras de radio la obligación de que cada día, a las 20:25 –hora del fallecimiento– debían emitir la consigna: «Son las veinte y veinticinco, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad».

Así pues, la santidad de ‘la reina de los descamisados’ ya había sido proclamada popularmente pero quien mejor retrató la mística y el mito fue Tomás Eloy Martínez, que en 1995 publicó su novela, titulada precisamente ‘Santa Evita’, donde hace uso del realismo mágico para describir la huella espiritual que Eva Perón dejó en la sociedad argentina.

Tampoco es nueva la predilección de la CGT por Evita, a quien su marido encargó la interlocución con el sindicato. Tras su muerte y las dos semanas de exequias, el cadáver quedó depositado en una sala de la sede central del sindicato –que sigue en el mismo lugar de Buenos Aires–, donde el médico español Pedro Ara continuaría con el proceso de embalsamamiento y donde el cuerpo sería secuestrado por los militares tras el derrocamiento de Perón.

El pasado 15 de mayo, ocho días después del centenario del nacimiento de María Eva Duarte de Perón, los miembros del consejo directivo de la CGT y una representación de ‘sacerdotes obreros’ hicieron público un manifiesto titulado ‘Eva Santa del Pueblo’ para lanzar la propuesta de beatificación dirigida a la Santa Sede y a Jorge Mario Bergoglio.

«Eva Perón entregó su vida en un mandato providencial que fue la misión de rescate de la dignidad de la persona humana en su sentido más trascendente. Síntesis de una profunda fe en su Pueblo y en Dios que a cien años de su nacimiento continúa estando en el corazón popular y en los altares del pueblo humilde junto a la Virgen María», habían dicho en ese momento.

¿Es posible que semejante solicitud pueda prosperar? ¿Reúne quien fuera la segunda esposa del general Perón los requisitos para la apertura de un proceso canónico? En la Iglesia dicen que no. El hecho de que Evita sea considerada por muchas personas como una mujer muy bondadosa y entregada a los pobres no es motivo suficiente como para ser declarada beata. No basta con decir que se cree en Dios o que se actúa inspirado en los principios cristianos. Hace falta además una práctica religiosa y una ortodoxia doctrinal que ella no tenía.

¿Cómo se llega a ser santo?

Para que una persona sea declarada santa por la Iglesia se requieren una serie de pasos, que en ocasiones han durado incluso siglos. En general, la atribución de milagros (hechos que salen de toda lógica humana) es lo que determina que se dé el salto de un paso a otro.

Lo primero es nombrar a la persona, ya fallecida, siervo de Dios. Esto se produce cuando se presenta a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la persona y la Congregación para la Causa de los Santos dictamina que nada impide que se inicie el proceso canónico.

Entonces, una comisión comienza a recibir testimonios de personas que conocieron al siervo de Dios, analizan sus escritos y se estudian los aspectos de su vida y sus virtudes. Si se aprueba este documento, la ‘Positio’, el papa promulga el decreto de heroicidad de virtudes, y entonces el siervo de Dios pasa a ser venerable.

Continúa entonces el proceso de recogida de datos, y además, y puesto que la gente ya puede acudir a su intercesión, se va elaborando una lista con los favores o las gracias que se le han pedido. Y también algún milagro. Si se certifica la existencia de dicho milagro (mediante exhaustivo análisis de documentación y comisión de expertos), el papa aprueba el decreto de beatificación y el venerable es declarado beato en una ceremonia solemne.

Cabe destacar que el requisito del milagro no se requiere en el caso de que el proceso de canonización sea el de un mártir, la persona que muere en defensa de la fe.

El siguiente paso es ya el de santo. Para ello, se requiere la aprobación de un segundo milagro (aunque el beato haya podido realizar más de uno) que se haya producido en una fecha posterior a la beatificación. El papa aprueba el Decreto de Canonización, y el último paso es la ceremonia solemne de canonización.

 

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